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Uno de los mayores retos de Eso no está en mi libro de ciencias, de Kate Kelly, es que todo lo expuesto sea comprensible y, a poder ser, divertido. El otro, no menos ambicioso, es meter todo el universo de las ciencias naturales en menos de 300 páginas.
Con un estilo que recuerda al Una breve historia de casi todo, de Bill Bryson, aunque con menos solvencia narrativa que la insuperable Natalie Angier en El canon, Kate Kelly ha pergeñado una guía gran angular sobre curiosidades de la ciencia lo más alejada posible del tufo a cloroformo que desprenden los libros de texto del colegio.
El libro transita un poco anárquicamente por diversos temas, haciendo mucho hincapié en unos y dejándose en el tintero otros (supongo que es algo natural cuando se pretende explicarlo TODO), profundizando en ellos pero, también, respondiendo puntualmente a preguntas que todos nos podemos llegar a hacer algún día. Por ejemplo, ¿por qué es tan importante la tabla periódica de los elementos? ¿Qué curiosa historia hay detrás de la invención de la televisión? ¿Quién fue el creador de Internet?
El libro se divide en una primera parte, centrada en los secretos de nuestro planeta, desde su edad hasta la tectónica de placas, pasando por los dinosaurios, los mosquitos y otros animales. En la segunda parte, Kelly saca a relucir los descubrimientos científicos que han cambiado nuestra vida: el ADN, las bacterias, la teoría la evolución, etc. La tercera parte abre la perspectiva y se centra en los descubrimientos que han cambiado nuestra visión del universo, como la revolución copernicana o los Principia de Newton. La cuarta parte habla de medio ambiente, del calentamiento global y otros asuntos relacionados. La quinta y última parte, finalmente, está dedicado en exclusiva a la disciplina que, a juicio de la autora, protagonizará nuestro futuro: la nanotecnología. Tal vez tenga razón, pero yo apuesto más bien por la neurociencia: no en vano, el siglo XXI ya ha sido bautizado como el siglo del cerebro.
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