Las peores poesías de la historia

7 comentarios

Ya hace unos años, me quedé bastante a gusto con mi artículo La poesía me parece una estafa, donde ponía un poco en solfa algo que parece intocable (los que me leéis a menudo, ya sabéis que es algo que me divierte, tenga o no tenga razón: ¿acaso importa?). Allí, sobre todo, lo que cuestionaba no era tanto la poesía como la rima, el ripio. Cierto que los recursos estilísticos de la prosa y hasta de las obras divulgativas también empañan el mensaje. Cierto que la cadencia de las oraciones puede llegar a ser muy persuasiva, como lo es la melodía de una canción, animándonos o entristecernos sin usar ni una sola palabra. En ese sentido, rima y retórica son herramientas equivalentes.

Pero siempre se me ha antojado la rima un elemento mucho más artificioso que el resto de los recursos que se usan para reforzar la imagen de un texto. Porque la rima busca, sobre todo, disfrazar y desnaturalizar el texto per se, recurriendo para ello a la musicalidad más obvia; siempre demasiado consciente de sí misma. Y ya no digamos cuando hablamos de sonetos y otras construcciones de alambicada métrica.

Dicho lo cual, y quizá para reforzarlo, en adelante os hablaré de las que se consideran los peores versos de la historia... o quizá de los mejores, depende del crítico y de nuestra impostura.

Por ejemplo, Adam Lindsay Gordon (1833-1870) escribió lo siguiente inspirándose en el tema de la guerra:

¡Flash! ¡Flash! ¡Bang! ¡Bang! Entre fogonazos nos movemos,
y el techo gris enrojece y estalla.
¡Flash! ¡Flash! Y sentí su bala arrancarme
un trozo de oreja. ¡Flash! ¡Bang!

William Wordsworth intentó explorar las posibilidades de una poza:

La he medido de lado a lado;
tiene tres pies de largo y dos de ancho.

Mientras que a John Bidlake le movía la compasión por las verduras:

La perezosa zanahoria duerme en la cama,
el guisante lisiado, solo por no poder ponerse en pie.

El peor poeta norteamericano probablemente sea Julia Moore (1847-1920), la “dulce rapsoda de Michigan”, de la que Mark Twain incluso dijo que su primer libro le proporcionó diversión para veinte años. Sus temas favoritos: el gran incencio de Chicago y la epidemia de fiebre amarilla y, en general, cualquier muerte violenta. Su fórmula era siempre similara a ésta:

¿Conocen el terrible destino
de don P. P. Bliss y su mujer?
Relataré su fallecer
y el de otros fallecidos
en el desastre
del puente de Ashbula,
en el que tanta gente se nos ha ido.

El diccionario nacional de biografías inglés señala que la obra del poeta George Wither “destaca sobre todo por su volumen, su fluidez y su uniformidad. Por lo general le faltan cualidades literarias auténticas y cae a menudo en la estupidez ripiosa.” No en vano, en su poema Amé a una moza podemos leer la siguiente estrofa:

Llamábame “cariño”
y, oh, sí, también me besaba
pero, ahora, ¡ay, dolor! me ha dejado
tranlará, tranlará, lará.

Sin embargo, tal y como explica Stephen Pile en El libro de los fracasos heroicos, a Whiter le sirvió de mucho ser tan rematadamente malo:

En 1636 la vida del gran poeta se vio amenazada cuando fue capturado por los partidarios del rey durante la guerra civil inglesa. Cuando sir John Denham, el poeta, oyó hablar de la inmimente ejecución de Wither, acudió ante el rey y le rogó que le salvara la vida. Cuando le preguntó cuáles eran sus razones, sir John contestó: “Porque mientras viva Wither no se me considerará a mí el peor poeta de Inglaterra.

