El 30 de octubre de 2010 se cumplirán 100 años del nacimiento de Miguel Hernández, el “poeta de la tierra”, el primero por el que yo me acerqué a la poesía. Cuando están a punto de comenzar los homenajes a su figura, se abre la caja de Pandora y salen los demonios del legado. A la disputa en torno a Rafael Alberti, Vicente Aleixandre o la tan debatida en las últimas semanas de Franz Kafka, se le une ahora la del autor de las Nanas de la cebolla, fallecido mientras cumplía una condena de treinta años (pena de muerte, en un primer momento) en marzo de 1942.
Precisamente hoy tendrá lugar la Comisión Nacional del Centenario, presidida por los Reyes e integrada por el Gobierno central, el autonómico de Valencia, los ayuntamientos de Elche y Orihuela –ciudad natal del poeta–, el Instituto Cervantes y varias universidades. La situación actual es que ni siquiera la recién creada sociedad Orihuela 2010 puede enmarcar los actos que están preparando dentro del “centenario Miguel Hernández”, pues la familia les ha prohibido utilizar el término (en su defecto, tienen que referirse al “año hernandiano”).
En 1982, la viuda del poeta, Josefina Manresa, cedió la obra y los bienes de Miguel Hernández al Ayuntamiento de Elche, a cambio de un acuerdo por el que éste se comprometía a pagarle 50.000 pesetas mensuales y a cubrir la educación de sus nietos hasta el final de sus estudios universitarios. Según la familia, esto nunca se cumplió. A la muerte de Josefina en 2002, su nuera, Lucía Izquierdo, se hizo cargo de todo, prorrogando dicho acuerdo por siete años más a cambio de 108.427,94 euros anuales.
La cercanía del centenario puso en marcha la renegociación y, por ende, la subasta. Como es habitual en estos casos, la Biblioteca Nacional ha hecho una valoración de los bienes del poeta de 2,1 millones de euros, que no ha satisfecho a los familiares (aparentemente piden tres veces más); mientras, la alcaldía de Elche ofrece 3 millones, y hay versiones contradictorias sobre si el Ayuntamiento de Orihuela también tiene interés en atesorarlos. Por otro lado, el Centenario Miguel Hernández S. L., sociedad que representa los intereses de la familia, asegura que existen más partes implicadas.
No parece claro que la familia esté dispuesta a vender; mientras los ayuntamientos desean adquirir el “lote” completo de una sola vez, los herederos prefieren seguir con el método del depósito:
Estamos dispuestos a negociar con las instituciones que acepten el legado en depósito con garantías de mejor conservación y respeto al poeta.
A la disputa en torno a estos 1.200 folios manuscritos y a los objetos personales del poeta se le añade la problemática de la reproducción de las obras ya publicadas, debido a los excesivos royalties que reclama la familia (caso similar al de Alberti). El asunto parece haberse radicalizado desde el momento en que la gestora Centenario Miguel Hernández S. L. se hizo cargo de todo. A partir de su llegada, nos apartamos. Deseo que el centenario llegue a buen fin. Lo único que me preocupa es engrandecer la figura del poeta, comenta el político Alfonso Guerra.
Lo único que parece seguro es lo aprobado hace tres años por la Sociedad Española de Conmemoraciones Culturales: un congreso, una exposición en la Biblioteca Nacional y una reedición de las Obras Completas en Espasa. En el camino ha quedado un documental impulsado por el propio Guerra, que ha visto como la Sociedad para el Centenario Miguel Hernández, SL. ha preferido concentrarse en un proyecto cinematográfico “made in Hollywood” con el rostro de Johnny Depp que, hasta el momento, no ha logrado ningún apoyo.
Rogelio Blanco, Director General del Libro, ha declarado:
Se hará una gran exposición en la Biblioteca Nacional, con un gran catálogo, y esperamos que la familia tenga un sentido ponderado y favorezca la edición y la divulgación de su obra. Hay grandes editoriales dispuestas a hacer un trabajo excepcional. (...) Va a ser un ‘tsunami’ cultural, quien se empeñe en poner palos en la rueda, fracasará.
En fin, revuelve un poco el estómago que nuevamente el dinero se interponga en el recuerdo, la divulgación y el conocimiento de un poeta de la talla de Miguel Hernández. Poeta que, por cierto, escribió las ‘Nanas de la cebolla’ para un hijo recién nacido al que su esposa sólo podía alimentar con jugo de cebolla, tal era su pobreza.
Vía | El País
En Papel en Blanco | La disputa por las herencias, ¿A quién pertenece el archivo secreto de Franz Kafka?, La disputa por la herencia de Stieg Larsson

Es una pena que un evento tan esperado por muchos, y que supondrá el redescubrimiento para muchos de la obra de uno de los poetas más desgarradores e influyentes para muchos lectores, jóvenes y no tan jóvenes, se vea impregnado por esta polémica. Entristece mucho ver como, por ejemplo, en la versión online de EL PAIS han dedicado un artículo a esta disputa carroñera, y todavía ninguno a la figura del poeta en sí (aunque no dudo que lo harán llegado el centenario, pero esta primera aproximación ya le deja a uno una predisposición un tanto negativa, ¿no?
en fin...
"Muerto mío, muerto mío. Nadie nos siente en la tierra donde haces caliente el frío" (Miguel Hernández)
Es inaudito y penoso que los descendientes de este gran poeta se crean con el derecho de preservar al mundo de su magnífica obra por temas puramente económicos. Qué sociedad tan deshumanizada. Pere Gimferrer dijo que "un escritor es personaje público en la medida en que acierte a encarnar en la propia obra una respuesta a las interrogaciones que cada individuo, en un momento social dado, se formula acerca de sí mismo y del sentido de su existencia cotidiana..." Esa es la esencia del escritor, del poeta, por tanto, su obra tiene que quedar ahí plasmada para el disfrute de todos. La poesía no se puede dar a cambio de dinero.Qué sociedad tan deshumanizada, insisto. Lo mismo ocurre con la exhumación de los restos de García Lorca, tan inaudito y penoso también que una persona que fue fusilada por los fascistas y tirado bajo las tierras de un barranco no vaya a ser desenterrado por deseo de su propia familia... Como persona se merece un entierro digno y como el más grande poeta se merece que todos tengamos un lugar donde poder ir a llorarle y admirarle. Estos descendientes del siglo XXI han perdido todos los valores y calidad humana.
"No podrá con la pena mi persona circundada de penas y de cardos. ¡Cuánto penar para morirse uno!" M.Hernández
Un saludo
Pienso que una obra como la del poeta Miguel Hernández no puede ser considerado un botín, o tener este desagradable tratamiento, por la ambición de su familia principalmente. Lo importante es difundir su voz inmortal, su obra, ya que es un patrimonio cultural no sólo de los españoles sino de todos que han disfrutado su voz poética. Saludos desde Lima:-)
Estoy de acuerdo con vosotros, chicos. Respeto que sus herederos tengan derecho a preservar determinados aspectos en relación al poeta, pero no que sólo por el espíritu de sacar "la mayor tajada posible" entorpezcan e impidan la difusión de sus versos. El caso de Rafael Alberti es similar y quizás más alarmante por el tiempo que hace que se arrastra. Resulta triste, y hasta indignante, que no los podamos homenajear como merecen(con ediciones y reediciones especiales, actos, etc.) porque los cheques no tengan los ceros suficientes.