Cada uno de nosotros poseemos un cierto deje en nuestra forma de escribir, máxime en tiempos en que los ejercicios de caligrafía están arrumbados en el desván de las cosas que huelen a naftalina. Los hay que escriben diminuto, otros con grandes letras. También los hay que escriben como si dibujaran montañas redondeadas o jorobas de camello. Otros parece que imitan las volutas caligráficas de la gótica alemana.
Pero ¿la forma de nuestras letras manuscritos guarda alguna relación con la forma de nuestro cerebro y, en consecuencia, de cómo pensamos?
Algunos de los grandes pensadores de la historia han tratado de descifrar las complejidades de la personalidad humana mediante factores externos evidentes. Por ejemplo, Freud creía que se podía categorizar a las personas según el orificio corporal que les procuraba mayor placer. Francis Galton se fijaban en los bultos del cráneo, como quien estudia la orografía del terreno para comprender la personalidad de sus habitantes. Jung estaba convencido de que la personalidad la determinaba la posición de las estrellas en el momento del nacimiento.
Y de un tiempo a esta parte, junto con los polígrafos que dicen detectar si mentimos o decimos la verdad, ha aparecido un ejército de grafólogos que aseguran poder correlacionar el tipo de letra que tenemos y otros garabatos con algunos rasgos generales de nuestra personalidad, incluso nuestra inteligencia, nuestra salud e incluso nuestros instintos criminales.
Los grafólogos examinan lazos, las “i punteadas”, las “t cruzadas”, el espaciamiento de las letras, inclinaciones, alturas, movimientos de cierre, etc., pues creen que tales minucias de la escritura son manifestaciones físicas de funciones mentales inconscientes.
Muchos departamentos de personal se toman en serio estas afirmaciones: entre el 5 % y el 10 % de las empresas del Reino Unido y Estados Unidos usan de manera habitual la grafología para eliminar candidatos en sus procesos de contratación. (Me pregunto si luego les preguntan la fecha de nacimiento para confeccionarles la carta astral).
Los estudios sobre la utilidad de la grafología no son muy halagüeños. Por ejemplo, el investigador Geoffrey Dean recopiló 16 artículos académicos que estudiaban la grafología en el trabajo.
Comparó las predicciones de los grafólogos sobre el rendimiento de los empleados con las puntuaciones de los supervisores de dichos empleados durante el periodo de formación. Los resultados revelaron que había poca relación entre las predicciones de los grafólogos y el éxito laboral. De hecho, los grafólogos eran tan precisos como un grupo de control de profanos que no tenía ninguna experiencia en grafología.
Pero ¿y fuera del ámbito laboral? ¿Podría decirse, por ejemplo, que yo soy tímido porque mi letra es muy pequeña, casi minúscula? Dean comparó los intentos de los grafólogos para determinar el carácter de una persona con las puntuaciones de esa persona en tests de personalidad con validez científica. Tras revisar 53 artículos, la conclusión fue demoledora:
No sólo era escasa la precisión de los grafólogos, sino que obtenían la misma puntuación que los grupos de control con personas sin formación ni conocimientos para la evaluación de la personalidad a través de la escritura.
Esto me recuerda a aquella anécdota en la que se analizó el grado de aciertos de un adivino (del que omitiré el nombre, si bien es muy popular en España): una persona normal era capaz de alcanzar un grado de aciertos sobre el futuro mayor que el propio adivino.
Vía | 59 segundos de Richard Wiseman

Comentarios
Muchas gracias por publicar este articulo, genial como siempre Sergio.
He tenido varias discusiones con gente sobre la grafología, pseudociencia bastante arraigada en la consciencia colectiva quizás más por desconocimiento que por convicción.
A menudo intentamos conocer cualquier perfil psicológico a través de cualquier medio, sin tener en cuenta los realmente complicados que son los recovecos de la mente humana, los cuales estamos muy lejos de entender a la perfección. Al leer este artículo no he podido evitar hacerme una pregunta Sergio: he observado que tus artículos giran muchas veces alrededor de temas relacionados con la psicología, no se si es porque te resultan interesantes estos temas o porque a lo mejor dentro de unos años seremos colegas de profesión. Existe también la posibilidad de que sea una observación equivocada por mi parte. Discupla si es una indiscrección por mi parte o si puedo ofenderte con mi comentario, en absoluto es mi intención. Un saludo.
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