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		<title>Magazine - adn</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 02:15:25</pubDate>

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      <title><![CDATA[Exégesis forense de un libro: paralelismos con el ADN]]></title>
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      <pubDate>Sun, 24 Jul 2011 22:00:13 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2011/07/dna-618044.jpeg" alt="" />Los filólogos <strong>usan técnicas muy parecidas a la de los biólogos evolutivos</strong> a la hora de averiguar la genealogía de un texto. El <span class="caps">ADN</span> y las letras de la literatura, en ese sentido, <strong>son de la misma naturaleza</strong>. </p>

	<p>Uno de los mejores ejemplos de esta idea es el <strong>Canterbury Tales Project</strong>. Un ejército de filólogos se han enfrentado a un análisis propio de los códigos genéticos para reconstruir la historia de 86 obras manuscritas diferentes de <em>Los cuentos de Canterbury</em>, de <em>Chaucer</em> (para quien no la haya leído, quizá le suene más <em>Los cantos de Hyperion</em>, de <strong>Dan Simmons</strong>, que se basa estructuralmente en esta obra).</p>

	<p>Estos manuscritos fueron escritos y copiados a mano antes de que se inventara la imprenta. Las copias, pues, <strong>están sujetas a errores o mutaciones</strong>, tal y como sucede con la herencia genética. Pero anotando meticulosamente todas las diferencias entre manuscritos y copias de las que disponen los filólogos, se puede construir una especie de árbol evolutivo del texto.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Lo primero que se hace para establecer comparaciones entre textos es alinearlos: sólo así captaremos las semejanzas y las diferencias. Esto no siempre es fácil, <strong>porque los textos pueden estar incompletos o revueltos y ser de diferente extensión</strong>. </p>

	<p>Como ejemplo, analicemos los dos primeros versos del <strong>Prólogo general</strong> de cuatro versiones manuscritas de Los cuentos de Canterbury: </p>

	<p>1) la versión de la Biblioteca Británica, 2) la Christ Church, 3) la Egerton y 4) la Hengwrt:</p>

<blockquote>Whan that Aprylle / wyth hys showres soote 
Tje drowhte of Marche / hath pcede to he rote</blockquote>

<blockquote>Whan that Aurell w his shoures soote
The drowte of Marche hath pced to the roote</blockquote>

<blockquote>Whan that Aprille whith his showres soote
The drowte of marche hath pcede to the roote</blockquote>

<blockquote>Whan that Aueryll w his shoures soote
The droghte of March / hath pced to the roote</blockquote>

	<p>La traducción es: <em>Cuando abril con sus fragantes lluvias haya calado hasta la raíz de marzo</em>.</p>

	<p><strong>Aquí se localizan 16 diferencias</strong>. Una vez analizadas todas las variantes, se trata de averiguar cuál es el árbol que mejor las explica. Hay muchas formas de hacerlo y todas ellas pueden usarse tanto en el ámbito biológico como en el filológico. La más sencilla es agrupar los textos en función de su semejanza parental.</p>

	<p>Una computadora es una gran ayuda cuando las cosas se ponen difíciles.</p>

	<p>En primer lugar, <strong>se debe encontrar el par de textos que son los más similares</strong>. A continuación, se trata esta pareja como un texto único en promedio, y se pone junto a los restantes textos mientras buscamos el siguiente par más similar. Y así sucesivamente, formando grupos sucesivos, anidados en un árbol de relaciones.</p>

	<p>Si os suena un poco a chino, es natural. </p>

	<p>Si dos textos tienen una característica común, la explicación más lógica es que conjuntamente la hayan heredado de un antepasado común en lugar de que cada uno haya evolucionado de forma independiente. Es muy lejos de ser una regla invariable, pero al menos <strong>es más probable que sea cierto que a la inversa</strong>. Curiosamente ocurre lo mismo con los organismos vivos sometidos a las leyes de la evolución.</p>

	<p>En ese sentido, las reglas evolutivas orgánicas y literarias guardan muchas similitudes. Como si los libros albergaran una suerte de código genético que, acaso, nos permita, en un futuro donde la computación se desarrolle aún más, realizar <strong>exégesis más concienzudas y más esclarecedoras</strong> (y seguramente menos arbitrarias que las que critiqué en el artículo <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/si-no-lo-entiendes-asi-es-que-no-entiendes-lo-que-lees">Si no lo entiendes así es que no entiendes lo que lees</a>).</p>

