Ayer fue descubierto en Dinamarca un complot para asesinar al dibujante Kurt Westergaard, autor de una de las viñetas sobre el profeta Mahoma que levantaron en ira a medio mundo musulmán en 2005. Como reacción, los once principales diarios daneses han publicado la viñeta en portada como reivindicación de la libertad de expresión. El periódico que comisionó las caricaturas, el Jyllands Posten, abría hoy con esta editorial:
El aspecto grotesco de las numerosas confrontaciones entre el mundo libre occidental y las fuerzas islámicas antidemocráticas estriba en que su contenido es ridículo. Entre las perspectivas mas sombrías figura que la ‘crisis de Mahoma’ será utilizada en un tiempo previsible como disculpa para numerosas iniciativas mas o menos radicales y para otros planes de asesinato o atentado.
El caso de las viñetas de Mahoma me parece, en sustancia, muy similar al caso El Jueves. En ambos casos el argumento es el de la dignidad ofendida, al que se le añade la razón de Estado en el caso patrio y la llamada a la fe en el danés. Se dice que eran de mal gusto. Y puede que lo sean. De todas las caricaturas de Mahoma (unas simples chistes inocentes, otras de notable calidad artística), la de Westegaard es la más burda: en ella el profeta es un tipo con una bomba por turbante. Como un Jesucristo con metralleta, ole la sutileza. Pero eso no es un delito. Tener mal gusto no está prohibido, ni debe de estarlo. Porque en gustos nunca nadie tiene más razón que otro.
Se sostiene que, aunque las caricaturas no hubiesen sido ofensivas, el hecho de representar a Mahoma es de por sí una blasfemia al Islam. Claro que lo es. Del mismo modo que es una blasfemia en el Cristianismo comer carne los viernes santo o para los judíos celebrar la Navidad. No te ofende quien no comparte tus creencias, te ofende quien te las impone. La “crisis de las viñetas” nunca hubiera surgido naturalmente. Fue una operación cuidadosamente orquestada para inflamar los más bajos instintos de millones de personas, para manipular sus odios y frustraciones. Con la crisis de las viñetas los demagogos y fanáticos de cualquier color aprendieron una gran lección: las viejas técnicas del miedo y la ira funcionan mejor que nunca, multiplicadas hasta el infinito por las tecnologías de un mundo globalizado.
No me gusta la caricatura de Westegaard. Pero eso no importa. Le agradezco que la hiciera, y le agradezco que sea capaz de seguir adelante a pesar del infierno por el que está pasando. El mal gusto es necesario de vez en cuando. Nos libera. Y despertándolo, nos descubre quién es el enemigo de la libertad intelectual. Como nos demuestran los once diarios daneses, ahora respondemos con más determinación, más solidaridad, y más seguridad en lo que tenemos que defender.
Vía | Público

Comentarios
La libertad de expresión es fundamental en una sociedad libre. Por desgracia, siempre habrá quién intente coartarla, este no es un caso aislado y estaría bien recordar a otras víctimas del fanatismo como Naguib Mahfuz, Salman Rushdie o Theo van Gogh, asesinados o amenazados de muerte por atreverse a exponer sus ideas.
Respecto a la viñeta, completamente de acuerdo, es de las peores que salieron en esa época, aunque también es la que más salió en los medios, mi favorita era la de "parad, parad, que se nos han acabado las vírgenes".
Estoy de acuerdo con tan emotivas palabras y además me solidarizo con los dibujantes.