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Siempre he tenido predilección por lo raro, por lo diferente, por lo suprahumano (y lo subhumano), por el cenit y el nadir. En ese sentido, me dejo seducir más fácilmente por un personaje extraordinario femenino que por uno masculino: ser extraordinario en un mundo masculino cuando el sexo no acompaña es una tarea todavía más digna de mención (sobre todo si se trata de independizarse del yugo masculino mediante el desarrollo de tu mente y tus talentos naturales).

Por eso me ha interesado la Lilith de la tradición rabínica, la primera Eva, la que mandó al carajo a Adán y se ciscó en Dios. Peggy Guggenheim, sobrina del coleccionista Solomon Guggenheim, que era una mujer extravagante y revolucionaria. Tallulah Bankhead, fumadora empedernida, bisexual declarada y amiga del alcohol y las fiestas de cuarenta horas ininterrumpidas, a las que comparecía completamente desnuda. La visionaria germana del sigo doce Hildegarda de Bingen. Aphra Behn, dramaturga y espía de la Inglaterra de la Restauración. La escritora mística del siglo XIV Juliana de Norwich. Olympia de Georges, que respondió a la Declaración de los Derechos del Hombre francesa con una Declaración de los Derechos de la Mujer, en la que proponía, por ejemplo, que el matrimonio tuviera una única forma de contrato con derechos recíprocos.

O Margaret Fuller, que en el número de The Dial de 1843 publicó quizá el artículo feminista más radical surgido hasta el momento en América, por el que Edgar Allan Poe declaró entre sardónico y escandalizado que la humanidad podía dividirse en tres clases: hombres, mujeres y Margaret Fuller.

Y por supuesto no puedo olvidar a mi favorita (y también a la favorita de cualquiera que ha convertido la ciencia es feligresía): Hipatia de Alejandría. La protagonista de la novela que nos ocupa: Ágora.

Aunque los trabajos de Hipatia se perdieron en el olvido, se sabe indirectamente que la filósofa y científica contribuyó al saber universal con investigaciones astronómicas y matemáticas de gran calado, como sus estudios sobre las curvas que surgen de seccionar un cono. Algo inaudito para la época… para cualquier época.

Marta Sofía (Madrid, 1977) traza en Ágora cómo pudo haber sido la vida de Hipatia en la Alejandría del siglo IV d. C., y también su ocaso a manos del fanatismo religioso, aquél que arrasó con la biblioteca más importante de su tiempo, de la que Hipatia era fiel amante. Carl Sagan dijo en una ocasión que, si la Biblioteca de Alejandría no hubiera sido pasto de las llamas, la ciencia y el conocimiento en general no habrían sufrido el retroceso que sufrió y ahora, probablemente, nuestro nivel técnico alcanzaría para establecer colonias en Marte.

Una historia sin duda fascinante, la historia de la curiosidad y el anhelo por retirar las sombras de los secretos más íntimos del universo. Sin embargo, Ágora no es una novela original sino una adaptación del guión de la película que recientemente estrenó el director Alejandro Amenábar. Ello conlleva algunos cambios que tal vez no convenzan a los lectores más exigentes: una historia tamizada, apta para cualquier emotividad, tirando a Braveheart o a cualquier otro blockbuster palomitero. O una Hipatia joven y bella (como demuestra la portada, con la deslumbrante Rachel Weitz), cuando se sabe que en el tiempo en el que se suceden los hechos narrados, Hipatia ya era una mujer avejentada.

Sin embargo, Ágora constituye una gran oportunidad para una primera toma de contacto con la historia poco conocida de esta mujer independiente, inteligente, culta, fuera de su tiempo, a la vez que supondrá un complemento interesante para la experiencia cinematográfica.

Al final del libro, además, la autora ofrece un poco de pedagogía e incluye un apéndice astronómico en el que se explican los precedentes científicos que heredó Hipatia y las premisas y conceptos a partir de los cuales desarrolló su trabajo.

Hacia la mitad del libro, como acostumbra a suceder con esta clase de adaptaciones de guiones cinematográficos, un puñado de páginas satinadas y a todo color que ofrecen fotogramas de la obra de Amenábar.

En definitiva, una lectura recomendada para los amantes de la ciencia y la historia y de las personas que viajan a contracorriente y, sobre todo, para los amantes del séptimo arte en general y de Alejandro Amenábar en particular.

¿Quién no ha mirado al firmamento y se ha preguntado cómo funciona el universo? ¿Quién no ha intentado comprender el silencioso baile que esa plétora de astros ejecuta, con precisión, noche tras noche? Muchos han sido los sabios que han intentado escribir el lento compás al que danzan los cuerpos celestes. Muchos lo han intentado y ninguno lo ha conseguido. Hoy comprendo que esa bella melodía no estaba escrita para el oído de los sabios, sino para la sutil percepción de una mujer.

Editorial Booket, 2009
Colección Gran Formato
336 págs.
ISBN: 9788408088066

Sitio Oficial | Ficha en Booket

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