Un recuerdo para Bécquer en el aniversario de su muerte

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Bécquer en su lecho de muerte

Tal día como hoy de 1870 fallecía el escritor sevillano Gustavo Adolfo Bécquer a los 34 años. Poeta, autor de cuentos, amante de la Belleza, alma sensible, nos ha quedado como uno de los autores más representativos del Romanticismo español, a pesar de que en sentido estrictor, al igual que Rosalía de Castro, escribió cuando este movimiento ya había pasado de moda y España se había sumergido en la corriente realista.

Como buen artista decimonónico, su salud fue más bien precaria y en los últimos meses de 1870 su mal estado se agravo a causa del frío invernal. En sus últimos momentos, pidió a su amigo el poeta Augusto Ferrán que quemasen sus cartas («serían mi deshonra») y que publicasen su obra (de forma clarividente, Bécquer confesaba: «Si es posible, publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo»).

Sus ‘Rimas’ pertenecen al manuscrito original ‘Libro de los gorriones’, que después de su muerte fueron publicadas siguiendo un orden que Bécquer no había dispuesto, y en el que hay cuatro bloques temáticos: la creación poética, el amor esperanzado, el desengaño y la soledad y la muerte.

Uno de los poemas, de tantos que me gustan, que me sigue pareciendo de los mejores escritos en español es la Rima I. Empieza así:

Yo sé un himno gigante y extraño / que anuncia en la noche del alma una aurora / y estas páginas son de ese himno / cadencias que el aire dilata en las sombras.

Tras muchos años de leerlo por primera vez, me sigue pareciendo fascinante cómo las Rimas se abren con este poema. Aunque no fuera la primera que Bécquer escribió, sin duda tiene una fuerza impresionante. Como gran poemario romántico se abre con ese yo que es el resumen de toda la subjetividad, intimismo y la puerta a todo un mundo aparte que aportaría el movimiento a la literatura. El poeta se sabe un ser especial, alguien tocado por las musas, un intermediario entre el mundo de las ideas y de los dioses y el ser humano. El yo romántico está por encima de este mundo. Se eleva por encima de sus miserias cotidianas y vuela alto en su ensoñación de ideales. Su gran don es la palabra, el poder otorgar nombres a la realidad, la poesía. Por eso Bécquer es consciente de ese gran poder, ese himno gigante y extraño, que intuye, puesto que el romántico es más irracional que lógico. Sabe que tiene ese don, pero una cosa es intuirlo y otra es ponerlo en palabras (yo quisiera escribirlo, del hombre / domando el mezquino idioma), pero una idea, la Idea, la Poesía se resiste a ello (pero en vano es luchar; que no hay cifra / capaz de encerrarlo). Este poema, para mí, es la quintaesencia del romanticismo y uno de las mejores metapoesías que jamás se han escrito.

Con todo, Bécquer es mucho más; seguro que todos conocéis su recopilación de leyendas tradicionales publicadas bajo el parco título de ‘Leyendas’. De adolescente siempre fui un gran lector de Bécquer; bueno, de hecho, creo que cualquier joven con un mínimo de sensibilidad puede verse tocado o reflejado en los poemas del autor, en tanto que sus cuentos, con todo el ampuloso lenguaje romántico que utilizan, son una muestra del relato fantástico español de primer nivel.

Aunque también os he de decir, como profesor, que las nuevas generaciones se sienten cada vez más extrañas ante su obra (bueno, ante la de Bécquer y ante toda la literatura clásica en general). A pesar de que personalmente creo que el lenguaje de Gustavo Adolfo no es especialmente complicado de entender, los alumnos de Secundaria (los de 4º, los mayores, ojo) se quejan de que a menudo no entienden lo que leen, posiblemente porque el sistema educativo vigente y su experiencia personal no les han provisto de vocabulario y herramientas suficientes como para disfrutar de estos textos en condiciones. Pero esto es otro tema que espero abordar pronto con vosotros.

Concluyendo, nunca está mal volver sobre los textos de uno de los más grandes autores que nos ha dado la literatura española como Bécquer, y hoy es una muy buena oportunidad de hacerlo.

Imagen | Vicente Palmaroli: Gustavo Adolfo Bécquer en su lecho de muerte. (1870-1871). Museo Romántico, Madrid.
En Papel en Blanco | ¿Escuchamos un poema? Gustavo A. Bécquer

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