
«El castaño está en flor de arriba abajo. Además, está lleno de hojas y se ve mucho más bonito que el año pasado.» – Ana Frank, 13 de mayo de 1944
El tiempo y el clima son inclementes y ahora nos recuerdan que por más intentos que hagamos en preservar las cosas, llega un momento en que ellos pueden más que nuestros cuidados, sobre todo cuando se trata de un evento poco controlable como las intensas lluvias y vientos que han azotado a Ámsterdan en los últimos días y que derribaron el anciano árbol que Ana Frank veía desde su escondite y que la conectaba de alguna manera con el exterior.
Algunas personas estarán contentas, ya que desde hace algún tiempo existía el debate sobre si el árbol debía ser derribado al pensar que podía significar un riesgo para las personas que transitan por la zona. La Fundación Ana Frank, previendo cualquier acción contra este ícono natural, tomó la previsión de plantar replicas en varias partes de la ciudad y del país. Es así como hay “retoños del castaño” en varios colegios del mundo entero y a las afueras de Ámsterdam donde en el bosque se plantaron cerca de 150 ejemplares.





Ésta es una antología de cuentos fundamentalmente ucrónica. Si una utopía es (ou = ningún; topos/topia = lugar, localización) un lugar inventado, una ucronía es una reformulación lógica de los acontecimientos históricos en base a uno o más cambios en la historia; algo así como “qué hubiera pasado si…”. En Páginas perdidas, del originalísimo e iconoclasta Paul di Filippo, sólo hallaremos salvajes ucronías protagonizadas por personajes conocidos por muchos. Y todas ellas están organizadas por décadas: una ambientada en los años 20, dos en los años 30, otras dos en los años 40, una más en los años 50 y finalmente tres más en los años 60. En total, 10 ucronías; la primera, sin embargo, es un pequeño ensayo que trata sobre las causas del declive de la ciencia ficción.
Un consejo muy difundido a la hora de escribir, es que no se piense nunca en el lector hipotético. Que se escriba pensando que nadie va a leer la obra en cuestión. Cuando se escribe un diario, este pensamiento se encumbra hasta ser considerado el documento más íntimo posible. La realización de un diario puede ser vista, en definitiva, como el diálogo del escritor con su otro “yo”.