
Esta noticia lleva ya unos cuantos días en circulación, pero por un motivo u otro no os la habíamos contado. El caso es que cuando un amigo me dijo el otro día que Umberto Eco iba a hacer una nueva versión de El nombre de la rosa creí que se estaba riendo de mí. Pero no, insistió que lo había visto en un par de periódicos, y sí, gente, es cierto. Eco está preparando una versión de su obra más conocida para hacerla más accesible a los lectores del siglo XXI. De piedra me quedo, oye.
Bompiani, la editorial italiana del autor lo hacía público hace unos días, dando incluso una fecha para su salida al mercado, el cinco de octubre. La razón de esta adaptación es aproximar la obra a aquellos que, asustados por su dificultad, habían renegado de leerla, además de adaptarla a los lectores digitales. Esto último me hace sospechar en alguna edición especial para ebooks o similares, aunque tendremos que esperar para saberlo. Eso sí, la nueva versión conservará el mismo nombre y, por supuesto, la misma trama con los mismos personajes.





No, no vayan a pensar que es que han hecho una encuesta entre los cineastas y ellos han seleccionado al escritor español Arturo Pérez-Reverte como su novelista predilecto. Pero es que la votación no era necesaria ya que la selección es obvia si tenemos en cuenta la gran cantidad de sus obras que han sido, y están siendo, llevadas al cine.
A Ildefonso Falconés parece que no le vale con que su novela tenga
La voz y la guitarra de Paco Ibáñez son un estupendo acompañamiento de fondo para escribir esta entrada. Poemas de Quevedo, de Jorge Manrique, romances anónimos, Machado, Alberti, Blas de Otero, León Felipe, Goytisolo… hechos música y coreados por el público, que casi me hacen gritar a mí también “¡A galopar!”…
El Cid Campeador, que fue protagonista de las ondas radiofónicas
En mi última lectura de Momo extraje los temas y valores que se pueden apreciar en la obra. La novela de Michael Ende es una fábula que enseña cómo el ser humano puede ser víctima de una sociedad demasiado ocupada del trabajo, y que no encuentra tiempo para valorar acciones tan sencillas e importantes como el saber escuchar.