	<p>Vía | El cuento del antepasado de Richard Dawkins</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘El nacimiento de la mente’ de Gary Marcus]]></title>
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      <pubDate>Sun, 20 Feb 2011 23:11:13 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/02/046504405001_sclzzzzzzz_.jpg" class="centro" alt="046504405001_sclzzzzzzz_.jpg" title="" />Una de las grandes olvidadas cuando se trata el tema de la mente y de los pensamientos y conductas que emanan de ella son, indudablemente, los genes. Los genes parecen dictaminar de qué color tendremos los ojos, o si desarrollaremos tal y cual enfermedad. <strong>Pero generalmente no asociamos la genética a los pensamientos</strong>.</p>

	<p>En <strong>El nacimiento de la mente</strong>, el profesor de psicología de la Universidad de Nueva York <strong>Gary Marcus</strong> subsana este olvido presentando todas las concomitancias que a su juicio existen entre mente y genes y cómo su conocimiento podría revolucionar lo que somos. Y además lo hace con un tono divulgativo muy accesible (bien que algunas páginas pudieran marear a los que nunca se han enfrentado a un libro de genética).</p>

	<p>Si bien es cierto que queda mucho trecho por descubrir acerca de relación entre genes y conductas (desde luego, los genes no “controlan” en destino, sólo predisponen), <strong>nuestro <span class="caps">ADN</span> contribuye a formar nuestra personalidad</strong>, nuestro temperamento y las cualidades que nos hacen únicos a cada individuo. </p>

	<p>La ciencia moderna ha demostrado, mediante quintales de estudios que Marcus detalla en las páginas de su libro, que los genes tienen un efecto demostrable en la vida mental. Ciertos estudios con animales, por ejemplo, han revelado que pueden transmitirse genéticamente aspectos de la conducta y la personalidad (como unos genetistas que produjeron roedores ansiosos y maniáticos).</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>Naturalmente, no todas las semejanzas entre gemelos dependen de los genes. El hecho de que dos gemelos finlandeses de setenta y un años de edad murieran con escasas horas de diferencia el 6 de marzo de 2002, en sendos accidentes de bicicleta, pedaleando por la misma carretera, fue tan sólo una coincidencia. Los genes acaso predispusieran a los dos a disfrutar de la actividad física o de la asunción de riesgos, pero que murieran el mismo día y de la misma forma fue pura casualidad. Con todo, la influencia de los genes en nuestra estructura mental es innegable.</blockquote>

	<p>Esta clase de estudios deberían ser noticia más a menudo. Pero si echamos un vistazo a periódicos o incluso literatura profesional sobre psicología, apenas encontraremos teorías de la mente que establezcan un verdadero contacto con los genes. En psicología, <strong>es algo así como si Watson y Crick nunca se hubieran encontrado con el ADN</strong>.</p>

	<p>La tesis central de El nacimiento de la mente, pues, es que resulta imposible la naturaleza del ser humano (desde el punto de vista de la psicología, la filosofía, la sociología, la antropología y demás disciplinas que gozan de gran apoyo popular) si no se incorpora a cualquier reflexión la presencia innegable y ubicua de los genes. </p>

	<p>Y os puede asegurar que <strong>Gary Marcus</strong> consigue su propósito. Hasta el punto de que, por muy cultivados que os sintáis en cualquier materia, de repente sentiréis que vuestro conocimiento está lleno de lagunas que sólo el <span class="caps">ADN</span> es capaz de rellenar convenientemente. </p>

	<p>Editorial Ariel<br />
248 páginas<br />
ISBN: 9788434409170 <br />
Año de edición:2005</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘Evolución’ de Richard Dawkins]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/evolucion-de-richard-dawkins</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/evolucion-de-richard-dawkins</guid>
      <pubDate>Tue, 28 Dec 2010 10:26:11 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/12/portada-libro-9788467034783-max.jpg" alt="" /><strong>Evolución</strong> es el último libro de <strong>Richard Dawkins</strong>. No es un libro accesible ni popular: más bien se requiere de mucha fuerza de voluntad o un gran interés en la teoría de la evolución para embarcarse en su lectura. </p>

	<p>Sin embargo, para los que todavía den crédito al creacionismo o al diseño inteligente o sostengan que la teoría de la evolución sólo es eso, una teoría, les recomiendo que se tomen el esfuerzo de empaparse de las más de 400 páginas en las que Dawkins vuelve a uno de sus temas favoritos y aporta quintales de pruebas nuevas, indiscutibles e indubitables, de que la teoría de la evolución <strong>no sólo es uno de los hechos más cimentados en evidencias de los que tenemos constancia</strong>, sino que constituye una de la revoluciones del pensamiento más importantes de la historia de la humanidad.</p>

