'La muerte de Amalia Sacerdote', de Andrea Camilleri

0 comentarios

muerte-amalia-sacerdote.jpgEstamos ante un caso extraño de novela negra. No sólo no hay detectives en ella, sino que aquellos que investigan hacen todo lo posible por no resolver el caso. O mejor dicho, por no resolverlo de la manera equivocada. Estamos en Palermo y Amalia Sacerdote, hija del poderoso Antonio Sacerdote, ha sido asesinada. El principal sospechoso es Manlio Caputo, hijo de un diputado. Y Michele Caruso, director de la RAI, tiene la patata caliente entre sus manos. De lo que diga o deje de decir en su telediario dependerá el verse favorecido o aplastado por una densa red de intereses criminales, políticos, financieros y periodísticos.

La muerte de Amalia Sacerdote, premio RBA de Novela Negra 2008, es como digo una obra atípica incluso dentro de la trayectoria de Andrea Camilleri. No sólo por la ausencia de su comisario de cabecera: No juegues a Montalbano, le pide en un guiño metaliterario un personaje a otro al comienzo de la novela. Y ninguno lo hace, porque a ninguno le interesa hacer justicia sino tener la espaldas bien cubiertas. Es un mundo endémicamente corrupto en el que todos compran y chantajean con lo que tienen, sea poder, información o sexo. Es el mezquino y brutal rostro verdadero de la mafia, despojado de su halo de glamour.

Camilleri es implacable con las estructuras de poder subterráneo en Sicilia, como ejemplo vergonzante del fracaso de la normalización del cuerpo civil en Italia. La trama del asesinato es sólo un pretexto para revelar el gran esquema clientelar que tira de los hilos de la sociedad, vinculando desde los grandes senadores y patricios hasta el último chupatintas de a pie. La investigación procede por lo tanto de una manera únicamente conversacional: por lo que Michele se hace contar, por las órdenes que recibe de oscuros personajes, por lo que deduce de las declaraciones oficiales de doble sentido y por lo que sus periodistas descubren, que él se guarda bien de que salga a la luz.

Este personaje es lo más parecido a lo que tenemos a un protagonista, y la verdad es que excede lo que suele ser común en un antihéroe del género. Es un puro utilitarista que no siente el mínimo rubor en hacer un uso interesado de su posición, como no le sucede a ningún otro. Teme que el redactor jefe Alfio Smecca le esté haciendo la cama para quitarle el puesto, pero al mismo tiempo se acuesta con su mujer y la usa de espía. Hasta que realiza que el espiado puede ser él. Michele está tan integrado en este mundo de conjuras y mentiras que un único detalle nos lo eleva sobre la media: el amor perdurable y sincero que siente por su ex mujer. Hasta que descubrimos que se trata de la hija de un senador con intereses evidentes en el caso Sacerdote y lo vemos claro: el amor es otra soga que esta perverso sistema le pone a Michele al cuello.

Conviene advertir que La muerte de Amalia Sacerdote puede no ser una lectura fácil. La acción y el movimiento están reducidos al mínimo, y la narración avanza como hemos dicho a través de conversaciones en las que a menudo cuenta más lo que se implica que lo que se dice. Si además se tiene tendencia a confundir los nombres italianos es probable que nos perdamos en algún momento, más aún teniendo en cuenta las ramificaciones que adquiere la trama. La descriptividad es prácticamente nula: ni una imagen de Palermo, de un plató o de un restaurante, solo unos pocos rasgos fisionómicos y conversación pura y dura. Por el otro lado disfrutamos del peculiar estilo socarrón de Camilleri:

Pasaba por ser un hombre brusco que decía siempre lo que pensaba. Pasaba, porque pensaba según le convenía en aquél momento, no porque estuviera convencido de ello.

La muerte de Amalia Sacerdote es una novela en la que el asesinato no le importa a nadie, ni siquiera a los más allegados: lo que importan son los réditos que se puedan sacar de él. Construida por Camilleri a partir de noticias seguidas en la prensa, es una radiografía social ante todo de un mundo librado a sí mismo por hipocresía y cobardía. Un mundo perfectamente real, por otra parte, que intenta acallar las voces que lo denuncian como en el caso de Roberto Saviano. Esta última obra de Camilleri no es perfecta como novela negra, pero sí enormemente necesaria.

En Papel en Blanco | Andrea Camilleri gana el II Premio RBA de Literatura Policial, sin Montalbano

Votos 0 ¡vota!
Anunciate aquí
Anunciate aquí
Anunciate aquí

Destacados

Especial Navidad 2009  Papel Banner

Lo mejor en los últimos 15 días

Anunciate aquí

WSL Weblogs SL