
Muchos nos dividimos a día de hoy en dos grupos: los que ya hemos visto 300 y los que van a verla. La película, destacada por sus grandes dosis de acción y su exuberante estética, es ya cine de culto. Me parece interesante comparar cómo se adaptado la novela gráfica original de Frank Miller y cómo se ha trabajado para reproducir su personal estilo .
El primer rasgo que llama la atención es la fidelidad obsesiva al icono: cómo se ha utilizado el cómic como storyboard, en un esfuerzo de dar vida a las viñetas. Ya habíamos observado una actitud similar en la adaptación de Sin City, también de Miller, el artista del cómic que mejor está siendo tratado por el cine. Sólo en el caso de Miller el cine se ha puesto al servicio de la novela gráfica y le ha rendido tributo, con la consecuencia de la creación de un lenguaje intermedio, a medio camino de los dos.
Porque 300 es una obra extraña, contradictoria. No parece de este siglo. La fijación de Miller con la antigüedad griega es notoria y marca profundamente su obra. No sólo en cuanto a estética, sino en la composición de sus personajes, propios de la tragedia primitiva. Son seres monolíticos, torturados, obcecados en su destino de guerreros natos. Ya sea en el desfiladero de las Termópilas o en los callejones de la ciudad del pecado, los héroes de Miller asumen estoicamente su deber y se precipitan hasta su destino fatal arrastrándolo todo (sus afectos, su dignidad, su identidad) a su paso.
Es una ética de la renuncia y la violencia la que dignifica Miller. 300 se plantea como la celebración de la libertad frente al dogmatismo, de la razón y la ley frente a la opresión. Sin embargo, es reveladora una de las frases de Leónidas, eliminada en la película: La democracia es para los atenienses, chico. La defensa de la libertad se hace a través de la obediencia incondicional. Los abanderados de la razón son, como buenos soldados, acríticos.
Quien vea la película se dará cuenta de los esfuerzos hechos por limar estas ambigüedades morales. Si hay un mensaje en 300, no han sabido o no han querido verlo, hasta el punto de transformarlo en una historia de amor. Y luego está la polémica etno-política, que parece obligatoria últimamente. Es de creer que los responsables han visto principalmente en 300 una gran historia de acción. Y no puede decirse que se hayan equivocado.
300 es sencillamente épica a la antigua usanza filtrada a través de lenguajes modernos, conservando su contenido ético pero eliminando el religioso. En ese sentido la película resulta, intuitivamente, más cercana al tono de la epopeya. Hay toda suerte de ralentizaciones líricas, en contraste con la estilización del ritmo narrativo de Miller, que recuerdan a los pasajes invocatorios frecuentes en la épica. La violencia explícita, por otra parte, no desmerece para nada las descipciones de Homero y Virgilio: ¿quién no recordará a los guerreros echando los sesos por las narices tras recibir una pedrada? Si se atribuye el éxito de la película a su violencia: ¿no es acaso la Ilíada el primer éxito de masas, transmitido por el medio de la época, la oralidad?
Finalmente, todas las exageraciones monstruosas, grotescas y preciosistas de personajes incluso históricos: ¿no son pura herencia de la tonalidad épica? ¿Qué momento más aterrador en Homero que la aparición de Ares cubierto de sangre y rodeado de sombras frente a Diomedes, o la furiosa masacre de Aquiles – un hombre al fin y al cabo – ante la que huye un ejército entero? El problema es que los “aumentos” clásicos encuentran su lugar en la sustancia mítica del género: la épica es al fin y al cabo cosa de dioses y héroes. Hoy los héroes son cuánto más humanos mejor, y los dioses están razonablemente muertos. La sagacidad de Miller supera, en mi opinión, a la intuición de Zack Snyder: la “desnudez” de su trazo y sus guerreros vence en rotundidad a la cohorte de fantasía impuesta por ogros, reyes de dos metros que hablan como Darth Vader y – maldita sea – rinocerontes de guerra.
Más información I ‘300’ Comparativa entre la película y el cómic, en Blogdecine

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