Vuelve Juan Goytisolo con 'El exiliado de aquí y allá'

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juan-goytisolo-publica-exiliado-alla.jpgEsta mañana salí a la calle sorprendido de no encontrar tanquetas en las esquinas y controles policiales en la boca del metro. “¿Pero cómo?, me pregunté, ¿es que no saben que Juan Goytisolo ha vuelto? ¿El traidor, el virus, el mayor terrorista cultural que ha sufrido España, el enemigo jurado de lo decente?” Por la tarde ya me había convencido de que era inútil esperar el bombardeo preventivo americano. Goytisolo ha vuelto cuando sólo le recuerdan los fósiles carpetovetónicos a los que hirió de muerte en su orgullo con la Reivindicación del Conde Don Julián. ¿Quién habrá ahora que le detenga?

Vuelve el Goytisolo más corrosivo, mordaz, letal, cruzando el Estrecho con su legión de engendros a cuestas dispuestos a derramar baba ácida por las aceras. Y para demostrarlo resucita al Monstruo del Sentier, ese oscuro errabundo parisino, cobarde, intrigante y pederasta que protagonizó hace 25 años Paisajes para después de la Batalla. El Monstruo moría en sus páginas finales saltando por los aires por una bomba terrorista; ahora vuelve para comprender los motivos de su muerte, y ello pasa por transmutarse precisamente en sus asesinos.

Vuelve, no podía ser de otra manera, para ponerse en la piel de lo aborrecible, para revolvernos el estómago con dosis inteligentemente administradas de humor bondadoso y maldad sagaz. El narrador de Goytisolo ha sabido ser asesino, pederasta, violador: que se meta ahora a terrorista no nos pilla desprevenidos. Pero quedarse sólo con el dato de que es un cainita redomado convertiría a Goytisolo en un mero provocador. Y la provocación es sólo una parte de su pérfido plan.

La novela no contiene ninguna corrección política. En la creación sólo existe la libertad. El creador es un ser espiritual y también animal como todo ser humano, y eso es lo que llevamos dentro y sale, explica Goytisolo. La libertad como ideal estético supremo, pero ¿cómo evitar que una novela libre se convierta en un evacuadero desbordado de la suciedad interior sin valor literario? Goytisolo se aplica la receta de Nabokov: el estilo ante todo, el estilo que lo salva todo. Cita aquí a Karl Kraus como declaración de intenciones: Que el estilo se adueñe de los rumores del tiempo.

De la mano firme del estilo somos capaces de adentrarnos en lo aberrante o lo grotesco conservando la distancia de espectador. Ese es el secreto de su arte. Goytisolo nos encandila con unos horrores demasiado seductores, demasiado certeros en el lenguaje como para poder rechazarlos del todo por mucha repulsión que nos provoquen. Y sin embargo, con un simple gesto, todo se viene abajo, demostrando que no era más que un castillo de artificios construido con el verbo. Nunca sabemos si Goytisolo hace bromas pesadas o habla en serio, pero lo cierto es que nos ha empujado al fondo del abismo y, sin que nos demos cuenta, nos trae sanos y salvos de vuelta a la orilla, solo cómplices a medias del horror.

Tres son los monstruos a los que Goytisolo se enfrenta en esta novela: el terror, el consumismo y la religión como búsqueda de poder. Su método no satisfará a nadie, por supuesto, pero a estas alturas ya sabemos que el autor no busca adherir sino enfrentar. Su única solución para el mundo es ponerle voz a lo innombrable y obligar a su lector a mirarlo a los ojos, con la esperanza de que del enfrentamiento surja el conocimiento íntimo de uno mismo.

En definitiva, comprended mi estupor al ver a semejante subversivo hablando con libertad en nuestras ciudades. Quizás ya esté perdido: él vuelve con un arma de destrucción (no masiva, sino para la inmensa minoría) y yo sólo pienso en las ganas que tengo de leerla.

Vía | Yahoo! Noticias
En Papel en Blanco | Juan Goytisolo

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