Es tiempo de experiencias sencillas y cándidas envueltas en quintales de edulcorante, el momento idóneo para sacar algo de Paulo Coelho. El escritor brasileño publicó a comienzos de mes un relato original basado en un fábula india en el Times Online. Para los que no lo hayais leÃdo aún o no querais bregar con la lengua de Shakespeare lo reproducimos a continuación.
La música que venÃa de la casa
En Nochebuena, el rey invitó al primer ministro a unirse a él en su habitual paseo juntos. Disfrutaba viendo las decoraciones de las calles, pero como no querÃa que sus súbditos gastaran demasiado dinero en ellas sólo para complacerle, los dos hombres siempre se disfrazaban de mercaderes provenientes de algún lugar remoto.
Caminaron a través del centro de la ciudad, admirando las luces, los árboles de Navidad, las velas ardiendo en los portales de las casas, los estantes vendiendo regalos, y los hombres, mujeres y niños apresurándose para celebrar una Navidad alrededor de una mesa bien dispuesta de comida.
Mientras volvÃan pasaron por un barrio más pobre, en el que la atmósfera era bien distinta. No habÃa luces, ni velas, ni deliciosos aromas de comida a punto de ser servida. Apenas habÃa un alma en las calles y, como hacÃa cada año, el rey señaló al primer ministro que de verdad tenÃa que prestarle más atención a los pobres de su reino. El primer ministro asintió, a sabiendas de que el asunto serÃa pronto olvidado de nuevo, enterrado bajo la burocracia diaria de presupuestos que aprobar y discusiones con dignatarios extranjeros.
De repente, escucharon música proveniente de una de las casa más pobres. La choza era tan endeble y las planchas de madera podrida tenÃan tantas grietas que pudieron espiar lo que que estaba ocurriendo en su interior. Y lo que vieron era complemente absurdo: un anciano en una silla de ruedas llorando al parecer, una muchacha con la cabeza rapada bailando, y un joven de ojos tristes golpeando una pandereta y cantando una canción popular.
‘Voy a enterarme de lo que ocurre.’ – dijo el rey.
Llamó a la puerta. La música paró, y el joven abrió.
‘Somos mercaderes buscando un lugar donde dormir. Escuchamos la música, vimos que seguÃais despiertos, y nos preguntamos si podrÃamos pasar la noche aquÃ.’
‘Podéis alojaros en un hotel de la ciudad. Nosotros, desgraciadamente, no podemos ayudaros. A pesar de la música, esta casa está llena de tristeza y sufrimiento.’
‘¿Podemos saber porqué?
‘Es todo por mi culpa’ – habló el anciano en la silla de ruedas. ‘He pasado toda mi vida enseñando caligrafÃa, para que un dÃa puediera conseguir trabajo como escriba de palacio, Pero los años han pasado y ningún puesto ha salido a concurso. Y entonces, anoche, tuve un sueño estúpido: un ángel se me apareció y me encargó comprar un cáliz de plata porque, dijo el ángel, el rey vendrÃa a visitarme. BeberÃa del cáliz y le darÃa un trabajo a mi hijo.’
‘El ángel era tan persuasivo que decidà hacer lo que me pedÃa. dado que no tenemos dinero, mi nuera fue al mercado esta mañana para vender su pelo y que pudiéramos comprar ese cáliz. Los dos están haciendo lo que pueden para contagiarme el espÃritu de la Navidad cantando y bailando, pero no hay nada que hacer.’
El rey vio el cáliz de plata, pidió un poco de agua para saciar su sed y, antes de partir, dijo a la familia:
‘Sabéis, estuvimos hablando con el primer ministro hoy, y nos dijo que la semana que viene se anunciarÃa una vacante para escriba de palacio.’
El anciano asintió, sin creer demasiado en lo que oÃa, y se despidió de los extranjeros. A la mañana siguiente, sin embargo, un proclama real fue leÃda en todas las calles del paÃs; se necesitaba un nuevo escriba en la corte. El dÃa señalado, la sala de audiencias del palacio estaba a rebosar de gente ansiosa por competir por ese puesto tan codiciado. El primer ministro entró y pidió a todos que preparasen su papel y lápiz:
‘Aquà está el tema de la disertación: ¿Porqué un anciano llora, una joven con la cabeza rapada danza y un joven triste canta?’
Un murmullo de incredulidad atravesó al habitación. Nadia sabÃa como contar una historia asÃ, excepto el joven vestido de forma andrajosa sentado en una esquina, que sonrió ampliamente y empezó a escribir.
Dedicado en especial a todos aquellos que preparan oposiciones.
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Vamos, que al final es lo que sabe todo el mundo: el puesto está dado por enchufe y lo del examen es sólo por cubrir la papeleta.
Perdona que no esté en absoluto de acuerdo con tu comentario. Aprovecharé para ello un caso personal. Yo trabajaba en una GestorÃa y al mismo tiempo preparaba oposiciones para la Administracion General. Mi jefe insistÃa una y otra vez en que me dedicase a una determinada tarea administrativa, y yo me negaba porque consideraba que no formaba parte de mis funciones. MatenÃamos discusiones acaloradas y jamás desempeñé aquella tarea ni tramité ninguno de aquellos expedientes. ImagÃnate cómo me quedé el dÃa del examen cuando comprobé que la pregunta del supuesto práctico hacÃa refencia a aquellos expedientes que me negué a tramitar. TodavÃa me estoy arrepintiendo. Nunca sabes lo que la vida puede depararte.