Acostumbro a utilizar tres recursos principales a la hora de elegir lectura: las recomendaciones de amigos lectores solventes, las sugerencias de mi avezado librero de guardia y la sorpresa.
Me gusta dejarme sorprender en las librerías, algo que no siempre proporciona resultados satisfactorios, en cuyo caso busco acomodo para el libro en mis estanterías y emprendo una nueva lectura.
El recurso de la sorpresa me dio buenos resultados recientemente y lo hizo con la novela Sabor a chocolate, de José Carlos Carmona. Hube de vencer reticencias iniciales, toda vez que la portada del libro refería el XII Premio Literario Universidad de Sevilla, universidad donde imparte docencia su autor. Ummm… me dije.
Tardé poco en celebrar la superación de tales sospechas pues entre sus páginas encontré una historia sorprendente sin excentricidades, conmovedora sin sentimentalismo, certera sin austeridad o pobreza. En definitiva, una soberbia novela en el mejor sentido del adjetivo.
Construida sobre una historia de amor capaz de sobreponerse a dos guerras mundiales, ‘Sabor a chocolate’ sorprende en un primer momento por la economía de recursos lingüísticos, un planteamiento distante de las altisonancias frecuentes en aquellos textos que nacen condicionados con el objetivo de la mercadotecnia.
Esa economía precisa de pocas páginas para calar en el lector que, rápidamente, hace suyo, interiorizándolo, el ritmo narrativo. Un ritmo bien dosificado que condiciona, junto al contenido de la obra, el estado de ánimo del lector, pues José Carlos Carmona consigue con su destreza lingüística sumergirlo en la atmósfera de la historia, una atmósfera agridulce en la que se suceden pequeñas victorias y grandes adversidades, importantes logros con imposibilidades derivadas de la vida y sus circunstancias.
Basada en la vida de Adrian Troadec, en ‘Sabor a chocolate’ conviven la pasión por la música con el amor improbable, las miserias de la guerra (referidas tangencialmente) con la intensidad de los sentimientos. Dos continentes y partidas de ajedrez para situar sobre el tablero vital las peripecias de aquel que sabiéndose vencido no se da por derrotado.
Sin duda, una de las principales fortalezas del libro es su progresión, un interés creciente sustentado únicamente en la calidad de la historia hábilmente defendida por su autor.
‘Sabor a chocolate’ es uno de esos libros que se leen rápidamente para, una vez terminado, mantenerlo vigente en la memoria durante largo tiempo. Parte de ello se debe a su acertado final que deja la boca sin aliento pero con un agradable sabor. En mi caso durante semanas.
Otra ventaja, su precio: 7 euros.
Les invito a compartir (creo que no podrán evitar recomendarlo cuando lo lean) este agradable encuentro literario. Yo ya he regalado tres ejemplares.
Quizá usted haya leído ‘Sabor a chocolate’ y quiera compartir con los amigos de Papel en Blanco su opinión.

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