	<p>Dawkins se aleja de su polémica atea y, siguiendo la línea de <em>El relojero ciego</em> y <em>Escalando el monte improbable</em>, aprovecha el bicentenario del nacimiento de Darwin y el 150º aniversario de la publicación de <em>El origen de las especies</em>, para escribir un libro que resulta del todo pertinente cuando <strong>más del 40 % de los estadounidenses niega que los humanos hayamos evolucionado a partir de otros animales</strong>. La cifra no es tan alta en países como Gran Bretaña o España, pero igualmente resulta preocupante que incluso docentes consideren la teoría de la evolución al mismo nivel que cualquier otra especulación sin poco fundamento, del tipo “<em>es posible que exista vida extraterrestre.</em>”</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Pero como afirma Dawkins y cualquier científico mínimamente cualificado (y como se preocupa de demostrar en estas 400 páginas, impartiendo una clase avanzada de biología), <strong>la evolución es un hecho</strong>, más allá de una duda razonable, más allá de una duda seria, más allá de una duda sana e inteligente. La evidencia a favor de la evolución es tan fuerte como la evidencia a favor del holocausto. </p>

	<p>Existen cientos, miles de evidencias (aunque, siendo honestos, todavía tengamos algunos huecos por rellenar) de que todos nosotros somos primos de los chimpancés, primos algo más lejanos de los monos, primos más lejanos todavía de los oricteropos y los manatíes, aún más distantes primos de los plátanos y los nabos… y así <em>ad infinitum</em>. </p>

	<p>Si se usa el término “teoría” para referirse a ello no es porque sea algo hipotético: cuando los científicos usan el término “teoría” lo usan en otra acepción, <strong>la de esquema o sistema de ideas o afirmaciones mantenidas como una explicación de un grupo de hechos o fenómenos</strong>; hipótesis que ha sido confirmada o establecida por observación o experimento y que está propuesta o aceptada como explicatoria de los hechos conocidos; afirmación de lo que se mantiene que son leyes generales, principios o causas de algo conocido u observado. Así es la acepción que usan los científicos, según refiere el <em>Oxford English Dictionary</em>. </p>

	<p>Si tú, lector, tienes la más mínima duda de que esto sea así, entonces basta con hacer el esfuerzo (no te engañaré, es un arduo esfuerzo) de leer <strong>Evolución</strong>. </p>

<blockquote>Imagine que es un profesor de historia y que sus lecciones sobre la Europa del siglo XX se ven boicoteadas, interrumpidas o desbaratadas de alguna otra forma por grupos políticamente poderosos y bien financiados de revisionistas del holocausto. (…) Imagine que, como profesor de historia europea, se enfrenta continuamente a demandas beligerantes para que se “enseñe la controversia”, y se dedique “el mismo tiempo” a la “teoría alternativa” de que el holocausto nunca ocurrió, que fue inventado por un grupo de conspiradores sionistas. Intelectuales relativistas de moda intervienen para insistir en que no hay una verdad absoluta: si el holocausto ocurrió es una cuestión de creencia personal; todos los puntos de vista son igualmente válidos y deben ser igualmente “respetados”.</blockquote>

	<p>Editorial Espasa<br />
Colección Espasa Forum<br />
416 páginas<br />
ISBN: 978-84-670-3143-0</p>

	<p>Sitio oficial | <a href="http://www.planetadelibros.com/evolucion-libro-3010.html">Ficha en Editorial Espasa</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Historia de cómo triunfa un libro]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/historia-de-como-triunfa-un-libro</link>
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      <pubDate>Tue, 03 Aug 2010 09:31:58 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/08/exito3.jpg" alt="" />A rebufo del anterior artículo, <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/se-puede-decir-que-hamlet-es-una-porqueria-sin-parecer-un-ignorante">¿Se puede decir que &#8216;Hamlet&#8217; es una porquería sin parecer un ignorante?</a>, algunos de vosotros me comentabais que si una obra ha alcanzado la inmortalidad es porque deberá tener cualidades inherentes indiscutibles.</p>

	<p>Hay estupendos libros que explican los entresijos de cómo algo se acaba considerando universalmente bueno. Pero como no quiero aburriros (y tampoco dispongo de demasiado espacio), sencillamente os contaré una historia.</p>

	<p>Voy a hablaros de un escritor ruso que hace tan sólo 5 años era un don nadie. Su nombre es <strong>Keko Vid</strong>, y era un novelista prácticamente desconocido y sin ninguna obra publicada. Durante años estuvo escribiendo laboriosamente <strong>ocho historias que eran disquiciones filosóficas acerca de las ocho formas más recurrentes en la naturaleza</strong>; un libro por forma que, intersectados como muñecas rusas, dibujaban la forma octaédrica de los cristales naturales, una octava de una armonía pitagórica, una Tabla Periódica de ocho elementos. </p>

