'El exiliado de aquí y allá', de Juan Goytisolo

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Y veinticinco años después resucitó, y se encontró en una encrucijada sideral en forma de cibercafé cósmico. Y el Monstruo del Sentier, hecho pedazos un cuarto de siglo atrás por la bomba-lapa de los Maricas Rojos, se acodó al teclado del extraño aparato y decidió revisitar el mundo, con un pie en el más allá y otro en el más acá. Todo al tiempo que se intercambia los e-mails más deplorables que se puedan encontrar en la red, prueba que las nuevas tecnologías sólo han servido para enconar sus pésimos vicios.

La primera impresión que se llevará el Monstruo al regresar al Sentier será la misma que cualquiera que haya leído Paisajes para después de la batalla haya colegido: que sus predicciones se han cumplido con escalofriante precisión. Las barriadas mestizas parisinas ardieron, el terrorismo islamista ha llegado más lejos de lo que nadie hubiera creído, el mundo se ha vuelto una polifonía global ininterrumpida en la que se mercadea con la intimidad/identidad.

Lejos de congratularse con su acierto, el Monstruo que no es tal se siente más perdido que nunca, sin un anclaje para su semivida. Decide que el modo para comprender la situación contemporánea es contactar vía internet con grupos terroristas antisistema. De este modo acaba reclutado por Alicia, un imán fundamentalista con una sólida tapadera de estrella pornográfica travestida, y el Monseñor, que mantiene una red internacional de orfanatos en los que sacia su pedofilia. Juntos traman atentados al tiempo que fingen ser un grupo ecuménico dedicado al dialógo entre religiones y la paz entre civilizaciones.

No vamos a entrar en consideraciones sobre lo adecuado o inadecuado de la sátira en Juan Goytisolo. Quién lo conozca sabrá que esas valoraciones están de más. El autor sólo se compromete con la destrucción, imperativo necesario para crear desde principios puros. Conviene recordar que Goytisolo nunca aporta soluciones, no en la ficción por lo menos. Su trabajo es ofender, mucho y a todos… o por lo menos lo fue, cuando el Monstruo todavía podía decirse vivo al 100% dentro de su mundo de ficción.

Porque el Monstruo que regresa de la muerte es una sombra de sí mismo. Navega por internet desorientado, desubicado y – peor aún – asediado de todos lados. Las señoras le reconocen y le señalan como el ‘tipo que escribía las asquerosidades esas’. Pero es que ni la ilusión de su pederastia epistolar le han dejado, desde el momento en el que una profesora sueca reveló que en realidad todo encubría su deseo homosexual por los mostachudos mancebos del Oriente Medio.

Y ni por esas. El Monstruo se enrola en el Eje del Mal con la esperanza de que Estados Unidos pruebe contra ellos la Bomba Gay, un ingenio que según el Pentágono liberaría unas feromonas que harían sentir a los soldados enemigos una improrrogable apetencia sexual unos por otros. Así pasa las horas el Monstruo, aticipando con deliquio el momento en el que el artefacto estalle entre sus bigotudos compañeros; la bomba-G nunca llega, y él muere una vez más de indignación y de pena.

Esta clase de episodios son los que nos vamos a encontrar, una visión descoyuntada de la realidad en sus aspectos más insólitos y grotescos, a los que se saca punta con una ironía que no ha perdido su mordiente con el tiempo. Goytisolo nos presenta como ideal democrático contemporáneo a un híbrido entre Putin y Berlusconi, dictador mal disimulado por un lado, canalla sin disimulo por el otro. Y ambos en excelente negocio con los supuestos antisistema que les combaten.

Que prediquen la paz o la guerra, las religiones son lo mismo para Goytisolo, catalizadores de poder. Que las violencias sean pro o anti sistema da exactamente lo mismo, se retroalimentan mutuamente. En la realidad alucinatoria del autor gobiernos y terroristas se reunen para planear atentados y garantizar su cobertura mediática ideal. No busquen teorías de la conspiración, que también ellas forman parte de la farsa: también hay palos para el ácido bórico.

El hombre vive bajo el ojo público, sus vergüenzas espiadas, anotadas y distribuidas en tiempo real por internet. Sospechamos unos de otros, acusamos, denunciamos; pero alguien ha sabido sacar provecho de la esquizofrenia, pues sentimos su pulgar sobre el espinazo. El Monstruo entiende que no puede aspirar a mayor comprensión, una vez descubierta al desnudo la mezquindad del mundo, y se resigna a su destino evanescente de muerto.

Es un extraño epílogo el que nos ofrece Juan Goytisolo 25 años después. La constatación empírica de lo que ya anunciaba su penúlrima obra, Telón de boca: que él ya no tiene nuevo que decir. Y El exiliado de aquí y allá se cierra sobre esa misma visión de la nada, tras haber compartido unos fogonazos de lucidez y unas risotadas enfermizas. No esperemos soluciones de Goytisolo, sólo constataciones: él que lo vio venir, él que lo predijo, sólo tiene para ofrecernos munición intelectual para el camino y un balcón con vistas al abismo.

El exiliado de aquí y allá – Juan Goytisolo, 2008
Galaxia Gutemberg – Círculo de Lectores
152 páginas

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