Mujeres de Manhattan: ¿más Sexo en Nueva York?

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Acaba de publicarse Mujeres de Manhattan (Lipstick Jungle), de Candace Bushnell, la autora que se aferra a su éxito como creadora de Sexo en Nueva York (“Sexo en la ciudad” en Hispanoamérica, Sex and the city en el original), que dio lugar a la conocida serie televisiva. Este es el primer lanzamiento de la nueva editorial del Grupo Planeta, Esencia (¿se puede crear una página web más rosa?), especializada en literatura romántica.

Desde luego, el título de la obra no presagia demasiada originalidad, antes bien, y sólo hace falta echarle un vistazo a la sinopsis para darse cuenta de ello, parece un calco de la próspera fórmula de Sexo en Nueva York, como ya hizo la autora con su obra 4 rubias. En el mismo espacio, tres mujeres de éxito, obsesionadas por el poder y el dinero, luchan por ascender en su vida profesional sin que la personal, que tampoco es muy serena, se resienta. Ya me lo veo venir… Parejas que van y vienen, noches de insomnio pensando en Gucci o en las espaldas del mozalbete de turno a partes iguales, cotilleos, envidias, rubias impecables…

En fin, una especie de Bridget Jones coral, mujeres independientes pero no demasiado, frágiles, insatisfechas, aunque sin preocupaciones por la celulitis. ¿Aportará algo de nuevo esta obra? Probablemente no, pero si sigue vendiendo como hasta ahora, Candace Bushnell nos sorprenderá próximamente con algo similar a “5 damas en Wall Street” o “Neoyorquinas desesperadas”.

Por cierto, desde este enlace podemos entretenernos con el primer capítulo. Y en no demasiados párrafos conocer a las tres protagonistas que ya aparecen perfiladas (más allá de sus labios y sus ojos) psicológicamente con la profundidad de una lentilla.

Victory Ford, diseñadora de moda, Wendy Healy, actriz y Nico O’Neilly, redactora jefe de una revista, son exitosas mujeres que aparecen en la lista de las más influyentes de la ciudad y rondan los 40 años. Ellas, junto a otros personajes que parecen igualmente sacados de Rebelde Way, nos dejan perlas como éstas en el primer capítulo:

Aunque no estaba dispuesta a admitirlo ante nadie, Wendy era bastante supersticiosa y, en honor a Victory, se había puesto sus bragas de la suerte: unas bragas blancas de Fruit of the Loom, dadas de sí y bastante gastaditas ya, las mismas que llevaba el día en que por primera vez una de sus películas recibió una nominación a los Oscar, ya hacía cinco años.

—Pensaba que acabaríamos por encontrarnos —prosiguió con su historia— y que entonces podríamos… Bueno, ya sabes —dijo, encogiendo los hombros en un gesto sensual—. Bueno, es que te conocí y me gustaste, ¿sabes? Y tampoco hay tanta gente que me guste, o sea… conozco a un montón de gente, pero tampoco es que me gusten mucho.

—En parte, ser mujer consiste en contar mentiras, ¿no crees? —prosiguió Victory—. En convencerte a ti misma de que quieres las cosas que la sociedad dice que debes querer. Las mujeres creen que la supervivencia se basa en el conformismo, pero para algunas de nosotras, el conformismo significa la muerte. La muerte del alma. El alma —dijo— es algo muy valioso y, cuando se vive en una mentira, dañas tu alma.

Victory, que seguía soltera, sabría cómo manejar el tema, porque seguramente se encontraba muy a menudo en situaciones como ésa, pero Nico llevaba catorce años casada con el mismo hombre, y cuando una pasa tanto tiempo con el mismo, pierde toda capacidad de enfrentarse a las situaciones románticas con otros hombres.

Vía | Terra
Más información | Esencia Editorial, Candace Bushnell (inglés)

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