Probablemente una de las grandes noticias paraliterarias de la semana ha sido el cambio de decisión por parte de los familiares de García Lorca en torno a la exhumación de sus restos, previsiblemente ubicados en una fosa común en un barranco de Granada, donde también estarían inhumados Dióscoro Galindo, Francisco Galadí y Joaquín Arcollasque. El cambio que se manifiesta en el consentimiento dado por Laura García Lorca a la apertura de la fosa, luego de que la nieta del maestro Galindo, Nieves Galindo, introdujera la petición formal ante el juez Baltasar Garzón.
Los descendientes a Lorca han dicho que no les hubiera gustado que se hiciera porque con ello no se cierran susheridas, pero que no pueden impedir que los familiares de los otros asesinados quieran recuperar sus restos. Para el historiador irlandés y biógrafo del poeta, Ian Gibson, con este hecho se abre las puertas para la ubicación definitiva del cuerpo de Lorca. Otro intelectual que celebró la decisión fue José Saramago, quien escribió en su blog:
el espectáculo en que se convertiría el levantamiento de los huesos, razones sin duda respetables, que, si me permiten que lo diga, han perdido hoy peso ante la simplicidad con que la nieta de Dióscoro Galindo respondió cuando, en una entrevista en una cadena de radio, le preguntaron donde llevaría los restos de su abuelo, si acabaran por encontrarse: “Al cementerio de Pulianas”. Hay que aclarar que Pulianas, en la provincia de Granada, es la aldea donde Dióscoro Galindo trabajaba y la familia sigue viviendo. Sólo las páginas de los libros tienen vuelta, las de la vida, no.
A regañadientes o no, bien sea que se dejen en el sitio los restos de Lorca, se trasladen a un cementerio o se le construya un mausoleo, de lo que se trata ahora es de una empresa que va más allá de Lorca mismo. Él se ha convertido en el símbolo de los miles de ajusticiados de la Guerra Civil Española (1936-1939) y ubicar sus restos y echar luz sobre las condiciones bajo las cuales fue asesinado es, para muchos, un acto de justicia con todo el pueblo de España y con el mundo.
Por otro lado, Luis García Montero (quien, por cierto, defiende que los restos permanezcan donde están) ha declarado que:
Lorca representa en Granada a todas las víctimas y Víznar (localidad donde está la fosa) apela simbólicamente a la memoria de todos los asesinados
Apenas falta la decisión oficial y comenzarían los trabajos para la ubicación y posterior exhumación de los restos. La labor, que duraría unos dos meses, sería llevada a cabo por equipos multidisciplinarios de diversas instituciones: La Universidad de Granada brindaría todas las garantías científicas del proceso, a través del departamento de prehistoria, del Instituto de Geofísica y del Instituto de Antropología Física.
Mientras tanto los intelectuales se debaten entre apoyar o rechazar la medida que queda, al final, en manos de los familiares. Los descendientes del poeta granadino lo que piden es que esto no se convierta en un espectáculo mediático y no les falta razón. Para la literatura, sin embargo, nada cambia: el autor de El Romancero Gitano seguirá siendo el más grande poeta de la generación del 27 y el de mayor influencia de la literatura iberoamericana del siglo XX.
Vía | El Universal.mx
Más información | El País
