Trabajo mucho, escribo mucho… pero no hace falta que me pagues con dinero (I)

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Cuando escribo para una editorial (ya sea un reportaje o un libro por encargo), lo habitual es que se fije un precio por holandesa (por página de 70 caracteres por 30 líneas). Dependiendo del tema y de la editorial, cada holandesa se puede pagar a una cifra que oscila entre los 50 y los 150 euros. Cuando el reportaje es para una revista, sobre todo si es muy popular, entonces las tarifas pueden multiplicarse por dos o hasta por tres.

Es decir, que haciendo números, finalmente podría obtener un guarismo preciso sobre lo que gano por cada palabra que tecleo en mi ordenador. Es una cifra que, naturalmente, puede ir aumentando o disminuyendo en función de mi reputación o mi popularidad. Con todo, es una cifra que trato de ignorar: así me evito estar continuamente calculando euros cada vez que concluyo un párrafo como éste.

En el caso de los periodistas que perciben un sueldo fijo por mantenerse en una redacción un determinado número de horas, los cálculos resultan más esquivos, pero igualmente se podría hacer una estimación.

Sin embargo… ay, sin embargo todo esto ha cambiado (y seguirá cambiando) con Internet y, sobre todo, con la popularización de blogs como éste, Papel en Blanco, en el que llevo trabajando ya cuatro años. En el mundo hay millones de blogs en activo, donde gente o grupos de gente escriben al menos una vez a la semana, generando millones de palabras a la semana. Si todo ese trabajo se tradujera en un salario que siguieran las pautas anteriormente expuestas, no habría dinero suficiente en el mundo para pagarles.

Así que la mayoría de esos blogueros trabaja sin recibir ni un euro por ello.

Es un fenómeno que también puede observarse en muchos otros servicios de Internet: los editores de Wikipedia, los críticos de productos de Amazon, los que reseñan películas en IMDB, etc. Uno podría aducir, entonces, que dichos productos son de carácter amateur, porque únicamente con un salario justo puede aspirarse a la profesionalidad.

No obstante, la realidad está derribando esta premisa. Wikipedia es la mejor enciclopedia que existe, incluso superando a la mítica Enciclopedia Británica (aunque aún resulte más difícil de leer, como sugieren algunos estudios). Hay blogs periodísticos que son mucho mejores que las columnas de muchos periódicos que remuneran a sus autores. Las críticas de IMDB resultan, para mucha gente, mucho más cercanas y certeras que la de críticos entronados.

Naturalmente, hay mucha basura en Internet. Pero también la hay en los medios tradicionales (algunos de los cuales están profundamente escorados por ideologías, designios editoriales, directrices políticas y afán de generar beneficios contentando al mínimo común denominador del gusto normal o subnormal). No es importante poner en la balanza ambas clases de medios (los gratuitos o los de pago) sino atisbar que lo gratuito no es necesariamente peor. Y que incluso puede ser mejor.

Lo que debe destacarse, en todo caso, es que de repente hay una abundancia de contenidos en un mundo en el que, simultáneamente, no hay suficiente dinero para pagar a esos creadores. En la siguiente entrega de este artículo abundaremos un poco más en esta situación, acaso en busca de alguna posible solución.

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