Contaba el otro dÃa mi compañero Paolo Fava unas cosas muy interesantes sobre la épica y sus lenguajes en la mastodóntica 300 (viñetas) de Frank Miller.
De hecho la primera adaptación de la batalla de las Termópilas según prisma milleriano ya está en Sin City, la pospelÃcula del tándem Miller & RodrÃguez. La gran matanza, el episodio que protagonizan Dwight y sus guerreras, no es otra cosa que el primer acercamiento del norteamericano a su mito, sólo que cambiando la antigua Grecia por las mugrientas calles de LA ciudad decadente por excelencia que es Basin City.
Muy convencido parece Jordi Costa de que en los 300 cinemáticos yace un nuevo tÃtulo al cine de Guerra Santa. Menos convencido lo estoy yo que ya vi esa historia en blanco y negro gris y protagonizada por otro tipo de superhéroes posmodernos: los arquetipos del noir. Los villanos de aquella historia de Sin City también eran deformes y caricaturescos: la influencia de Chester Gould sobre Miller es evidente pero sólo a un nivel estético. Y menos convencido lo está el director de la pelÃcula, Zack Snyder que afirma que “la gente se pone del lado de los espartanos… ¡y están locos”.
Por mucho que ahora Miller quiera escribir un cómic pseudopropagandÃstico (Batman vs. Bin Laden) su obra continua intacta y no deja de ser su novÃsima revisión del sacrificio heroico sólo que partiendo de hechos y mitos distintos y cambiando los pijamas por togas. Esta rotura formal da una innovación de fondo considerable que no deberÃa hacernos pensar que se trata de ningún ardid ideológico y caer en la simpleza, un tanto obvia a estas alturas.


