Chaucer escribió Los Cuentos de Canterbury entre finales del siglo XIV y principios del XV. Se trata de la primera obra escrita en inglés, ya que hasta entonces sólo se escribía en latín o francés, lenguas que sólo eran accesibles para la gente que tuviera una cierta formación cultural. Los cuentos recuperan viejas leyendas e historias populares cargados de enseñanzas que forman un conjunto cohesionado a través de un hilo conductor, a la manera de las narraciones del Decamerón o Las mil y una noches.
En este caso, el hilo conductor es una peregrinación desde Southwark a Canterbury. Por el camino, los peregrinos se encuentran con diferentes personajes que les irán relatando las historias. Cada uno de ellos es el reflejo de diferentes clases sociales y oficios de la época; así, nos encontramos con un molinero, un marino, una monja, un bulero…
Cada cuento viene precedido por un pequeño prólogo en el que se relata brevemente el encuentro entre los peregrinos y cada uno de estos personajes. En el cuento que hoy nos ocupa, el bulero presenta su oficio de vendedor de indulgencias. Sin rubor alguno, cuenta cómo engaña a todos aquellos ciudadanos temerosos de Dios para obtener limosnas a cambio de perdonarles sus pecados. Así pues, este relato es un ejemplo de la óptica crítica que adoptaba Chaucer a la hora de retratar la sociedad de la Edad Media.
El cuento del bulero nos presenta a tres hombres de vida libertina que deciden perseguir a un ladrón llamado Muerte para acabar con su vida. Por el camino, encuentran un tesoro bajo un árbol y deciden repartírselo tras hacer un pacto de hermandad. Para ahorrarse el riesgo de ser apresados con tanto dinero, aplazan el traslado del tesoro a la noche y echan a suertes quién irá a comprar un poco de vino para pasar el rato.
Finalmente le toca al más joven de los tres. Por el camino, el joven decide comprar veneno para echarlo en el vino y matar a sus compinches, para así no tener que compartir el tesoro. Pero los otros dos también tienen su propio plan. La moraleja del cuento es que la avaricia es el origen de todos los vicios, un pecado que sólo reportará ruina a quienes lo practiquen.
La historia de este relato ya ha pasado a nuestra cultura popular, y yo recuerdo haberla escuchado mucho antes de saber siquiera quién era Chaucer. Está escrito con un lenguaje claro y sencillo, en verso en el original, y está repleto de llamadas al posible oyente o lector, costumbre muy habitual en la época por el carácter oral de las narraciones.
A excepción de las peroratas iniciales acerca de la gula, la bebida y el juego (que podrían haberse dejado para el prólogo), la historia fluye a ritmo vivaz y sin trompicones. Al final del post, encontraréis un enlace para descargaros el libro completo de Los Cuentos de Canterbury. El cuento del bulero comienza en la página 224, pero también os recomiendo que echéis un vistazo a las historias restantes, porque os darán un lúcido reflejo de la sociedad de la época y un puñado de historias ingeniosas y sorprendentes.
El relato | El cuento del bulero
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