	<p><strong>Las historias no eran fáciles de leer</strong>, transcribía los diálogos extranjeros en la lengua original, con la traducción a modo de subtítulos. Algunas páginas tenían mil letras y otras, sólo una o dos. Había momentos consagrados a la escatología, otros a la filosofía alemana más hermética. Mezclaba el humor más bizarre con el drama más lacrimógeno.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p><strong>Todos los editores, obviamente, desdeñaron aquellos manuscritos</strong>. Recibió innumerables cartas de rechazo, incluso algunas muy alentadoras que confiaban en su potencial, siempre y cuando intentara escribir algo más accesible para el gran público, y sobre todo, sin mezclar idiomas. A veces le formulaban preguntas que Keko Vid nunca se había planteado respecto a su iconoclasta obra. ¿Es ficción o no ficción? ¿A qué tipo de público está dirigida? ¿Son memorias? Keko Vid no tenía la menor idea. Un editor, viéndole tan ingenuo, incluso le recomendó en un correo electrónico que reflexionara sobre lo siguiente: “<em>los aficionados escriben para sí mismos, los profesionales lo hacen para los demás</em>”.</p>

	<p>Keko Vid quería publicar su obra y que los demás la leyeran, pero lo que no podía plantearse siquiera era escribir algo que los demás quisieran, necesitaran o pudieran digerir. Esas preguntas, sostenía utópicamente, no deberían interferir en su labor literaria.<strong> No creía conveniente que su obra tuviera que adscribirse a un género concreto para que los libreros supieran situarle en una demarcación concreta de la librería</strong>. Sus amigos y familiares, viendo que no cejaba en su empeño, le recomendaron que se autoeditara; después de todo, si lograba salir al mercado con alguna editorial suicida, no vendería más de mil o dos mil ejemplares, lo justo para cubrir la tirada.</p>

	<p><img class="izquierda" src="http://img.papelenblanco.com/2010/08/libros.jpg" alt="" />Pero Keko Vid <strong>no quería autoeditarse</strong> porque en realidad no soñaba con ver sus ocho historias en forma de libros, sólo quería publicar porque quería sentir la experiencia de comunicarse con una gran cantidad de lectores desconocidos y esperar sus reacciones. Únicamente las reacciones de los lectores, pues la crítica no le importaba demasiado. </p>

	<p>Había acudido a diversos talleres de escritura y no había entendido qué enseñaban en realidad allí: escribir bien parecía ser sinónimo de seguir unas reglas arbitrarias que se daban por intocables. Todos sus compañeros intentaban imitar obras que habían triunfado, sobre todo si habían triunfado frente a la crítica, aunque no vendieran demasiado. Él no pretendía eso. El profesor del taller, entonces, le dijo una frase que mucha gente repite, aunque Keko Vid creía que en realidad nadie había meditado de verdad sobre su significado: “<em>para escribir rompiendo las reglas primero debes conocer las reglas</em>”. A Keko Vid sólo le parecía una frase hecha, como tantas otras que pueblan el acervo cultural y que los loros mediáticos repiten hasta la saciedad. <strong>¿Por qué para hacer lo que quieras primero debes hacer lo que no quieres o lo que quieren los demás?</strong> Keko Vid no entendía la razón ni le importaba.</p>

	<p>Finalmente, aprovechándose de las nuevas tecnologías, Keko Vid colgó en Internet toda su obra, los ocho volúmenes, bajo una licencia Creative Commons. La mayoría de obras gratuitas y sin existencia física no gozan de demasiada popularidad porque la gente considera que ser aceptado por una editorial es como superar una criba. Keko Vid descubrió que ser aceptado por la editorial sólo consistía en bajarse los pantalones y dejarse dar por el culo. </p>

	<p>Todo y así, su obra encontró en Internet un pequeño nicho de aficionados. El propietario de una pequeña editorial, <strong>que se consideraba a sí mismo muy moderno y visionario</strong>, y que solía editar volúmenes raros simplemente para llevarse a la cama a chicas raras dispuestas a cumplir todos sus deseos en la cama, se percató del pequeño éxito de esos ocho volúmenes contestatarios. Le propuso a Keko Vid un contrato de edición, aceptando su condición <em>sine qua non</em>: no cambiar ni una sola letra de su obra. Keko Vid aceptó, pues no tenía nada que perder.</p>

