'Casa de misericordia', de Joan Margarit
Un anciano se asoma a la muerte que tiene la cara de su hija muerta con treinta años. El cántico lúgubre y crepúscular de un hombre al que sólo le queda desandar el camino. Joan Margarit toma la pluma y emprende un viaje a través de las entrañas gélidas y oscuras de la noche. Quiere regresar a la familia que fue, a la hija que murió y a la esposa con la que se quiso. Pero la llave no gira en la cerradura. Los radiadores de la casa están helados. Queda un refugio: la poesía, casa de misericordia para huérfanos de su pasado.
Perdida ella y él también perdido.
Huérfano de su hija en el hospicio
Con los cristales rotos del final de la vida.
Casa de misericordia, Premio Nacional de Poesía, es un poemario discreto y preciso que soporta el peso de una carga sentimental arrolladora. A pesar de lo que pudiera darse a entender, Margarit, catedrático de arquitectura, opera siempre de cabeza y con fidelidad al método. Cita con humor a Voltaire, cuando escribo que lloro no hace falta que llore, para indicarnos que estamos frente a un trabajo intelectual. Es una demostración sostenida y razonada del duelo. La imagen engañosamente frágil del viejo plañidero tiene cimientos sólidos que se enraízan con facilidad en el intelecto y el corazón.
La poesía de Margarit está de vuelta de las vanguardias y del conceptualismo. No busca sepultar sentidos bajo asociaciones libres y arbitrarias. La suya es poesía sensorial y próxima, de ‘manual’. Esto podría sonar a reproche (y para algunos lo será, indudablemente), pero la verdad es que resulta gratificante encontrar de tanto en cuando poemarios que acogen en lugar de fulminar. El lector también necesita en ocasiones de casas de misericordia, poemas sencillos que describen realidades íntimas sin trampa ni cartón.
COMO HE DE CONSTRUIR
Así se titulaba el libro claro,
discreto, donde tantos arquitectos
de mi tiempo aprendieron el oficio.
Su autor esra arquitecto, pero también poeta.
En su Soneto de Joana leo
estos versos terribles e inocentes.
Joana, a quién el mar se llevó un día
hacia la abigarrada y gran América…
Un muro ¿Cómo se apareja?
Y a una hija ¿Cómo se la amortaja?
O ¿Cuál es la pendiente que hay que dar a un tejado?
La muerte se llevó a mi Joana
_ la muerte como un mar de oscuridad _
hacia alguna otra América profunda.
De tanta arquitectura sólo queda
la soledad del muro. Y su fuerza.
Lo miro en este patio donde Joana
sonreía. Ya no he de construir.
El lamento por la hija muerta, el desamparo del padre a la intemperie de la vida, los recuerdos de la infancia y la juventud que regresan como el rebufo de las aguas mansas y profundas que se sienta a contemplar. Y ante todo, la afirmación de la poesía como anclaje por encima de una existencia evanescente.
No es rompedor ni excesivamente complejo, pero es genuino: una puñalada lanzada con mano experta al estómago por la que se cuela un viento invernal. Un consejo: aprovechar la edición bilingüe para leer los poemas originales en catalán. Si no se domina la lengua, como es mi caso, mejor aún: de lo que se trata es de escuchar la música que hace Margarit.
En Papel en Blanco | Joan Margarit, Premio Nacional de Poesía 2008
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El arquitecto de refugios poéticos… En mayo del 2007 pude disfrutar de la presentación que hizo el poeta en la Bilioteca Francesca Bonnemaison. Pocas notas tomé entonces, escuchar era mucho mejor, atender lo que nos decía Joan Margarit. De sus palabras señalé entonces unas que me llevaban al pasado de nuestros mayores pero sin dejar el presente de nuestra sociedad actual:
el analfabetismo hoy día, no es no saber escribir, es no conocerse a sí mismo
Analfabetismo, Parece una palabra de otros tiempos, de aquellas que ya no te señalan y es lejana, como si correspondiese a la calificación de otros pueblos, y realmente aún se siente cerca. Tenemos a nuestro alcance innumerables medios de comunicación, de acceso a la cultura, podemos disfrutar de nuestro tiempo y crecer desde el interior… pero un viento helado nos hace claudicar fácilmente al mínimo esfuerzo, -ya lo hará alguien por mí, habrá una píldora, un ¡clic! desde el mando del placer-; se ha dejado la responsabilidad de uno mismo a la intemperie, huérfanos del saber sin posibilidad de refugio. Sin saber encontrar una casa de misericordia.
Sea ahora la poesía de Margarit refugio, ya que como bien dice: la intemperie, y sobre todo la interior, es mucho peor.
MGJuárez CdP