De vez en cuando la realidad supera a la imaginación más novelesca. Paul Kelly murió asesinado en la ciudad británica de Bath hace tres meses, apuñalado tras una reyerta en un pub. Las investigaciones no habían avanzado porque nadie parecía querer testificar sobre el asunto. Hasta que en las últimas semanas han empezado a aparecer poemas, pegados a las farolas, que dan pistas sobre la identidad del asesino y las circunstancias del crimen.
You can run and run till your shoes wear thin. And hope that you’re safe, ‘cos of the colour of your skin. Paul Kelly lies dead, and who held the knife? It was you [name deleted by police], we all saw you take his life.
Lo que traducido vendría a ser:
Puedes correr y correr hasta gastar las suelas de tus zapatos. Y confiar en estar a salvo, por el color de tu piel. Paul Kelly está muerto, ¿y quién empuñó el cuchillo? Fuiste tú [nombre borrado por la policía], todos te vimos quitarle la vida.
La polícia espera ahora que el autor se anime a presentarse como testigo porque un poema anónimo, al fin y al cabo, no constituye una prueba legal. Se asume que nadie se atreve a testificar por miedo a represalias, ya que apunta directamente a las bandas de jóvenes de color que actúan en la ciudad.
Temo que, para la resolución del crimen de Paul Kelly, este episodio se quede en una anécdota colorida. Pero es inevitable paladear el sabor típicamente shakespeariano de la confesión. El autor de la idea tiene decididamente un temperamento melodramático. Esperemos que también tenga el valor de hacer lo correcto.
Vía I ElMundo.es I The Guardian
