Hoy se cumplen 200 años del nacimiento de Nikolái Gógol (1809-1852), considerado padre del realismo moderno ruso. Dos países celebran hoy con festejos la figura del escritor y se disputan su legado: Rusia y Ucrania.
Gógol nació en Soróchintsi, en la región de Poltava, actual Ucrania, pero en 1828 se trasladó a San Petersburgo, donde comenzó su carrera literaria de la mano de Pushkin. Fue con la publicación en 1836 de la comedia ‘El inspector’, de un marcado tono satírico, cuando Gógol comenzó a ser conocido como escritor. Debido a la controversia generada por dicha obra, Gógol empiró a Roma, y pasó sus siguientes cinco años entre Italia y Alemania. Durante esa época se gestó la primera parte de su novela cumbre, Almas muertas, que se publicó en 1842. En los años siguientes su fe cristiana ortodoxa se radicalizó y tras el regreso de una peregrinación a Jerusalén, decidió abandonar la literatura y concentrarse en la religión. Días antes de su muerte en Moscú, quemó lo que había escrito de la segunda parte de ‘Almas muertas’. Sólo algunos fragmentos se escaparon de la quema y lograron hacerse públicos.
La presentación en Kiev (Ucrania) de las obras completas de Gógol en ruso y en ucraniano ha reavivado la disputa por el monopolio del escritor, en especial a raíz de la traducción de la novela Taras Bulba. La acción está ambientada en el siglo XVI en tierras ucranianas, actualmente rusas, que estaban parcialmente ocupadas por polacos. Para muchos críticos y políticos rusos, la traducción al ucraniano elimina alusiones como “Rusia” y “patria rusa” y las sutituye por “nuestra tierra”, “la tierra de los cosacos” o “Ucrania”, en un intento de adaptar la obra a la situación política presente.

