Soldados de Salamina (Tusquets Editores, 2001) es la tercera novela de Javier Cercas, tras ‘El inquilino’ (1989) y ‘El vientre de la ballena’ (1997), y se trata de la obra que le dio fama y lo situó entre los autores españoles más (re)conocidos. Fue descubierta al gran público gracias a un artículo de Vargas Llosa, convirtiéndose en un gran éxito de ventas que ya va por la trigésima edición y recibiendo galardones de la talla del ‘Premio Salambó de Narrativa’. Pero yo, tras haberla releído, me he reafirmado en mi diagnóstico tras la primera lectura: esta vez las musas se equivocaron de ventana.
‘Soldados de Salamina’, cuyo título hace referencia a la famosa batalla entre griegos y persas en el 480 a. C., se ha situado entre los libros de autores contemporáneos que muchos adolescentes tienen que leer en el instituto, pero yo lo conocí en la facultad, concretamente en la asignatura ‘Literatura del s. XX’: es lo que tiene sufrir profesores que no dan la talla. Informándome durante esta última lectura me ha sorprendido ver que el libro ha sido muy bien criticado en el extranjero, pero bien pensado me parece algo lógico: si tenemos en cuenta que fuera de nuestras fronteras la Guerra Civil es vista con desnortado romanticismo, es comprensible que una historia tan ñoña como la que nos ocupe les haya maravillado.
No sigáis si no habéis leído la novela
Javier Cercas se convierte en su ficción en un periodista que se encuentra con una gran historia acaecida durante el avance fascista por Cataluña. Los antifascistas (único nombre correcto en mi opinión, pues no todos eran republicanos o demócratas o rojos entre las filas que defendieron el noreste peninsular), viendo la inminencia del jaque mate, ajusticiaron a muchos presos. Entre ellos estaba Rafael Sánchez Mazas, escritor e ideólogo de la Falange Española (muy cercano a José Antonio Primo de Rivera), que logró escaparse in extremis. Durante la consiguiente búsqueda de los evadidos, un soldado antifascista encuentra al huido, pero no hace ni dice nada, pasa de largo y le permite mantener su escondrijo. Este bellísimo acto de bondad, de misericordia, de fraternidad si se quiere, llega a oídos del periodista (Cercas, en realidad) a través de una entrevista con Sánchez Ferlosio, hijo de Sánchez Mazas.
El semi-ficticio periodista escribe un artículo sobre aquel episodio y entre las respuestas de lectores que recibe, una de ellas, del historiador aficionado Miguel Aguirre, le ofrece más datos sobre el relato. A partir de ahí comienza su obsesiva búsqueda de aquel benevolente anónimo soldado que lo llevará de un personaje-informante a otro sin lograr encontrar el final de la historia: quién era aquel miliciano. Así que aparcó su intención de escribir una novela sobre ello hasta que, en una entrevista con el escritor chileno Roberto Bolaño, éste le pone en la pista de un tal Miralles, un anciano que había combatido en Cataluña (y luego en París contra los nazis y más sitios…). Finalmente lo encuentra en una residencia de ancianos y, tras charlar con él, Cercas nos sugiere que Miralles fue el soldado que le perdonó la vida al falangista Sánchez Mazas, a pesar de que el viejo se lo niega dos veces, eso sí: con una cómplice sonrisa.
De todos modos, Cercas pretende presentarnos un final abierto pero no lo logra, dejándonos un final roto, mal dibujado y apoyado en un recurso tan simple como un “te digo que no pero me da la risa”. He de reconocer que soy tan crítico con el cierre porque ya venía dando cabezadas de incredulidad desde muchas páginas atrás, mosqueado desde un principio con el planteamiento estilístico.
El autor nos presenta un juego entre realidad y ficción que, lejos de convertirse en un ejemplo de realismo, supone una confusión entre dos mundos que, juntos, casi nunca tienen buenos hijos. Y es que entre tanto salto entre lo real y lo novelado la verosimilitud del relato se resquebraja. No me refiero a la historia de cómo Sánchez Mazas lograr sobrevivir ni a lo que cuentan los personajes-informantes (Sánchez Ferlosio, Aguirre, Bolaño…) sino a todo lo que construye Cercas-narrador alrededor de Cercas-personaje: todo ese rollo sobre su infelicidad (abandonado por su mujer porque ya no es ese escritor prometedor del que se enamoró), sus problemas económicos y profesionales… Por no hablar de ese horroroso personaje que es Conchi, la novia pitonisa de tele local del periodista. Todo en ella es anticlimático, desde su irrupción en la trama hasta su aportación. No sé qué sería peor: que esté basada en alguien de carne y hueso y Cercas haya creído que era materia de novela o que sea inventada por él.
Por ahí se pierde Cercas, aunque logra buenos momentos concretos, como cuando el anciano Miralles le pide un abrazo al periodista, por el simple hecho de que lleva mucho tiempo sin sentir el abrazo de nadie. Este detalle me conmovió de verdad y me hizo sentir un rayo de esperanza de que a pesar de que estaba ante una novela realmente mala, Cercas podía esconder un escritor con gran sensibilidad, conocedor de los rincones oscuros de la naturaleza humana, como son la soledad y la imperiosa necesidad de cariño.
