‘Antifuente’ de Fco. Javier Pérez

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Una nueva colección de literatura de Ciencia Ficción y Terror llamada Clatter, editada por un sello especializado en cómics, Viaje a Bizancio Ediciones , ha aterrizado en nuestro planeta para cambiarnos la mente. Y para su desembarco han escogido la última antología de relatos de Fco. Javier Pérez: Antifuente.

En La vida dura, el genial Mark Twain califica de “cloroformo impreso” el Libro de Mormón. No es extraño que le causara efectos soporíferos: Joseph Smith era casi analfabeto. Antifuente, por el contrario, parece haber sido impreso en un secante impregnado de doscientos microgramos de LSD. Yo todavía lo estoy flipando, que se dice.

Inmune a la Gestapo de la estética que parece dominar el fandom, Fco. Javier Pérez hace lo que le da la gana, y sin renunciar a su ácrata independencia se ha ido labrando un pequeño nicho donde sólo cabe él. Atención a algunos títulos de esta antología: Psytrance, ¡Tilt!, Zooética, Matrices perinatales básicas, Cuando el slasher se aparea. Títulos que dan paso a historias de una anciana atorada en un bucle espacio-temporal que cada vez afecta a más personas; de niños llamados a destruir el mundo para levantar sobre las cenizas otro nuevo bajo los dictados de su excelencia; de una endiablada carrera de coches hiperfuturistas; de cuentos de hadas con un final más feliz que el happy end con el que siempre se ha intentado lobotomizar a los niños. Y no olvidemos el relato que da título a la antología, uno de los más inspirados estilísticamente, donde la Tierra es un presidio, y la procesión de Semana Santa, la peor pesadilla en esta especie de Anunciación al revés.

Fco. Javier Pérez (Barcelona, 1979), también autor de cómics, nos sorprendió con su primera antología, Dionisia Pop!, donde, entre críptico y pluscuamperfecto, demostró que estaba dotado de una prosa envidiable, abstracta, vagamente oracular. Quizá haya menos de experimental en Antifuente que en aquélla, pero por contrapartida demuestra un pulso más firme; sin olvidar, por supuesto, su nihilismo galopante, marca de la casa, y una total ausencia de pudibundeces y gazmoñerías. Además de un ojo crítico que nos hará aumentar el tamaño del cerebro. ¿Recordáis el efecto que tenía la radiación sobre las hormigas y las arañas en la ciencia ficción de 1950? Pues lo mismo. Pero en vuestro cerebro reblandecido por la molicie.

Todos los relatos, sin excepción, son muy cortos, enseguida van al meollo, y parece que el argumento nunca se presente de forma armoniosa sino con tajos sagitales de pintor cubista; zas, zas, zas y fin de la historia, y si no te gusta, te aguantas. Esto no quiere decir que su escritura sea ortopédica o que apueste por la economía retórica, al contrario: ignoro si el autor revisa y corrige mucho lo que escribe, pero a primera vista parece que todo le salga de corrido, espontáneamente inspirado, en un permanente estado de gracia, sin faltarle ni sobrarle nada.

En resumidas cuentas, si queréis leer ciencia ficción diferente e iconoclasta, Antifuente es para vosotros. Si no es así, huid. Porque seguro que Antifuente os resultará un plato indigesto. Aunque ésa es, paradójicamente, su mayor virtud: a nadie le gusta que un reflujo de acidez le ascienda a la boca desde las simas estomacales, pero tras el vómito, tras expulsar lo que el cuerpo considera nocivo, uno, entonces, respira hondo y encuentra un gran alivio. Como al bajar del tren de la bruja.

Así que leed. Leed y aliviaos de piezas indigestas como la que sigue:

Deberías ser mi esposa en lugar de la esposa de esa deformidad que se gana el pan con el sudor de los otros. Deberías saber lo que se cuece bajo la bragueta de samplers del disco conceptual que le dedico en cada actuación a nuestro retorcido proceso de adulterio. Cariño, el billete de autobús hacia tu estrecha línea de vello púbico, meramente decorativa, está manchado de sangre. La impavidez raras veces conduce a la felicidad, como raras veces alguien de su calaña se reforma tanto como para ser digno de una segunda oportunidad. Deberías pedirle que se bajase de esa cruz con la que ha reinventado el mundo. Deberías decirle que necesitamos la madera para otras cosas mejores. Cariño, tu chabola es un palacio desde que él se marchó. Déjame salir de la caseta del perro. Ahoguemos a los niños en su pila bautismal. Deberías ser mi esposa, no guardar luto por la conversión de tu marido. Deberías ser sólo mía, en cuerpo y esencia. Puta.

Sitio Oficial | Ficha de Antifuente

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