
Aunque está previsto que llegue a las librerías a partir del día 18, yo os lo voy comentando ya porque tengo la corazonada de que va a ser una novela muy original. Se trata de Käsebier conquista Berlín, de Gabriele Tergit, inédita hasta este momento en nuestro país, donde viajaremos hasta el Berlín de los años 20. Lo publica Editorial Minúscula y su precio es 22,50 euros en una edición en rústica con solapas.
‘Käsebier conquista Berlín’ comienza con un editor del periódico Berliner Rundschau, que un tanto desesperado, publica a última hora y por rellenar páginas, la historia de Käsebier, un cantautor rubio y gordo… Pero la historia se le va de las manos, y Käsebier se convierte de la noche a la mañana en la más fulgurante estrella del panorama cultural berlinés. Todos, desde amas de casa hasta banqueros, sucumbirán al aura del cantante, iniciándose toda una industria a su alrededor que pondrá en venta desde cigarrillos hasta muñecos, dedicándole incluso un teatro. Sin embargo, la crisis financiera y la tensión política que va en aumento hará que todo cambie.
Gabriele Tergit nació en Alemania en 1894. Estudió Historia y Filosofía y fue escritora y periodista de éxito en la Alemania de Weimar, pero cuando en 1933 las SS irrumpieron en su casa a las tres de la madrugada tuvo que exiliarse a Praga, y después a Tel Aviv, hasta instalarse definitivamente en Londres. Allí ejercería el cargo de secretaria honorífica del centro para escritores de lengua alemana en el extranjero. Moriría en Londres en 1982. Esta novela fue publicada en 1931 como una sátira social y recoge el espíritu de una época que quedó eclipsada por unos más que tristes acontecimientos.
‘Käsebier conquista Berlín’ está publicada dentro de la colección Alexanderplatz, en la que se reúnen novelas y ensayos sobre la cultura alemana, y especialmente en ese periodo de entreguerras que aquí se visita. Os dejo un pasaje de la novela que ha sido lo que realmente me ha impulsado a hablaros de ella. A mí me ha hecho mucha gracia, y si toda la novela sigue por este tono, promete mucho… A mí es que me ganan con nada, oigan…
Fue una velada apoteósica. No acudieron los críticos de variedades, sino los teatrales (...). Lieven saludaba a unos y a otros entusiasmado, en éxtasis. Fue la gran noche de Frächter, porque había sido él quien había convencido al agente Blumentopf para contratar a Käsebier. De no conseguirlo, estaba dispuesto a hacer triunfar a Käsebier en el cabaret. Frächter había sido el responsable de que se invitase a los críticos teatrales y no a los de variedades, lo que suponía una enorme diferencia de cara a la prensa. Las variedades caben en la sección de “local” mientras que el teatro pertenece a la ciencia y al arte, es decir, al “cultural”. Si uno escribe algo en la sección “local” no vale nada, a no ser que sean más de diez los muertos, mientras que en el “cultural” la cosa más nimia se considera importante. Si un crítico de teatro menciona a un artista de cabaret, es que está a un paso de interpretar a Mefistófeles. Según hablen los críticos de variedades o los teatrales varía el rasero. Son matices que Frächter conocía muy bien y que tienen su relevancia.
Más información | Ficha en Editorial Minúscula
En Papel en Blanco | ‘Reencuentro’, de Fred Uhlman

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