En los últimos años, los países asiáticos están dejando huella en expresiones artísticas como el cine, la música y la literatura. China, Japón, Tailandia, empiezan a despuntar y a romper esas barreras que los hacían extraños a los ojos occidentales. Hoy somos muchos los que nos fascinamos ante su peculiar visión del mundo y de cuestiones como la sexualidad, la moral o incluso el suicidio (que por lo visto, en Japón es una práctica que alcanza cifras notables).
Todos hemos oído hablar alguna vez, por ejemplo, de los haikus. Esos breves poemas japoneses que, en palabras de quienes los cultivaban durante el siglo XVII, retratan “simplemente lo que está sucediendo en este lugar, en este momento”. De esta época es Uejima Onitsura, que escribió:
Sueños sin rumbo;
en páramos quemados,
la voz del viento.
Más recientemente, también hemos podido oír la historia de Yukio Mishima, que se suicidó haciéndose el hara-kiri en un cuartel del ejército para mostrar su repulsa ante una sociedad decadente moral y espiritualmente. Su legado quedó recogido en la obra Confesiones de una máscara.
Sin embargo, mi intención no es hacer un repaso de la literatura asiática, porque no tengo el espacio ni los conocimientos necesarios. Mi aportación va encaminada a recomendar tres obras que iniciaron a mi paladar en las letras orientales.
Haruki Murakami – Tokio Blues
Esta fue la primera novela que leí de este autor, que ahora está teniendo un gran éxito entre el público con su obra más reciente, Sauce ciego, mujer dormida, su primera recopilación de cuentos. En Tokio Blues se nos cuenta la historia de Toru Watanabe quien, tras escuchar una canción de los Beatles que hace las veces de magdalena de Proust, recuerda su juventud, su paso por la Universidad y su relación con dos chicas: Naoko y Midori.
La novela desprende emociones a cada página. Al leerla recibes la herencia de un joven sensible que observa el mundo exterior con mirada huraña, que sufre las inevitables pérdidas que acarrea el paso del tiempo; todo ello mientras acaricias la piel pálida y suave de sus dos amantes. Es un retrato pensado para que nos sintamos identificados y, quizá, algo menos solos que su protagonista. Una joya literaria fría y melancólica, aunque no pierde la oportunidad de hacernos sonreír con sutiles muestras de humor.
Chun Sue – La muñeca de Pekín
Se trata de una novela autobiográfica que su autora escribió entre los 14 y los 17 años. A pesar de su juventud, sus inquietudes y experiencias conformaron una obra digna de atención. En ella cuenta los años de rebeldía por los que todos pasamos alguna vez y describe una China de finales de los 90 cada vez más abierta al resto del mundo.
En su caso, las relaciones con el sexo opuesto también son difíciles; no faltan los desengaños, pero tampoco la emoción propia de quien empieza a descubrir a los demás. También está presente su pasión por la música, en especial el punk, una influencia inglesa y norteamericana que ningún régimen ha conseguido reprimir. El texto compila las tripas de una chica que toma la palabra que nadie quiso darle nunca en su vida cotidiana. El reflejo de una chica inquieta que recorre Pekín tratando de buscarse, pero que bien podría haber sido londinense, parisina o madrileña. Una obra cargada de rabia, sensibilidad y sinceridad a partes iguales. Paradójicamente, el libro está prohibido en su país de origen.
Ryu Murakami – Azul casi transparente
Otro Murakami, nacido tan sólo tres años después que Haruki y con el que comparte el carácter generacional y melancólico de sus obras. Hay que decir, eso sí, que la escritura de Ryu es mucho más gélida, como ese ojo de cámara del que hablan los estudiosos. Escribió Azul casi transparente con veinticuatro años, una novela también autobiográfica.
Los protagonistas son un grupo de jóvenes que coquetean con el sexo, las drogas y las relaciones con la misma indiferencia y la misma mirada muerta que ponen los pelos de punta en las películas de terror asiáticas. El estilo es sencillo y directo, sin eufemismos que suavicen ciertas realidades que a muchos no les gustaría conocer. Nada impide, eso sí, que este estilo descarnado resulte irresistiblemente hermoso.
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En Papel en Blanco | Haruki Murakami
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Comentarios
Me apunto "La muñeca de Pekin" no la conocia, las otras dos si me las he leido.
La de Murakami me encantó aunque su siguiente novela "Kafka en la orilla" pese a tener muy buenos pasajes me acabó decepcionando al final.
Ahora mismo estoy inmerso en la lectura de la "gran" novela japonesa, La novela de Genji de Murasaki Shikibu. Por ahora una gozada.
Saludos!
Seguro que disfrutarás con la novela de Chun Sue. Y estoy de acuerdo con tu opinión sobre "Kafka en la orilla". Ahora tengo ganas de leer los relatos que acaba de publicar.