	<p>Por una desconocida sinergia que los expertos en marketing llaman “bola de nieve” y “recursividad memética” (aunque en el fondo no tienen ni idea de cómo se produce el fenómeno), la obra de Keko Vida se convirtió en uno de los más extraños éxitos de la literatura. En pocos años, el raro, testarudo y aburridísimo Keko Vid, sin <em>target</em>, sin saber si era ficción o no lo que escribía, sin concesiones al lector o a la crítica… pasó a ser el perseverante, el luchador, el independiente, el original y rompedor Keko Vid. <strong>Se vendieron millones de ejemplares y recibió toda clase de elogios de la crítica más refinada</strong>. </p>

	<p>Incluso su forma de escribir inició una corriente literaria de nombre bastante extraño que empezó a estudiarse en muchas universidades y talleres literarios, donde los avezados aspirantes a escritor intentaban imitar sus historias. Ahora muchos teóricos dicen que a los lectores no hay que consentirles sus caprichos, y que uno debe escribir lo que brote de su inspiración desatada, sin corsés ni lógicas ni reglas que deben seguirse para luego subvertir. <strong>Las editoriales que antaño le habían rechazado, ahora querían volver a editar su obra en una mayor tirada y más cuidada edición</strong>. Incluso le propusieron un contrato por obras que aún ni siquiera había escrito.</p>

	<p>Muchos estudiosos, en la actualidad, consideran que una figura como Keko Vid era un icono imprescindible para el avance de la historia del arte. Creen que su estilo ha sido influenciado por dos o tres autores universales que, curiosamente, <strong>Keko Vid nunca ha leído</strong>. A posteriori, todo el mundo parecía comprender que el éxito y el talento de Keko Vid eran obvios. Era algo que tenía que pasar, algo que el mundo necesitaba. Sin embargo, a priori ningún editor se había percatado de todos esos méritos que ahora se decía que Keko Vid poseía.</p>

	<p>Ahora Keko Vid hace lo que quiere. Y la gente aplaude.</p>

	<p>Por cierto, no busquéis Keko Vid en el Google. La historia de Keko Vid es ficticia (y está inspirada en la teoría de la improbabilidad de <em>El Cisne Negro</em>, de <strong>Nassim Nicholas Taleb</strong>), pero lo es en lo sustancial, como uno descubrirá a poco que investigue los entresijos de la formación de las corrientes artísticas y los fundamentos neurobiológicos de la belleza.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘Qué nos hace humanos’ de Matt Ridley]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/que-nos-hace-humanos-de-matt-ridley</link>
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      <pubDate>Sun, 18 Jul 2010 13:06:00 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/07/portada-que-nos-hace-humanos_grande222.jpg" alt="" />Todos nos hemos sentido interpelados alguna vez por una pregunta fundamental. <strong>¿Por qué somos cómo somos? </strong>¿Por qué somos así y no de otra manera? ¿Por qué comemos y nos gusta el dulce, por qué nos apetece practicar sexo, por qué somos paranoicos, por qué creemos en Dios…?</p>

	<p>Una lista de preguntas que pensadores de todos los tiempos han tratado afanosamente de desentrañar con más buenas intenciones que puntería (no por falta de ojo clínico sino por falta de herramientas técnicas). </p>

	<p>De esto trata <strong>Qué nos hace humanos</strong> de <strong>Matt Ridley</strong>. De esclarecer estas preguntas. O mejor dicho: de exponer todo lo que las herramientas técnicas de último cuño nos han aportado para esclarecer dichas preguntas. Y lo cierto es que todo ello lo consigue Ridley en un tono cercano pero afiladísimo, divulgativo pero riguroso, periodístico pero científicamente muy bien documentado.</p>

	<p>¿Es necesario tener un interés previo hacia la genética antes de abordar este tomo un tanto grueso? Tal vez. ¿Es necesario tener conocimientos previos? En absoluto. ¿El lector siente un mínimo de curiosidad por desentrañar las preguntas fundamentales sobre sí mismo y está dispuesto a olvidar lo que pensadores de todos los tiempos han expuesto, catalogándolo como meros rasguños en la superficie de la verdad? Entonces debe zambullirse a plomo en <strong>Qué nos hace humanos</strong>. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Y progresar. Superando así el mejunje de intuiciones descabaladas sobre la naturaleza humana de Darwin, la herencia de Galton, los instintos de James, los genes de De Vries, los reflejos de Pavlov, las asociaciones de Watson, la historia de Kraepelin, la experiencia formativa de Freud, la cultura de Boas, la división del trabajo de Durkheim, el desarrollo de Piaget y la creación de lazos afectivos de Lorenz. </p>

