
El tiempo pasa increíblemente rápido y hace ya más de un año que os hablé de Yo maldigo el río del tiempo, del escritor noruego Per Petterson. Desde ese momento tenía muchas ganas de hincarle el diente, y aunque mucho más tarde, al final me he decidido a leerlo, y es que su promesa de una prosa serena y cuidada no se me podía escapar. Admito que eran muchas mis expectativas puestas en este libro, y quizás por eso, el resultado me ha dejado un sabor un poco agridulce, aunque no quiero ser injusto.
Y es que, desde las primeras páginas nos quedamos absortos con la forma de escribir de Petterson: sosegada, con un dominio absoluto del lenguaje y con un ritmo tranquilo. Descubrimos así que estamos ante uno de esos libros extraordinariamente bien escritos, con independencia de la historia que nos cuente. Pero bien es cierto que llegado un punto, el cuerpo te pide ver cómo avanza la historia, y en ningún momento se produce dicho avance. Estamos ante la contemplación de un par de días en la difícil relación entre una madre y un hijo.
Así, en ‘Yo maldigo el río del tiempo’ nos metemos en la piel de Arvid, un hombre de treinta y siete años que ve como su vida empieza a desmoronarse drásticamente. A su madre le han diagnosticado un cáncer terminal, pero además, su matrimonio también se viene abajo y el divorcio es inminente, al descubrir que su mujer ya no le quiere. Y para acabar de arreglarlo todo, el muro de Berlín ha caído, todo un trauma para un comunista ¿convencido? como él.
Con este panorama, le acompañaremos en un viaje a la búsqueda de su madre, ya que ésta, al enterarse de su enfermedad regresa a Dinamarca, su país de nacimiento y que sigue considerando su casa a pesar de llevar cuarenta años en Oslo. Cuando Arvid conoce la noticia y la marcha de su madre, sin saber muy bien por qué, decide ir de inmediato en su busca. Será a partir de aquí cuando empecemos a notar la incomunicación que existe ente ambos.
Y es aquí donde aparece uno de los puntos fuertes de la novela, los flashbacks. Ya que a través de ellos intentaremos comprender qué ha pasado para que sea tan difícil una relación normal entre ellos. De paso iremos descubriendo un poco más la vida y la manera de pensar de Arvid, y obviamente nos encontraremos con decisiones que marcaron a su madre, con especial importancia de sus preferencias políticas.

Hay que reconocer que Petterson tiene una habilidad especial para envolvernos con su escritura, con un tono melancólico y triste que le viene perfecto a la novela. Pero ojo, porque no se ceba en el drama ni exagera absolutamente nada. Estamos sencillamente ante una vida como otra cualquiera, con sus alegrías y sus penas. También me han gustado especialmente los detalles, tanto de las ciudades que visitamos como de las películas o libros que lee en ese momento nuestro protagonista o su madre. Siempre me ha parecido una buena forma de sentirte próximo (o no) a un personaje.
Pero luego está la otra parte, y es que la historia no es que cojee, sino que simplemente a mi juicio queda algo incompleta. No quiero que me lo den todo hecho, y he entendido perfectamente el tipo de novela a la que me asomaba al empezar su lectura, pero un poquito más sí que debería avanzar. Con los flashbacks conocemos a Arvid, pero la trama central no termina de arrancar y no he podido evitar sentir que le faltaba algo a la novela, como si no estuviera completa o no terminara de profundizar en el asunto.
En cualquier caso, ya os aviso que merece la pena ser leída aunque sólo sea para disfrutar de la genial forma de escribir de Per Petterson. Además, ya sabéis que no me gusta desvelar detalles concretos de la historia, pero sí que hay pasajes realmente buenos y esclarecedores de lo que nos quiere contar. De hecho, el resultado global no habrá sido tan malo, porque ya estoy echándole el ojito a la nueva publicación de Petterson en nuestro país, A Siberia, que ha salido a la venta este mismo mes. La verdad es que me he quedado con ganas de más.
Me gustaba llevarlas a las dos en el asiento trasero. Así podían hablar conmigo de lo que quisieran sin tener que mirarme a la cara, y por mi parte me evitaba tener que mirarlas a la cara a ellas, y a veces hasta dejaban de mirarse la una a la otra, y entonces los tres nos quedábamos mirando por las ventanillas, cada uno en una dirección, sin decir una palabra, mientras el coche seguía rodando y todos sabíamos que las cosas no estaban como deberían estar. Las niñas lo sabían, yo lo sabía, y tal vez la que mejor lo supiera de todos nosotros era la que no estaba en el coche, y por eso tampoco participaba en aquellas excursiones.
DeBols!llo
Colección: Contemporánea
216 páginas
ISBN: 9788499087153
Traducción: Cristina Gómez Baggethun
9,95 euros
Más información | Ficha en DeBols!llo
En Papel en Blanco | ‘Yo maldigo el río del tiempo’, la sutileza de Per Petterson

Comentarios
¡¡Oh Dios mío!! ¿Qué ven mis ojos? ¡El nombre de la traductora aparece en la entrada! ¡El apocalipsis está cerca!
Pues parece que no le prestas atención, porque desde hace bastante tiempo aparecen los nombres de los traductores en las reseñas, otra cosa son las noticias de novedades.
Saludos.
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