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Portada 'El oficinista'

Como suele pasarme habitualmente, el hecho de que me lea un libro va unido a mil casualidades, algunas inverosímiles. Es el que caso que nos ocupa con El oficinista del argentino Guillermo Saccomanno, que si bien es cierto que me llamó la atención cuando os comentaba que era la obra ganadora del Premio Bibliotaca Breve 2010, hace poco más de un mes, no creía que la iba a leer tan pronto. Y es que estaba a punto de salir de viaje y no me apetecía empezar a leer algo para tener que dejarlo a medias hasta que volviese. Pero es en este punto cuando entro en la librería y me encuentro por sorpresa con este libro, ya que no sabía que fuera a estar a la venta tan pronto.

El caso es que una vez que lo hojeé y me di cuenta de sus poquitas páginas, del tamaño generoso de la letra y de los cortos capítulos, haciendo cálculos, llegué a la conclusión que podría acabarlo antes de marcharme, y eso he hecho, así de fácil. Soy así de raro, todo libro tiene su momento perfecto y este era el de ‘El oficinista’. Teniendo en cuenta todo lo que he dicho hasta ahora, el resultado ha sido bastante positivo. He de reconocer que quizá si la hubiese leído en otro momento me habría resultado mucho peor, pero a mí me ha dado justo lo que necesitaba en ese momento, un entretenimiento sin mucho más que ofrecer.

Hay que recordar que ‘El oficinista’ nos narra la historia de un trabajador con una vida absolutamente gris y rutinaria, en un mundo apocalíptico y que está dominado por la violencia, el odio y lo impersonal de todas las acciones. Justo cuando su vida parece no tener ningún tipo de aliciente entra en escena la secretaria de su oficina, de la que se sentirá inmediatamente enamorado. Así, Saccomanno nos cuenta cómo este hombre ve su salvación en este hecho y cómo observa que su mundo ha cambiado por el simple hecho de haber sentido el amor.

Entrando en profundidad en el libro, hay que dejar claro que éste gira totalmente sobre el amor que siente este hombre hacia su compañera. Pero claro, esto no significa necesariamente que ese sentimiento sea tan positivo como él cree. De hecho partiendo de aquí, el oficinista no hará más que tener un sinfín de pensamientos bastante desagradables incluso, y sólo conseguirá convertirse en un paranoico y un obseso. Aquí sí encontramos uno de los mayores aciertos de Saccomanno, ya que en ningún momento podemos sentirnos identificados con la manera tan extrema que tiene nuestro protagonista de expresar (o más bien pensar) ese sentimiento. Y es que gran parte de la novela se nutre de las ideas y sueños que pasan por la cabeza de nuestro protagonista y en todo momento tenemos la certeza de que a este hombre le falta un tornillo.

Guillermo Saccomanno

Como ya os comentaba, la novela tiene lugar en un entorno totalmente apocalíptico, y aquí es donde encuentro uno de los puntos más flacos de ‘El oficinista’, ya que todo está excesivamente exagerado a mi entender, niños que asesinan masivamente y a diario en las escuelas, atentados terroristas cada minuto, extrema vigilancia por parte del gobierno, calles peligrosísimas, etcétera. Y conste que no es que me parezca mal que sea así, de hecho supongo que esa exageración está más que buscada por Guillermo. Lo que sí me chirría más es la forma de introducir estos elementos en la novela, de manera que nuestro protagonista parece moverse por la ciudad en una suerte de burbuja que lo mantiene a salvo de todos los males que asolan la sociedad. Así, atentarán a escasos metros de él, habrá peligrosos personajes a su alrededor,... pero nunca tenemos la sensación de que se encuentre mínimamente en peligro.

Sí me ha gustado mucho la visión que da de la oficina donde este hombre realiza su labor, ya que siendo también algo exagerada, se parece bastante a lo que nos encontramos cada vez más frecuentemente en nuestras oficinas, donde la mayoría de las veces no dejamos de ser un número y una pieza fácilmente intercambiable llegado el momento. Aquí es especialmente llamativa la relación que mantiene con el compañero de mesa, del que en un principio apenas sabe nada y del que hará mil conjeturas sobre los trucos que hará para sustituirle y echarle de su puesto. Me gusta bastante como está llevada esta relación a lo largo de la novela, pero como siempre no daré detalles que os la estropeen.

Del grupo de personajes secundarios que lo acompañan, destacan sobre el resto la secretaria (obviamente) y su jefe, con el que comparte los mejores momentos de la novela. En cuanto al final, la verdad es que no es ninguna maravilla y puede llegar a ser bastante previsible, pero tampoco queda mal en el conjunto de la novela, simplemente no destaca, ni para bien ni para mal, lo que a veces es de agradecer.

En definitiva, ‘El oficinista’ no es ni mucho menos una maravilla, ni creo que dentro de unos meses recuerde haberla leído, no creo que perdure mucho tiempo en mi cabeza. Lo que no quita que no me haya aburrido en absoluto y que su lectura resulte bastante amena y ciertamente tampoco es para arrepentirse de su lectura. ¿A quién se la recomiendo entonces? Pues a todo aquel que por el motivo que sea, le apetezca leer una novela ligerita, sin muchas pretensiones y que consiga hacernos pasar un rato entretenido sin más. Y la verdad, tal como está la cosa últimamente, te puedes dar con un canto en los dientes con ‘El oficinista’...

Viaja comprimido entre hombres y mujeres atontados por el sueño. Apretado entre ellos no precisa colgarse de un pasamanos para conservar el equilibrio mientras el vagón avanza chirriando a toda velocidad en la negrura del túnel arrancándole chispas a las vías. Entre empujones, balanceos, es un cuerpo entre los cuerpos. Vacas hacia el matadero. Futuras reses. Quizá los guerrilleros tengan razón al atentar contra los subtes: es el método más eficaz para terminar con los que no enfrentan su destino.

Seix Barral
201 páginas
ISBN: 978-84-322-1282-6
18 euros

En Papel en Blanco | Guillermo Saccomanno con ‘El oficinista’ gana el Premio Biblioteca Breve 2010

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