	<p>En todas estas descripciones sobre la naturaleza humana están ausentes los grandes descubrimientos realizados por la decodificación del genoma humano y la constatación de las influencias de los genes en cada cosa que somos (sin olvidar, claro está, la influencia del ambiente). Unas ausencias que podremos restituir con la lectura pausada y reflexiva de <strong>Que nos hace humanos</strong>. </p>

<blockquote>Antes de nada, déjenme que ponga las cartas sobre la mesa. Creo que tanto la naturaleza o la herencia como el ambiente explican la conducta humana. No respaldo una tendencia ni la otra, pero eso no significa que esté adoptando una postura “a mitad de camino”. Como dijo una vez el político tejano Jim Hightower: “En mitad del camino no hay más que una línea amarilla y un armadillo muerto”. Mi intención es demostrar que, efectivamente, el genoma ha cambiado todo; no ha cerrado el debate ni ha ganado la batalla a favor de un lado u otro, sino que ha pulido los argumentos de ambos extremos hasta llegar al punto medio. El descubrimiento de cómo influyen realmente los genes en la conducta humana, y cómo influye la conducta humana en los genes, está a punto de dar una forma completamente nueva al debate. Ya no se trata de la naturaleza frente al ambiente, sino de la naturaleza por vía del ambiente (<em>Narture via Nurture</em>, que es el título original de este libro).</blockquote>

	<p>Editorial Taurus<br />
Colección Taurus pensamiento<br />
360 páginas<br />
ISBN: 9788430605422</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.editorialtaurus.com/es/libro/que-nos-hace-humanos/">Ficha en Editorial Taurus</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿El arte se agotará algún día?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/el-arte-se-agotara-algun-dia</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/el-arte-se-agotara-algun-dia</guid>
      <pubDate>Sun, 14 Mar 2010 15:23:23 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2010/03/dsc06990d.JPG" alt="" />Hay dos clases de personas en el mundillo del arte. Las que piensan, de forma optimista, que <strong>el arte es infinito</strong>, inabarcable, y que jamás nos lo podremos acabar (salvo en experimentos mentales como la biblioteca de todos los libros que pueden existir de Borges). </p>

	<p>O las que piensan, de forma pesimista, que <strong>el arte, más concretamente la literatura, ha muerto</strong>, que todo es una copia de una copia y que ya no hay nada nuevo bajo el sol.</p>

	<p>Ambas clases de personas están equivocadas. Al menos un poco.</p>

	<p><!--more--> </p>

	<p><strong>El universo es finito</strong>. Se estima que el total de todas las partículas del universo es de un 1 seguido de 80 ceros. Así pues, todo lo que en él suceda también es finito. Aunque la misión del arte no es buscar nuevas ideas sino expresar las mismas de maneras diferentes. En ese sentido, el arte es una copia de una copia. Y las copias posibles, aunque finitas, son tan elevadas que <strong>no hay tiempo suficiente en el universo para confeccionarlas</strong>. O mejor: para disfrutarlas. </p>

	<p>Vayamos a los números con un ejemplo sencillo. <strong>Los sonetos</strong>.</p>

	<p>Un soneto es una composición poética que consta de catorce versos endecasílabos, distribuidos en dos cuartetos y dos tercetos. Para construirlo poseemos, digamos, de 85.000 palabras en castellano. Así pues, <strong>el número de sonetos libres que se pueden llegar a componer es de un 1 seguido de 415 ceros</strong> (más que partículas en el universo). </p>

	<p>Evidentemente, la mayoría de estos sonetos no tendrán sentido. Otra gran parte serán malos sonetos. Pero, aún así, ni todos los seres humanos que quedan por nacer, obsesionados todos por los sonetos, escribiendo todo el día y toda la noche sin descanso, podrían concebir jamás todos los sonetos medianamente pasables que quedan por escribir <strong>antes de que todas las estrellas del universo se apaguen</strong>. </p>

	<p>Imaginad que el número de novelas posibles es mucho mayor. Un 1 seguido de 10.354.918 ceros es el número de novelas posibles de 200 páginas a 360 palabras por página. El filósofo <strong>Daniel Dennett</strong> ahondaba todavía más en esta especulación basándose en las ideas de <strong>Jorge Luis Borges</strong> para su <strong>Biblioteca de Babel</strong>, la biblioteca de todos los libros posibles:</p>

