La última despedida de Alejandro Aura

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Alejandro Aura

Pero lo que de veras me apura es lo otro: el ansia de pensar que la vida hubiera sido otra cosa si me hubiera aplicado. Pero qué le vamos a hacer, nací cabeza de chorlito.

Ayer 30 de julio murió en Madrid el poeta mejicano Alejandro Aura, víctima de un cáncer que lo venía aquejando desde hace más de un año. Su muerte ha dejado conmovido al mundo de la literatura iberoamericana, y en México sus colegas, amigos, familiares y lectores le rinden homenaje a quien fuera uno de los artistas más polifacéticos y activos en la promoción de la cultura y de la literatura.

Alejandro Aura había nacido en 1944 en el Distrito Federal de México y estuvo siempre ligado al mundo del teatro, de la radio y de la poesía. Dirigió talleres en la Universidad Autónoma de México y en la Autónoma Metropolitana (UAM) y en otros sitios tanto de danza, teatro como poesía. Quienes lo conocieron lo describen como una persona muy vital, incquieta, activa y debió serlo ya que participó activamente en las luchas estudiantiles de 1968 y desde entonces siempre tuvo presencia en la vida cultural mejicana: en la radio, en la televisión, en la universidad.

Fue Director del Instituto de Cultura del Distrito Federal y mienbro fundador de El Hijo del cuervo. Entre sus obras poéticas más importantes se encuentran: ‘Cinco veces la flor’,’Varios desnudos y dos docenas de naturalezas muertas’, ‘Volver a casa’, ‘Alianza para vivir’, ‘Tambor interno’, ‘Hemisferio sur,’ ‘La patria vieja’, ‘Cinco veces’ y ‘Poeta en la mañana’. Pero también escribó y publicó cuentos y teatro.

Desde mayo del 2007 Alejandro Aura escribió un blog que es donde compartió con todos el avance de su enfermedad y donde publicaba sus poemas a medida que los iba escribiendo. Resulta especialmente conmovedor volver ahora a sus palabras y leer mensajes que ya nunca podrá responder. Quizás lo haga ahora su esposa Milagros (Aura había estado casado en primeras nupcias con la escritora Carmen Boullosa), quien al comunicar la noticia de su muerte compartió con todos el poema de Aura, Despedida, que me tomo la libertad de repetir acá.

Así pues, hay que en algún momento cerrar la cuenta,
pedir los abrigos y marcharnos,
aquí se quedarán las cosas que trajimos al siglo
y en las que cada uno pusimos nuestra identidad;
se quedarán los demás, que cada vez son otros
y entre los cuales habrá de construirse lo que sigue,
también el hueco de nuestra imaginación se queda
para que entre todos se encarguen de llenarlo,
y nos vamos a nada limpiamente como las plantas,
como los pájaros, como todo lo que está vivo un tiempo
y luego, sin rencor, deja de estarlo.

¿Se imaginan el esplendor del cielo de los tigres,
allí donde gacelas saltan con las grupas carnosas
esperando la zarpa que cae una vez y otra y otra,
eternamente? Así es el cielo al que aspiro. Un cielo
con mis fauces y mis garras. O el cielo de las garzas
en el que el tiempo se mueve tan despacio
que el agua tiene tiempo de bañarse y retozar en el agua.
O el cielo carnal de las begonias en el que nunca se apagan
las luces iridiscentes por secretear con sus mejillas
de arrebolados maquillajes. El cielo cruel de los pastos,
esperanzador y eterno como la existencia de los dioses.
O el cielo multifacético del vino que está siempre soñando
que gargantas de núbiles doncellas se atragantan y se ríen.

Lo que queda no hubo manera de enmendarlo
por más matemáticas que le fuimos echando sin reposo,
ya estaba medio mal desde el principio de las eras
y nadie ha tenido la holgura necesaria para sentarse
a deshacer el apasionante intríngulis de la creación,
de modo que se queda como estaba, con sus millones,
billones, trillones de galaxias incomprensibles a la mano,
esperando a que alguien tenga tiempo para ver los planos
y completo el panorama lo descifre y se pueda resolver.
Nos vamos. Hago una caravana a las personas
que estoy echando ya tanto de menos, y digo adiós.

Vía | El Universal.mx
Más información | El blog de Alejandro Aura
Más información | El país.es

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