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'El viajero del siglo', de Andrés Neuman

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El viajero del siglo, de Andrés Neuman, fue la obra merecedora del Premio Alfaguara de este año, que el jurado calificó como una novela posmoderna en la que hay un esfuerzo por hacer una novela clásica desde nuestro tiempo. La historia creada por el autor argentino transcurre en la Alemania del siglo XIX, pero es narrada desde la perspectiva (lingüística, literaria, incluso política) del XXI.

Las novelas, ante todo, están bien o mal escritas. Y su vigencia (...) no depende de cuándo tienen lugar sus argumentos. Hay novelas de actualidad que son conservadoras. Novelas futuristas que parecen antiguas. O novelas sobre el pasado que discuten los problemas y el lenguaje del presente. La curiosidad por estas últimas me condujo a escribir ‘El viajero del siglo’.

Lo que Neuman ha escrito es “una novela futurista del pasado, una ciencia-ficción rebobinada”. Nada es real, ni la ciudad donde transcurre el argumento, Wandernburgo, ni los personajes que la habitan. Pero es real, y bien documentado, el contexto que nutre la historia y desencadena cada acción, desde las costumbres sociales de la época a los debates filosóficos y literarios que ocupan gran parte de la narración.

Wandernburgo es definida como una “ciudad móvil” ubicada en algún punto entre Dessau y Berlín. Es esta aparente movilidad la que hace de ella un personaje más de la obra: como Hans, como Sophie, como Álvaro, también ella fluye y cambia; las estaciones la desnudan y la visten, sus habitantes la rechazan y la aman a partes iguales, mientras su centro, sus fronteras, se desplazan mágicamente y hacen caso omiso a los puntos cardinales. Cada día la ciudad es diferente, cada día es más fuerte el deseo de quedarse y la necesidad de irse.

Hans, un traductor nómada, llega a Wandernburgo con intención de pasar una sola noche. Su encuentro con un organillero ambulante (posiblemente el personaje más poético de toda la novela) le proporciona el primer motivo para retrasar la partida. Lo que comienza como una pequeña demora se convierte en una estancia que, sin verse nunca como definitiva, adquiere cada vez más fuerza. Tras el organillero, llega el señor Gottlieb y, con él, su hija Sophie, la dulce, la inconformista, la “fascinante y con carácter” Sophie.

A partir de entonces, ‘El viajero del siglo’ se transforma en la historia de amor entre Hans y Sophie, entre el que siempre se ha ido y la que no se puede marchar, entre el extranjero de provocador atuendo y la mujer cercada por las convenciones de género y sociedad. Un amor que crece, se intensifica y se materializa a partir del arte y del intelecto. Buena parte de la novela transcurre en la mansión Gottlieb y, en concreto, en los salones literarios que organiza Sophie la noche de los viernes. Allí se dan encuentro el profesor Mietter, el matrimonio Levin, la viuda Pietzine, el español Álvaro de Urquijo y el, lamentablemente para Hans, prometido de Sophie, Rudi Wilderhaus. Lo que alimenta la relación entre Hans y Sophie es el rechazo de los convencionalismos (en especial por parte de ella, a pesar de su matrimonio concertado) y la pasión por el pensamiento y la literatura. En cada agitado debate, en cada lectura y, después, en cada traducción conjunta el amor de Hans y Sophie se acrecienta, en lo físico y en lo espiritual.

El foco histórico y político de la novela también se concentra en los mencionados Salones de los viernes; es en ellos donde más patente resulta la reflexión del presente a partir del pasado. La Alemania pos napoleónica que asiste al origen de los nacionalismos y de las alianzas europeístas nos traslada a un siglo XXI marcado por el neoliberalismo, las multinacionales y la xenofobia. Hans es el extranjero que vive intentando irse; Álvaro, un “republicano avant la lettre” en permanente conflicto interno con la patria a la que ansía volver y de la que se siente expulsado; Sophie, una mujer confinada al siglo XIX, a su familia y a Wandernburgo.

Así, dos de las ideas principales que transitan estas más de 500 páginas son, por un lado, la de las fronteras (ya sean geográficas, ya sean las que nos imponemos nosotros mismos de forma constante) y, por otro, la del extranjero:

En realidad es imposible estar completamente en un lugar o irse del todo. Los que se quedan siempre pudieron haberse ido o podrían hacerlo en cualquier momento, y los que se han marchado quizá pudieron quedarse o podrían volver. Casi todo el mundo vive así, ¿no?, entre irse y quedarse, como en una frontera. […]

Lo mejor, dijo Hans, sería ser extranjero. ¿Extranjero de dónde?, dijo el organillero. Extranjero, se encogió de hombros Hans, así, a secas.

No pertenecer a ningún lugar y, al mismo tiempo, no sentirse ajeno. El extranjero en todas partes. Al fin y al cabo, el mundo ya es el lugar.

‘El viajero del siglo’ ha sido mi primera incursión en la literatura de Andrés Neuman y, en vista de lo mucho que he disfrutado en los últimos siete días, no será la última.

Editorial Alfaguara
544 páginas
ISBN: 978-84-204-2235-0

Más información | Ficha en Alfaguara
En Papel en blanco | Andrés Neuman gana el Premio Alfaguara de Novela 2009

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