Si hablamos de poetisas, la más ridícula, a jucio de Samuel Pepys, es Margaret Cavendish, duquesa de Newcastle, cuya obra, en 1667, fue definida por Pepys de esta forma: “la cosa más ridícula que se ha escrito en la vida”. Su método consistía en dictar en medio de la noche a unos criados apostados a tal efecto en tiendas de campaña en la antecámara. Y dictaba cosa como “¿Qué es líquido?”:

No podemos llamar líquido a todo lo que fluye
o fuego y agua serían lo mismo
Pero el líquido es húmedo y mojado,
y el fuego nunca puede tener esa propiedad.
Luego no es el frío lo que apaga el fuego,
sino la humedad lo que lo hace morir sin duda.

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Comentarios

  • 1

    Avatar de nbrevu !

    Esto me ha recordado un poco a una escena de la 4ª temporada de Blackadder, en la que Baldrick compone una poesía sobre la guerra. Era algo así:

    Bum, bum, bum, bum. Bum, bum, bum, bum. Bum, bum, bum, bum. Bum, bum, bum, bum.

  • Respondiendo a #1:
  • 2

    Avatar de Sergio Parra !

    Qué grande es Blackadder.

  • 3

    Avatar de augustbecker !

    Amigo Sergio, lamento comunicarte que todos tus ejemplos no me sirven para nada. Están traducidos del inglés, y la poesía es algo básicamente intraducible: se pierde el ritmo, la música, el aroma de las palabras. En cuanto a la rima, fue algo sustancial de la poesía durante siglos (antes, en el latín clásico, lo fue la medida de las sílabas). Ahora no lo es. Pero siempre ha de haber algo: cierto ritmo, cierta musicalidad y, sobre todo, cierto aliento mágico que los que no han nacido magos, quiero decir, poetas, nunca podrán captar.

  • 4

    Avatar de Mauricio Hinostroza Manriquez !

    Son bastante limitadas, malas, no sé, luego de pasar por todas las vanguardias y sobrevivir no sé si algo puede llamarse malo en poesía. Por otro lado estoy de acuerdo con que la poesía es intraducible, pero vamos, no hay que ser talibanes tampoco, a modo de ejemplo está bien. Por último, me extraña lo de Wordsworth, yo lo veo (o lo quiero ver) más como un juego infantil que como un intento serio, me cuesta pensar que alguien que compuso tan grandes y bellos poemas escribiera algo así en serio.

  • 5

    Avatar de ariasdelhoyo !

    Justo anoche estaba comentando con mi mujer, que en pocas ocasiones me ha atraído la poesía. Alguna cosa puntual, sobre todo que tenga rimas elaboradas, nada de poesía moderna donde la musicalidad es la misma que si arañas con un tenedor una pizarra. Pero creo que el problema está en que cuando se vende la poesía, se vende como algo muy culto, muy elevado, que hay que tener un elaborado gusto para llegar a comprenderlo. Y me parece que ejemplos tenemos en castellano para desmitificar la poesía, Quevedo sin ir más lejos. Creo que habría que venderla como lo que es, un entretenimiento del alma, como puede ser la pintura, la escultura, el cine, y no píldoras de tesis doctorales de filosofía.

    Dicho todo esto, recuerdo a Ahmed, el guía que tuve en un viaje a Egipto, una noche en la cubierta del barco con el que recorríamos el Nilo. Me dijo, una de las poesías que más me gusta es de un español, Manuel Machado, se llama "Oriente, Flores".

  • 6

    !
    | 1 estrellas

    COnsidero que criticas cosas de la poesia que tu mismo haces...! o por como te expresas,aburre! lei dos partes y ya al igual q la poesia de hoy dia,muchas palabras confusas,la poesia deberia ser sencilla,bonita,q transmita algo no nada mas palabras que para algunas personas se hace extrañas...! Critica con sencillez y vive con sabiduria ;)

  • 7

    !
    | 1 estrellas

    ¡¡Jajajajajaja!! ¡Qué maldito Mark Twain! Es todo lo que tengo para decir ya que: Soy un tubérculo aletargado, que posado sobre su silla, contempla quieto el artículo, por tener cebo.

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