Palabras sin significado que todos podemos entender (I)

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Existen palabras que, de mucho repetirlas, acaban por desprenderse de su significado. Por ejemplo, “cuchara”. Probadlo. Al final la palabra ya no estará tan fuertemente asociada al objeto que todos entendemos como cuchara, sino que será algo así como una sucesión de fonemas sin sentido.

También existen palabras que, desde un primer momento, ya no tienen significado, pero que son ampliamente usadas; e incluso fácilmente entendibles por todos. Un ejemplo de ello son las jitanjáforas: palabras que se suelen emplear en el ámbito poético pero que de buen seguro no figuran en ningún diccionario. Su creación se basa exclusivamente en que suenan bien.

La mayoría de nuestras necesidades diarias para entendernos con los demás queda cubierta con un vocabulario relativamente reducido, del que, sin embargo, obtenemos un gran rendimiento.

Por ejemplo, el término “poner” puede proporcionarnos un gran abanico de palabras cuando lo combinamos con distintos prefijos: anteponer, componer, contraponer, deponer, disponer, exponer, imponer, reponer, etc. O con toda una serie de términos emparentados con ellos, como disponible, composición, etc.

A la vez, gran parte de la significación de un término ha sido establecida por la combinación de diferentes tipos de palabras, cuya variación está sometida a unas reglas más o menos fijas: Yo (pronombre personal) debo (verbo auxiliar) lavar (verbo principal) el (artículo) coche (sustantivo).

Puedo reconocer estos tipos de palabras aunque no conozca el significado de los sustantivos, verbos y adjetivos.

Lo podéis comprobar con la traducción española de un conocido poema inglés carente de sentido (primera estrofa):

Brillaba, brumeando negro, el sol; agiliscosos giroscaban los limazones banerrando por las váparas lejanas; mimosos se fruncían los borogobios mientras el momio rantas murgiflaba.

Cualquiera de nosotros puede reconocer que está leyendo en español. También reconocerá oraciones castellanas completas cuya estructura gramatical las hace irreductibles a un simple amontonamiento de palabras, como nos indica la forma en que las palabras están conectadas entre sí.

Por ejemplo, la palabra terminada en “ando” (brumeando), exige un tipo determinado de palabra: o un sustantivo o un adjetivo. El adjetivo “agilicosos” determina la secuencia siguiente, compuesta por un verbo en pretérito en tercera personal del plural (giroscaban) y un sustantivo (los ligazones).

Así pues, tenemos suficientes pistas para completar todos los tipos de palabras.

En inglés, sin embargo, esta estrofa ofrece un aspecto muy diferente:

Twas brillig and the slithy toves did gyre and gimble in the wabe all mimsy were the borogoves and the mome raths outgrabe.

Como dice Dietrich Schwanitz:

Admitido: se trata de un inglés poético un tanto anticuado; así nos lo indica la contracción ‘Twas (it ivas), la partícula enfática did ante gyre and gimble —pese a que la oración no es ni negativa ni interrogativa (nos acordamos de la regla que se nos enseñó cuando aprendíamos inglés: en las oraciones negativas e interrogativas, el verbo ha de estar precedido por to do: Doyou understand?)— y la antigua forma de imperfecto outgrabe. Naturalmente, seguimos sin saber exactamente qué significa el texto.

En la siguiente entrega de este artículo continuaremos analizando este extraño poema con palabras inventadas que, sin embargo, podemos entender relativamente.

Vía | Cultura de Dietrich Schwanitz

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