'¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?', de Georges Perec

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¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?

Quien dice Georges Perec dice “juego”, “divertimento”, “travesura literaria” si se quiere. En ningún caso encontraremos en sus libros un estilo, digamos, “tradicional” (si es que éste existe): Perec juega, experimenta con las palabras, con las frases, con la fonética y, por supuesto, con las historias que narra.

Con su primera obra, Las cosas, recibió el Premio Renaudot y fue aclamado por la crítica como una revelación de las letras francesas; de todos sus textos es, quizás, el menos experimental, si bien ya se aprecia su estilo y ese toque de ruptura, de visión inconforme e irónico-humorística. Un año después, en 1966, publicó ¿Qué pequeño ciclomotor de manillar cromado en el fondo del patio?, que desconcertó al punto de no recibir casi ninguna mención en la prensa. Salta a la vista que el estilo de uno y otro libro es radicalmente diferente: la calma basada en el deseo de opulencia de ‘Las cosas’ choca con la velocidad argumental y literaria que transmite en esta novella en que la comicidad arranca ya en el título.

El argumento, sencillo, desopilante y no falto de un dramático realismo, termina al servicio del lenguaje y sus posibilidades. Con esto no quiero decir que su importancia sea menor, sino que resulta tan apabullante el despliegue de estilo (muchas veces mediante la ruptura) que el punto de partida de la historia se nos queda, dentro de su originalidad, en un lugar secundario.

Lo que se esconde tras tan curioso y extenso título es un pintoresco grupo de amigos que se afanan por ayudar a un compañero de su colega Henri Pollak, cabo furriel provisto de un petardeante pequeño ciclomotor (de manillar cromado), al que van a destinar a la guerra de Argelia. Los diversos métodos contemplados para cumplir dicha meta son debatidos y argumentados (con seriedad para ellos, con hilaridad para el lector) con sus pros y sus contras, pero todos apuntan a lo mismo: imposibilitarlo físicamente. Tras descartar la rotura de un brazo (amenazas de profesionales médicos de por medio), optan por generarle un ligero desequilibrio mental durante el tiempo que dure el examen. Ochenta páginas con inicio, nudo y desenlace.

Es cómica la manera en la que se trata la cuestión, en la que se mueven los personajes, en la que se produce la acción, y lo es, sobre todo, por los juegos literarios de Perec. Nunca sabremos el nombre exacto del personaje al que se debe incapacitar, pues en cada referencia a él (y son continuas) se le modifica el apellido: Karamanlis, Karatoro, Karafón, Karabugaz, Karalelepípedo… Se alterna la jerga con la incorrección fonética y hasta con un diálogo al estilo del Siglo de Oro. Hay continuas acotaciones de autor travieso, como si un colega desatado y locuaz estuviera explicándonos su última aventura con chascarrillos entre paréntesis. Disponemos, incluso, de una pausa casi teatral tras las primeras treinta páginas: “El lector que quiera hacer una pausa ahora, puede. A fe mía que hemos llegado a lo que algunos autores excelsos (…) llaman una articulación natural”. En definitiva, Perec se divierte y, en consecuencia, el lector también.

Tanto divertimento concluye rizándose sobre sí mismo al final del libro, punto en que nos topamos con el

Índice de las flores y los ornamentos retóricos y, más exactamente, de las metábolas y las parataxis que el autor cree haber encontrado en el texto que acaba de leer.

Ni más ni menos que un listado de figuras retóricas (y agudezas varias) con indicación de página incluida. Un año después de publicar este libro, Perec ingresó como miembro del Oulipo, ¡méritos no le faltaban!

No obstante los chistes, la parodia, la “juerga”, al fin y al cabo, que viven sus protagonistas, Perec nos habla de algo serio, trágico y terrible: la guerra. En toda su literatura, envuelta de arte combinatoria (como ‘La vida instrucciones de uso’) o de experimentación lingüística, yace una reflexión profunda, seria y descriptiva de la naturaleza humana.

Imagino la traducción de este texto como una tarea marcada por la dificultad y la locura. Mención, pues, a Marisol Arbués y Hermes Salceda (con la colaboración de Mercé Burrel) por tan valiente trabajo.

En pocos meses he descubierto tres obras de Georges Perec y en cada una de ellas (todas tan diferentes entre sí y, al mismo tiempo, tan profundamente perequianas) he encontrado un regalo literario. Perec es eso, un regalo para las palabras, como Cortázar, como Calvino, mi personal tríada de jugadores.

Editorial Alpha Decay
ISBN: 978-84-936540-5-4
88 Páginas

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