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Voy a ser sincero, quizá demasiado: la primera impresión que tuve al sostener entre las manos No te supe perder, del sevillano Salvador Navarro, fue: Oh, no, el típico culebrón de mujer-víctima de la violencia de género que pretende enviar un mensaje políticamente correcto y atonal sobre las relaciones de pareja y el amor.

La portada y la entradilla promocional tuvieron mucho que ver con esta primera impresión. Pero la novela había sido finalista del XIX Premio Internacional de Novela Luis Berenguer, convocada por el Grupo Anaya, y además venía recomendada por un ex compañero de Papel en Blanco. Bien, a veces los premios literarios no se distinguen demasiado de una tómbola cutre de feria, y un ex compañero, por muy leído que sea, también puede tener un filtro estético diametralmente opuesto al mío.

Pero afortunadamente ni las portadas, ni un título que recuerda a tango, ni las entradillas promocionales, ni los premios, ni las recomendaciones de amigos son tan importantes cuando te pones a leer. Y eso hice, ponerme a leer, y aquí también soy sincero: bastaron dos páginas para darme cuenta de que mi primera impresión era equivocada: No te supe perder no tenía nada de convencional. Ni de atonal.

Más aún: estaba ante una voz tan personal y fresca que poco me importaba lo que Navarro me contara: quería seguir leyéndolo. Un lenguaje directo, jalonado de palabrotas y filosofía callejera, que remite a la sordidez de la Beat Generation. Aunque la prosa de Navarro también tiene una extraña eufonía, de modo que hasta la palabra más cruda está donde tiene que estar.

Las situaciones se describen casi de forma aviñetada, como el storyboard de una película, o más bien como tajos de verdad. Unas situaciones en apariencia aisladas unas de otras, pues estamos frente a una novela coral, de personajes, enmarcada en una Sevilla urbana y marginal.

Marga, una lesbiana desnortada; Lucía, una psicóloga capacitada para diagnosticar a los demás pero no a ella misma; y una larga lista de personajes que se cruzan y entrecruzan, y que ponen de manifiesto que designamos como sentimiento amoroso cientos de sentimientos distintos (algunos nada amorosos). Y por encima de todos ellos, Yann, el personaje principal, testigo de los maltratos a los que era sometida su madre por parte de su padre, que a su vez funciona como nexo entre el resto de personajes de la novela.

Hay un artefacto fascinante, de nombre no menos fascinante (Acelerador Gran Louvre de Análisis Elemental, AGLAE). En esencia es un cañón que propulsa núcleos de átomos a 50.000 kilómetros por segundo sobre la obra de arte que debe analizarse. Cuando la obra es bombardeada por el haz de protones, emite ondas (rayos X) características de sus elementos constitutivos. Es una técnica nada destructiva, pero muy esclarecedora.

Una herramienta similar emplea Salvador Navarro cuando describe a sus personajes, y lo que deja al descubierto eclipsa al resto. El autor rasca la superficie de los personajes y se desprenden miserias, que son los elementos constitutivos de todos nosotros, por mucho que Walt Disney se empecine en decir lo contrario. Así que probablemente no nos sentiremos identificados con ninguno de los personajes en su conjunto, pero si por muchas de sus dudas y padecimientos, porque en puridad todos estamos hechos de la misma pasta.

Porque todos hemos sido invadidos por sentimientos que creímos identificar con el sentimiento amoroso. Ya Ortega y Gasset nos lo advertía, pues popularmente se ha considerado incongruente el conocimiento racional de algo tan volátil e irracional como son las pasiones humanas: su análisis crítico desvirtuaría al sentimiento, lo condicionaría, lo convertiría en otra cosa. Porque el sentimiento debe correr libre y poco importa si es sano o insano, sólo si es díscolo es sentimiento. Y por ello casi todos nosotros no hemos sabido perder a otras personas. Y vamos de aquí para allá creyendo que amamos.

En definitiva, una cruda, crudísima lectura muy recomendable para lectores que quieran una dosis de realidad en vena firmada por un autor que empieza a sonar cada vez más en el panorama literario sevillano.

Marga casi se ahoga sintiendo la lengua de la rubia llegándole hasta la garganta. La aparta, no sin dificultad, haciendo fuerza en sus grandes tetas de silicona; deja la copa en el suelo y sale disparada hacia los baños, recolocándose la camiseta por debajo del ombligo.
Suena escandalosa Mónica Naranjo enredada en un ambiente irrespirable de humo y codazos.

Editorial Guadalturia
Colección Litetaria
424 páginas
ISBN: 978-84-937876-2-2

Sitio Oficial | Ficha en Editorial Guadalturia

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