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Decía Woody Allen que la vida es como ese chiste de las dos señoras que están en un balneario y una dice – ¡La comida de este sitio es realmente repugnante! y le contesta la otra - Sí, y además qué raciones más pequeñas. Es una forma de enfocar con ironía, sublime escape, una percepción de la angustia existencial que El desierto de los Tártaros desarrolla sin concesiones, mediante una sucesión de imágenes auténticamente demoledoras que le valieron a Dino Buzzati su obra más universal.

Buzzati nos presenta la vida del suboficial Giovanni Drogo, destinado a la fortaleza Bastiani desde dónde se vigila el confín norte del reino que linda con el “desierto de los Tártaros”. El joven Drogo descubre aterrado los mecanismos internos de la fortaleza en dónde hombres reducidos a autómatas por la rutina del día a día y la disciplina viven obsesionados por la fantasmagórica promesa de gloria a obtener en el asalto que llegará algun día. Pero Drogo se dejará atrapar por ese anhelo así como por la comodidad de una existencia reglada, y consentirá así sacrificarlo todo a la fuga del tiempo.

Es este concepto de la fuga del tiempo uno de los hallazgos más interesantes de Buzzati, una hermosa expresión poética de la relación del hombre con su tiempo a vivir. Buzzati pinta la vida como un paseo en bicicleta que se inicia en un radiante amanecer que parece no terminar nunca, rodeado por lugares familiares y protectores habitados por rostros benévolos.

Con el tiempo el paseo se hace cada vez más solitario, el entorno más extraño, y nos encontramos compitiendo contra los demás por tomar la delantera. Al final, cuando llega el crepúsculo, nos damos cuenta que nos hemos quedado absolutamente solos y que lo mejor que tuvimos, lo que ha quedado atrás, es definitivamente irrecuperable. Esa vertiginosa carrera es la que contemplamos en la persona de Giovanni Drogo, que la recorre entera sin moverse del lugar.

Es la historia de una vida que no es vida, de una derrota salvada quizás por un último gesto de autoconciencia, de superación de los absurdos que nos forjamos como fines de nuestra existencia. A pesar de tratarse de una novela sobre el vacío y el tedio, Buzzati erige en ella un edificio literario realmente evocador lleno de ecos, susurros y vislumbres en la lejanía.

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