'Delirios Breves', de Jaime Valero

Se me plantea este artículo, probablemente, como el reto de mayor envergadura desde que escribo en este nuestro blog de literatura. En primera instancia, por la naturaleza inclasificable del libro que nos ocupa, una colección de quince relatos que tratan de todo y de nada. Segundo, porque el autor de esta obra es mi compañero Jaime Valero, a quien me une una relación de camaradería y casi amistad desde la distancia. ¿Significa eso que lo que aquí escriba estará nublado por una subjetividad pactada y comprometida? Sabe Dios (y Jaime) que no. Si ‘Delirios Breves’ fuera una auténtica (con perdón) mierda, no tendría más remedio que decirlo, propiciando una enemistad en pro de la independencia y del realce de la sinceridad por encima de todo.
Lo cierto es que ‘Delirios Breves’, por sí solo, me ha evitado pasar el mal rato de decirle a mi compañero que su obra no vale un duro. Porque no es ni mucho menos cierto. En esta era de Internet, en la que nos acostumbramos a leer en zigzag y nos cansamos fácilmente cuando intentamos leer un texto de más de mil palabras, una colección de relatos se presenta como una bocanada de aire fresco, una oportunidad más que una experiencia literaria. Mi obra cumbre de las colecciones de relatos sigue siendo ‘Relatos de lo inesperado’, de Roald Dahl, y tengo que reconocer que es mi principal referencia cuando me llega a las manos este género tan estimulante como poco comercial.
A Jaime Valero se le puede achacar muchos errores de primerizo, muchos fallos de principiante. Esa pretenciosidad reprimida pero (por cosas de la falta de experiencia) exultante y omnipresente, por ejemplo, es más una laguna en la calidad de la obra que un complemento. Así puestos, el principal defecto de la voz narradora del autor es su falta de personalidad: a veces fría y distante, carente de implicación, y otras veces peca de ansia de protagonismo, con su tono coloquial, participativo y sarcástico. No obstante, no hay mucho más que merme el potencial de Valero a raíz de lo visto en ‘Delirios Breves’, aparte de su irregularidad, que por otra parte es algo imposible de evadir en una colección de relatos que busca una extraña unidad conceptual.
Se adivina una influencia clara de autores procedentes del boom latinoamericano, en cuanto a la búsqueda de la perfección estilística, dada por su amor al lenguaje. Sobretodo Augusto Monterroso o Gabriel García Márquez. Es fascinante descubrir que esto se mezcla (como un buen cocktail) con el humor negrísimo de Roald Dahl o la fina ironía de Chesterton. Además, su uso de palabras malsonantes o directamente “de la calle” podría parecer gratuito, cuando no lo es: es heredero de la prosa poética trangresora de Charles Bukowski. Valero no tiene miedo en incluir un epíteto rimbombante y a la línea siguiente decir “culo”, “hostias” y “puta mierda”, al estilo de José Ángel Mañas, y se agradece el intento, a todas luces admirable.
De los quince relatos, se puede extraer una conclusión clara: a Valero le interesa la cotidianeidad y la perversidad. Destaca sobremanera el cuento ‘El enigma del suicida’, una perfecta premisa para lo que podría ser un capítulo de la serie ‘Expediente X’. Es fenomenal su mala leche, y su aplastante lógica argumental, que se siente libre de la obligación de proporcionar al lector respuestas. Las que hablan del Madrid de hoy, en toda su rutina, como ‘Entre vagones’ y ‘Quince’, o la decadencia de una relación afectivo-sexual monótona, en ‘Hielo’, también sobresalen por su honestidad. Necesitan más concretitud, sin embargo, sus reflexiones sobre ese erotismo realista que propone, que no tienen linealidad ni un propósito claro. No obstante, el balance se hace positivo si tenemos en cuenta que el colofón es digno de aplauso. ‘Diálogo de un hombre muerto’ es la historia de un individuo que acaba de morir, y descubre que la vida después de la muerte está por debajo de sus expectativas. Un cuento conciso, directo, digno de la maestría de Guy de Maupassant.
No voy a decir que ‘Delirios Breves’ es una obra maestra, porque ni mucho menos lo es. Es la colección de relatos de un chico de 23 años que se abre paso en el género, que se perfila como un diamante en bruto, y que expone (aunque sin jactarse de ello) su solvencia en los campos de su interés. Un libro muy bien escrito, con insólita consistencia para su edad, y que como ópera prima, hay que subrayar sin duda su osadía, en la que se respira una lucha permanente entre la elegancia estilística y la frescura más irreverente. Con los años, veremos a un Jaime Valero mucho más seguro de sí mismo, más minucioso en su narración y que dará mayor rienda suelta a su inspiración. Huelga decir que esto provocará que nos hallemos ante un libro excelente, y la consolidación de una joven y talentosa promesa. Estoy convencido de ello.
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Qué maravilla esto. La verdad es que siento un gran orgullo porque estas cosas ocurran en nuestra comunidad de editores. Además, un narrador-ensayista de la talla de Luisfer leyendo un comentando críticamente a Jaime. Todo un lujo. A ver cuándo me hango con un ejemplar.