<blockquote>Supongamos que cada libro tiene 500 páginas y cada página tiene 40 líneas de 50 espacios, de modo que hay dos mil caracteres por página. Cada espacio o está vacío o tiene un carácter impreso en él, escogido entre un conjunto de 100 (las letras mayúsculas y las letras minúsculas del inglés y de otras lenguas europeas, más los espacios vacíos y las marcas de las puntuaciones). (Borges escogió cifras ligeramente diferentes: libros de 410 páginas con 40 líneas de 80 caracteres cada una. El número total de caracteres por libro es bastante cercano al mío: 1.312.000 frente a 1.000.000, lo cual no representa mucha diferencia. Yo escogí números redondos para un más fácil manejo). En algún lugar de la Biblioteca de Babel hay un volumen constituido en su totalidad por páginas en blanco y otro volumen lleno de signos de interrogación, pero la inmensa mayoría consiste en un galimatías tipográfico: ninguna regla ortográfica ni gramatical, y, por descontado, ninguna regla de sentido, prohíbe la inclusión de un volumen. Dos mil caracteres por página, a 500 páginas por libro, suman 1.000.000 de caracteres por libro, así que para 100 libros la cifra de caracteres es 1001.000.000. Dado que se estima que en la región del universo hay solamente 10040 (más o menos) partículas (protones, neutrones y electrones) que podemos observar, la biblioteca de Babel no es ni de lejos un objeto físicamente posible.</blockquote>

 

	<p>Así es el arte. Sideral. Finito pero infinito. Copia de una copia de una copia hasta un número tan alto que nunca habrán suficientes artistas para reproducirlas todas. Lo cual es una suerte: al menos nadie podrá registrar todas las obras posibles bajo un <em>copyright</em> tan restrictivo como el de Disney, y siempre nos quedará un resquicio por el que colarnos y <strong>crear algo que no pertenezca intelectual o mercantilmente a nadie</strong>.</p>

	<p>Como estaréis intuyendo, estas operaciones matemáticas también pueden extrapolarse a la existencia de seres humanos. Un ser humano no deja de ser un libro. Concretamente, <strong>un libro escrito por un texto genético de cuatro letras (A,C,G,T) de una longitud determinada</strong>. Su <span class="caps">ADN</span>. Su libro de instrucciones que indica qué aspecto tendrá, que disposiciones mentales desarrollará, etc. </p>

	<p>Así pues, el número de combinaciones de esos textos es limitado. El número de seres humanos/libro es finito (es improbable, pero un día podría nacer un clon perfecto a ti en cualquier lugar del mundo o de la historia). Concretamente, en base a su <span class="caps">ADN</span>, el número de seres humanos posible es de un 1 seguido de mil millones de ceros. La mayoría de ellos serían mutantes inviables, pero una parte serán viables. Y una pequeña parte, todavía gigantesca, serán escritores con talento. </p>

	<p>Vía | <em>Ideas para la imaginación impura</em> de Jorge Wagensberg / <em>La peligrosa idea de Darwin</em> de Daniel C. Dennett</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘Genoma, la autobiografía de una especie en 23 capítulos' de Matt Ridley]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/ensayo/agenoma-la-autobiografia-de-una-especie-en-23-capitulos-de-matt-ridley</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/ensayo/agenoma-la-autobiografia-de-una-especie-en-23-capitulos-de-matt-ridley</guid>
      <pubDate>Mon, 13 Apr 2009 11:15:44 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/04/ridley.JPG" alt="" /><strong>Matt Ridley</strong> es periodista especializado en ciencia y ha colaborado en publicaciones como <em>The Economist</em> o el <em>Daily Telegraph</em>, y actualmente preside el Internacional Centre for Life, dedicado a la difusión de la ciencia. Y eso se nota. No sólo porque Ridley es capaz de explicar lo difícil de una forma inteligible y divertida, incluso con medidos chascarrillos (como el de su biografía, donde dice que ha combinado con ingenio sus cromosomas con la neurocientífica Anya Hurlbert para producir dos seres completamente humanos), sino, sobre todo, porque también es capaz de explicar lo que muchos lectores habituales de divulgación científica ya han leído muchas veces de una manera tan brillante y llamativa que todo parece recién desprecintado. </p>

	<p>Al ser un libro de divulgación científica escrito por un periodista también hay que advertir que nos encontramos ante un <em>digest</em> o resumen muy superficial de asuntos que abarcan décadas de investigación. Sin embargo, Ridley ataca el meollo de la cuestión con tal grado de síntesis que el lector más exigente no saldrá defraudado (y siempre se le recomienda una bibliografía aparte si prefiere profundizar sobre algún tema).</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>El volumen, tal y como se alude en el propio libro, está dividido en 23 capítulos. Un capítulo dedicado a cada uno de los pares de cromosomas del ser humano. Un resume de nuestra esencia. Pues en el ADN se encuentra escrito y codificado nuestra forma de ser, nuestra forma de pensar, nuestro rol sexual, nuestras enfermedades, nuestros anhelos e incluso nuestra fe.</p>

