‘Ansiedad por el estatus’ de Alain de Botton
Enésimo libro que reseño de Alain de Botton. Pero es que este autor crea adicción. Todas sus obras son divertidas, eruditas, fáciles de leer y altamente interesantes. La que nos ocupa, Ansiedad por el estatus, no es una excepción. Aunque Alain de Botton adolece aquí de unos cuantos defectos que no se perciben en obras anteriores, defectos que podrían resumirse en una sola frase: digresión y falta de puntería.
Que nadie me malinterprete. Leer Ansiedad por el estatus es una gozada. Más de uno aprenderá montañas sobre sí mismo y su relación con el dinero y las posesiones, pero al llegar a la última página, tal vez también os asalte la sensación (como a mí) de que el autor no ha querido profundizar demasiado ni tampoco “mojarse”. Como si hubiera agarrado un puñado de artículos dispersos y los hubiera unido por un vago hilo conductor punteado de citas históricas. Esta falta de cohesión, sin embargo, no debe echaros hacia atrás: leer a Alain de Botton es una obligación. Siempre.
Siendo sincero, y aun a riesgo de parecer sacrílego, he de reconocer que la lectura de muchos de los clásicos que la Literatura, con mayúsculas, ha entronizado me han dejado más bien frío. Da la impresión que con las letras, cuanto más polvo acumulen, más valor se les debe otorgar; o al menos, mayor dosis de respeto y veneración. Simplemente por sus arrugas valetudinarias. Como si la cronología tuviera algo que ver con la crítica.
El prolífico Alain de Botton me vuelve a sorprender con un delicioso libro que mezcla la autoayuda culta e inteligente con la historia de la literatura desde el punto de vista de ese excéntrico y genial personaje que era Marcel Proust.
Carambolas de la vida, cayeron en mis manos dos libros con similares propósitos: el popularísimo Más Platón y menos Prozac, de Lou Marinoff, y el que es objeto de esta reseña, Las consolaciones de la filosofía.
Vamos con la primera novela del ahora reputado filósofo Alain de Botton, aunque llamar novela a Del amor quizá es un poco inexacto. Mejor sería: disección quirúrgica del proceso del enamoramiento, el emparejamiento y la posterior disolución de la relación. Pero como queda algo largo, lo dejaremos en “novela filosófica” sobre el amor. Aunque, si bien es cierto que hay mucha filosofía y erudición academicista en Del amor y escaso argumento, ello no es sinónimo de sopor ni de falta de emoción. Del amor es muy entretenida, jugosa y hasta emocionante.
Viajar se ha convertido en una de las actividades más placenteras (o al menos, más ubicuas) de las sociedades pudientes. Y como cualquier otra actividad ligada íntimamente a la capacidad económica (con sus ofertas, con sus desplazamientos en manada, con sus colecciones de postales y fotografías con las que luego mortificar a familiares y allegados, con sus créditos para financiarse una semanita en una playa paradisíaca), uno termina desarrollándola con voracidad, sin preguntarse para qué sirve lo que está haciendo o si realmente ello le hace feliz. El arte de viajar, de Alain de Botton, si bien no responde del todo a estas preguntas, sí que pertrecha convenientemente al lector con las herramientas para empezar a viajar de otra manera, de una manera más satisfactoria e inteligente.