Hace casi una semana que concluí mi lectura del último libro de José Saramago, y todavía en estos momentos no sé bien cómo escribir sobre ella. Él mismo se refiere a El viaje del elefante como un “cuento largo” más que como una novela, quizás sea ese rasgo lo que lo diferencie del resto de sus textos.
El estilo es indudablemente al que nos tiene acostumbrados: fluido, directo, claro y profundamente literario. Leer una sola frase de Saramago es leer el libro completo, parece que las páginas avancen solas, hasta que nos damos cuenta de que ya está, ya se terminó, y le decimos adiós a la contracubierta. Saramago atrapa, y lo hace por su lenguaje, por su forma de narrar lo más simple haciéndolo brillar como si fuera pura magia, y también por lo que cuenta, por esas historias hermosas (Todos los nombres) o descarnadas (Ensayo sobre la ceguera) o reflexivas incluso desde el humor (Las intermitencias de la muerte).
Sin embargo, ‘El viaje del elefante’ me atrapa por la forma (y reconozco que en mucha menor medida que obras anteriores), pero no por el fondo. Me reencuentro con lo sencillo, con el tono humorístico que siempre aflora aunque se produzca a través de la tristeza, con diálogos naturales, frescos, que dicen mucho con pocas palabras, con personajes valiosos que casi no aparecen, y con otros que se acercan al protagonismo (todo sea dicho, en esta ocasión es difícil distinguir a un personaje principal). Me encuentro todo eso pero en una dosis rebajada, diluida, con menos fuerza.
No veo en este viaje tanto como me gustaría ver, no lo leo con la voracidad que Saramago suele provocarme. Las comparaciones son odiosas, sí, pero también terminan resultando inevitables. Si recuerdo otras de sus historias, como las arriba mencionadas, la aventura de Salomón/Solimán (el elefante) se queda muy por detrás. Si dejo a un lado mis lecturas del Nobel portugués y la valoro con independencia a ellas, como si no fuera suya la firma, tampoco alcanza una buena posición en mi memoria de literatura a recordar.
No es un mal libro, en absoluto, ni carece de calidad literaria. Pero lo he leído con menos placer del deseado, con menos vitalidad, con menos corazón. No obstante, Saramago sigue siendo Saramago. Tiene la claridad de las ideas y de la palabra, el amor por las pequeñas cosas que, en el fondo, son las que más importan (aunque las que menos vemos) y, desde luego, la pasión por el camino.
Editorial Alfaguara
270 páginas
Más información | Ficha en Alfaguara
En Papel en blanco | José Saramago

Escribir un comentario
Para hacer un comentario es necesario que te identifiques: ENTRA o conéctate con FacebookConnect