Así que al final uno se queda con la sensación de que una gran historia como la de Sánchez Mazas y el soldado que no quiso matarlo ha sido desaprovechada por un escritor que no estuvo a la altura, que mezcla géneros (novela histórica, periodismo, ficción realista…) cuyo combinado sabe mal y deja aun peor sabor de boca y que, incluso, llega a tratar al lector como si, en lugar de estar ante una novela (que es lo que se ha comprado) estuviera leyendo un periódico, en el que todo te lo dan bien mascadito, no sea que te dé por pensar…
Unas últimas palabras sobre Cercas: me siento obligado a decir que considero que es un buen aunque irregular articulista y que lo leo semanalmente en su página del dominical de El País. Por ello, llevo un par de meses pensando en comprarme su última novela, Anatomía de un instante (Mondadori, 2009), ensayo novelado sobre el golpe de Estado del 23 de febrero de 1981 que ha supuesto un éxito de ventas durante el Sant Jordi. ¿Será más de lo mismo o valdrá la pena?
Sitio Oficial | Ficha en Tusquets Editores

Comentarios
Yo me lo estoy leyendo y de momento me esta dejando buen sabor de boca, y eso que yo prefiero la "no ficcion".
Lo que dices es verdad, yo en particular odio la novela "faction" o como se diga, mezcla de realidad (fact) y ficcion (fiction), un termino americano que lo deja todo bastante claro... En una entrevista que vi el otro dia en la tele cercas se reafirmaba en estas mezclas. A mi me gusta la "no ficcion" (ja marina, historia, ensayos) o fantasia pura y dura (anillos, harry potter) directamente. Los terminos medios me desesperan.
La parte positiva es que esta bien escrito y se hace entretenido. Ademas creo que las segunda parte puede ser considerada verdadera en su mayor parte. Pero no estoy seguro del todo. Es lo que tiene.
Comparto tu opinión la he leido y ha pasado lo que a tantos muchas expectativas para luego una novela que no logra cautivar! ya veremos cómo va en esta nueva entrega que has mencionado. Un saludo,
rubencg: qué bien que hables del concepto "faction". Me lo dejé en el tintero porque no me quería extender demasiado.
Cuando una obra insiste en que presenta unos actos al estilo "aunque parezcan mentira, son verdad porque ocurrieron en la realidad" (no digo que sea el caso de este libro o, al menos, no sólo de este libro), algo huele a podrido...
La literatura se basa en la verosimilitud y la realidad no siempre es materia literaria, porque muchas veces lo que ocurre en ella es más increíble que lo que cualquiera puede inventarse.
Hola a todos.
Miguel, sólo quería comentarte que me parece más correcto nombrar a los bandos como nacionales (también se usa rebelde pero no me convence) y republicanos. En mi opinión me parece más acertada que fascistas/antifascistas. Es un poco más confuso ya que quizás generaliza en exceso. Pero tampoco lo considero incorrecto de todas formas.
También dices que la historia es ñoña. No lo niego. Pero el momento del abuelo que le pide un abrazo a mí también me resulta algo ñoño. Quisiera matizar esto. Hace tiempo que leí la novela y sólo recuerdo que me resultó entretenida. Nada más. Por lo tanto no sé como estará contado el momento del abrazo y opino que a veces no es la historia o el momento lo ñoño sino como está escrito. Quiero decir que depende de como esté narrado el momento más que el hecho en sí. No sé si me explico.
Otra cosa: he leído "Anatomía de un instante" y me ha gustado mucho aunque también he de decir que el tema me apasiona de antemano. Creo que es muy superior a "Soldados de Salamina". Y respecto a la verosimilitud he leído algún que otro libro más sobre el 23-F y me ha parecido bastante verosímil ya que todo lo referente a datos y situaciones parece correcto aunque no considero que sea un ensayo en sentido estricto. Bueno, os dejo que ya me he extendido bastante.
Un saludo
Hola czc:
Antes que nada, gracias por tu reseña sobre 'Anatomía de un isntante'.
Sobre lo que decías del nombre de los diferentes bandos: al llamarlos antifascistas no quería caer en darle un nombre a cada bando, simplemente 'antifascistas' me parecía el calificativo más correcto para las últimas fuerzas republicanas en Catalunya, donde había republicanos de izquierda y de derecha, anarquistas, sindicalistas...
Y en cuanto a que lo ñoño no es lo que se escribe sino el cómo se escribe: totalmente de acuerdo.
Teniendo en cuenta sus obras posteriores, puede que a Cercas le sonase la flauta por casualidad, pero a mí, que soy lector de 50-75 obras de ficción anuales, suelen sobrarme dedos en una mano para contar las que a lo largo de un año han logrado fascinarme, y ésta fue una de ellas.
Quizá por no haber tenido aún excesiva repercusión en el momento en el que la leí, no lo hice de un modo suficientemente crítico o a la defensiva, que es lo que uno suele hacer con las obras muy recomendadas, pero eso que gané en placer de lectura, que es mi único objetivo como lector.
En cuanto a poner en juicio, al hilo de la obra, la persona del autor, me parece fuera de lugar pues la experiencia muestra que pocos "artistas", en cualquier género, están a la altura de su arte.
Es un texto fascinante y obsesivo (y con obsesivo me refiero a la naturalidad con que hace entrar al lector en un laberinto donde se difuminan todas las categorías), y justamente por eso, porque es un texto -entramado, textura- no cabe acá hablar de realidad, creo que los que lo leyeron a partir de ese criterio se perdieron, no ya el texto de Cercas, sino bastante agua bajo el puente!
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