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portada jardin secreto

En un día con tanta lluvía y tanto frío como hoy no parece muy adecuado hablar de jardines ingleses. Ya sabéis, esos jardines cubiertos de rosales, con un cesped suave como una alfombra que pide a gritos una manta, un libro y un termo de té para pasar la tarde viendo como cantan los pajaritos. Sin embargo, es precisamente en un día tan invernal como este cuando más necesitamos esta imagen mental. Y para conseguirla nada mejor que leer El jardín secreto de Frances Hodgson Burnett.

‘El jardín secreto’ es uno de esos libros clásicos que siempre apetece leer. ¿Cómo podría ser de otra forma? A pesar de ser un libro infantil la literatura de Hogdson Burnett no tiene edad. No sé si es cosa mía o a vosotros también os pasa, pero nunca me canso de leer libros sobre niños ingleses que viven aventuras en medio de la naturaleza. Y en este libro la naturaleza casi salta de las páginas…

Mary Lennox es una niña de diez años que vive en la India. Malcriada y déspota, está acostumbrada a que sus padres no le presten atención y a que los criados hagan todo lo que desea. Sin embargo, el cólera la dejará huérfana y no tendrá más remedio que viajar hasta Inglaterra para vivir en casa de su tío, Archibald Craven. De esta manera, Mary se verá alojada en Misselthwaite Manor, en Yorkshire, una gigantesca mansión con más de cien habitaciones que esconde no pocos secretos…

Pronto Mary se dará cuenta de que el trato que recibe es muy diferente al que estaba acostumbrada y tendrá que aprender a entretenerse sola. Los amplios jardines de la mansión le llamarán la atención, especialmente uno que está cerrado con llave. Poco a poco, y con la ayuda de Dickon, un muchacho del páramo, y su recién descubierto primo Colin le devolverán la vida al jardín secreto, y ya de paso, conocerán el cariño y la amistad.

‘El jardín secreto’ es, sobre todo, una oda a la naturaleza. El jardín ha permanecido oculto y abandonado durante años, y aún así la primavera y el arduo trabajo de los niños lo convertirá en un lugar mágico. Mary y Colin, acostumbrados a hacer lo que les viene en gana, a maltratar a propios y extraños, se dulcificarán y hallarán en el jardín la felicidad que nunca antes habían conocido.

Casi todos conocemos esta obra. Lo hemos leído o hemos visto las adaptaciones para el cine. Aún así, ‘El jardín secreto’ me sigue sorprendiendo. Me gusta ese amor infinito a la naturaleza, esa capacidad innata en cada uno de nosotros para superar los malos momentos y encontrar una pasión con la que crecer. Porque de eso trata este libro, del amor, de la amistad, de la superación personal, de reencontrarnos.

‘El jardín secreto’ se publicó por primera vez en 1911 y convirtió a su autora en una conocidísima escritora especializada en literatura infantil. Otro de sus títulos más conocidos, La princesita, también estaba enfocado a lectores jóvenes, pero no sólo dedicó su buen hacer literario a los niños. Ya os hablé en su momento de La formación de una marquesa y hace ya bastante tiempo que Frances Hogdson Burnett se ganó todo mi respeto y amor como escritora.

Este título es precisamente el elegido por la Editorial Belvedere para estrenar una nueva colección dedicada a la literatura infantil y juvenil. Especializada en clásicos, no se me ocurre un título mejor para hacernos vivir una infancia de lo más británica, aunque sea impostada. Además, hay que destacar que esta edición incluye ilustraciones originales de Charles Robinson, y era justo el detalle que me faltaba para adorar aún más este libro.

Antes de empezar a leerlo un compañero me dijo que este libro era muy mío, y tiene toda la razón. Ya lo había leído, y la película me encantaba cuando era pequeña, de modo que volver a revivir esos momentos no ha tenido precio. Pero, además de la nostalgia, ‘El jardín secreto’ tiene un poder especial para hacerme sentir bien. Será la magia de la naturaleza, el buen hacer de Hodgson Burnett o que soy una cursi sin remedio, pero os prometo que este libro me ha alegrado estos oscuros días invernales. Eso sí, ahora no hago más que soñar con una casita en la campiña inglesa, con rosales y petirrojos…

Cuando enviaron a Mary Lennox a Misselthwaite Manor para vivir con su tío, todo el mundo decía que era la niña de aspecto más desagradable que jamás se hubiera visto. Y era cierto. Tenía la carita delgada y el cuerpecito flacucho, el pelo ralo y claro, y la expresión dura. Era rubia, de tez amarillenta porque había nacido en la India y, en cierta manera, siempre había estado enferma. Su padre había tenido un cargo en el Gobierno inglés y siempre había estado ocupado y enfermo, mientras que su madre había sido de una gran belleza y sólo se había preocupado por asistir a fiestas para divertirse con gente alegre. Nunca quiso tener una hija, por lo que cuando Mary nació la entregó al cuidado de su aya, a quien se le hizo comprender que, si quería agradar a la memsahib, debía mantener a la niña fuera de su vista todo lo posible. De este modo, cuando Mary no era más que un bebé enfermizo, quejica y feo, la madre la rehuyó, y cuando se convirtió en una niñita enfermiza, quejica y fea que gateaba, también la evitó.

Editorial Belvedere
Traducción: Ricardo Bestué
ISBN: 978-84-937947-2-9
302 páginas
15,10 euros

Más información | Ficha en Editorial Belvedere
En Papel en Blanco | ‘La formación de una marquesa’ de Frances Hodgson Burnett

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