'Kafka y la Muñeca Viajera', de Jordi Sierra i Fabra

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Kafka y la Muñeca Viajera

Jordi Sierra i Fabra (1947- ) es un prolífico autor dentro de la literatura infantil, de los más respetados dentro del panorama español. Ha escrito más de 300 libros, que abarcan sencillos cuentos para las edades más tempranas, relatos de ciencia-ficción, historias para adolescentes y sus novelas serias, todas estimables en su conjunto.


Con todo ese currículum a sus espaldas, es ahora cuando se puede decir que Sierra i Fabra se ha encontrado a sí mismo. Ha creado la obra maestra que seguramente no esperaba, y ha conseguido que un libro destinado a niños se convierta también en una gran historia para adultos, por su acercamiento a la inocencia infantil (dos palabras que suelen ir unidas por connotación) y el modo en que está escrito.


Y es que Kafka y la Muñeca Viajera es la ternura hecha libro. El autor derrocha ternura y cariño hacia sus personajes de una manera solvente y necesaria para el buen desarrollo de la historia. Una suerte de cuento de realidad-ficción que es capaz de superar las expectativas de todo tipo de lectores.


A partir de un hecho real, Sierra i Fabra lo adorna y lo complementa con una portentosa mezcla de realismo y estupendas dosis de ingenuidad simpática. Se dice que el fantástico escritor checo Franz Kafka (1883-1924), mientras paseaba por el parque Steglitz de Berlín, encontró a una niña que lloraba desconsolada porque había perdido a su muñeca. Para consolarla, Kafka le contó que la muñeca no se había perdido; se había ido de viaje. Él, siendo cartero de muñecas, le traería al parque las cartas que su muñeca le enviase. Ante tal mentira piadosa, Kafka redactó las cartas ficticias con extraordinario esmero e ilusión, según Dora Dymant, la compañera sentimental del novelista en aquella época. Es una experiencia también comentada en la novela Brooklyn Follies de Paul Auster.



Sierra i Fabra pone en boca de Kafka y de la misteriosa niña exquisitos diálogos, y muestra pasajes muy visuales y emotivos. Quizá peca de mostrar demasiado al lector sus labores de documentación (indicando demasiados nombres y lugares para recordar que se trata de la vida del escritor), pero ante todo logra un bellísimo final cerrado que mantiene el nivel preciosista de todo el relato. Acierta al hacer verosímil un lado de Kafka que nadie conoce. El autor de las pesadillescas novelas La Metamorfosis o El Proceso también es capaz de emprender una serie de cartas inventadas con tal de mantener la ilusión de una niña. Resulta además un logro que se planteen hipótesis que concuerden con la realidad, por ejemplo: ¿qué pensarían los demás de sus intenciones con la niña? ó ¿cuándo acabará esto?, que indudablemente enganchan al lector y supone un contrapunto coherente y más maduro con respecto a lo que se narra.


En las páginas finales, a modo de apéndice, el autor reconoce haberse inspirado en un artículo periodístico de César Aira de 2004. En este sentido, es imposible que todo aquel que haya visto la película Amélie (2001, Jean-Pierre Jeunet), no reconozca una analogía entre las cartas que le envía un gnomo de jardín al padre de la protagonista y lo que aquí se cuenta.


En definitiva, nos encontramos ante un libro capital de la literatura infantil y juvenil. No en vano ha ganado el Premio Nacional de 2007 a este respecto. En una edición muy cuidada, con efectivas ilustraciones de Pep Montserrat, la editorial Siruela ha puesto a disposición de los lectores un auténtico regalo, un viaje al pasado, donde las muñecas podían viajar y hablar con sus “dueñas”.


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