	<p><strong>Genoma</strong>, sobre todo, está orientado a lectores profanos, y serán estos los que más tendrán que recalibrar sus creencias respecto a muchas cuestiones que creían intocables. Por ejemplo, aceptando que la influencia paterna en nuestra educación es prácticamente nula (salvo la instilada mediante la herencia genética). Que el lenguaje está prefigurado en nuestra mente incluso antes de nacer. Que nuestra salud y nuestro corazón está a merced de nuestra posición en el mundo laboral: cuanto más escalemos en la pirámide jerárquica, mejor salud coronaria tendremos. O que las moscas de la fruta pueden decirnos mucho acerca de lo que es la inteligencia. </p>

	<p>Quienes, espoleados por el síndrome de Frankenstein, se nieguen a aceptar que el ser humano pueda estar tan determinado por su código genético, dos buenas noticias. La primera es que no es exactamente así, y Ridley dedica todo un capítulo a explicarlo de una forma muy clara. La segunda buena noticia es que, después de leer el libro, quizás prefiráis estar determinados por vuestro ADN antes que por la alternativa: el determinismo sociológico o cultural.</p>

	<p>En definitiva, un libro de divulgación fundamental si uno quiere estar al tanto de los últimos avances acerca de lo que somos, pues el genoma será nuestra brújula el próximo siglo. Ningún profeta del Antiguo Testamento, ningún oráculo de la antigua Grecia de los que examinaban las entrañas, ninguna pitonisa pudo predecir jamás con tanta precisión lo que el alfabeto genético nos dice de nosotros mismos, incluido el día que moriremos. Las tres mil millones de “palabras” de tres letras del genoma.  </p>

	<p>Editorial Taurus<br />
Colección Taurus Pensamiento<br />
390 páginas<br />
ISBN: 84-306-0414-6</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.taurus.santillana.es/ld.php?id=352">Ficha en Editorial Taurus </a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El ADN de los manuscritos medievales]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/coleccionismo/el-adn-de-los-manuscritos-medievales</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/coleccionismo/el-adn-de-los-manuscritos-medievales</guid>
      <pubDate>Tue, 13 Jan 2009 08:12:40 +0000</pubDate>

      <author>Magalí Urcaray</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id=image4719 alt="Manuscrito medieval" src="http://img.papelenblanco.com/2009/01/manuscrito.jpg" />En estos momentos investigadores de la North Carolina State University y del Southside Virginia Community College (EE.UU.) se concentran en investigar la fecha de creación de algunos manuscritos medievales a través del <strong>estudio genético de la piel animal de los pergaminos</strong>. La iniciativa parte del hecho de que, si bien durante la Edad Media se escribieron interesantes libros de los que se conservan miles de ejemplares, de la mayoría de ellos se desconoce la fecha y el lugar de creación. </p>

	<p>Dada la escasa fiabilidad de los procedimientos tradicionales empleados en estos casos, basados en el dialecto y la escritura manual, ahora se recurre a la investigación del ADN de la piel animal con la que se fabricaron los pergaminos (por lo general piel de oveja). Tras el análisis genético se creará una base de datos espacial y temporal que se cotejará con los datos existentes, de forma que pueda extraerse una información más pecisa.</p>

	<p>Según Michael Stinson, uno de los investigadores del proyecto, en ciertos tipos de manuscritos es frecuente que figure la fecha de creación, como en los libros de crónicas, calendarios o documentos legales, pero no en los textos de carácter literario.<!--more--></p>

	<p>La parte más compleja del estudio se realiza en el <a href="http://www.ancientdna.com/">laboratorio de Paleo-ADN</a> de la Universidad Lakehead de Ontario (Canadá), especializado en el material genético ancestral. El método promovido por Stinson se presentará el próximo 23 de enero en la Bibliographical Society of America, en Nueva York.</p>

	<p>De cara al futuro, el reto consistirá en analizar el ADN nuclear, del que se podría obtener mayor información pero cuya extracción resulta mucho más difícil. Entre las propuestas del equipo también está la de refinar el proceso de extracción de muestras para dañar los manuscritos lo menos posible (en estos momentos se utilizan muestras de 0,5 por 0,5 cm) y extender el método a todas las bibliotecas del mundo.</p>

	<p>Junto al esclarecimiento del lugar y fecha de creación de los manuscritos, el estudio busca establecer la ruta comercial de pergaminos durante el Medievo, lo que supondría un paso más en nuestro conocimiento de la historia del libro.</p>

	<p>Vía | <a href="http://www.revistaenie.clarin.com/notas/2009/01/12/_-01838240.htm">Revista Ñ</a></p>      ]]></description>
      </item>
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