Esta semana tuvimos la noticia de que Albert Uderzo, quien con René Goscinny creara los álbumes de Astérix el galo en 1959, accedía a que se continuaran a publicar historias del personaje tras su muerte. Y en el país vecino todos se alegraron mucho al pensar que sus míticos héroes sobrevivirían a sus creadores de carne y hueso. ¿Todos? No, una irreductible editora cree que Uderzo se debería llevar a Astérix a la tumba. Y no es otra que su hija (real) Sylvie Uderzo, que carga contra él en una carta enviada a Le Monde.
Me veo obligada a entrar en lucha contra los que son, quizás, los peores enemigos de Astérix: los hombres de la industria y las finanzas. Los que han empujado a mi padre a renegar de todos los valores en los que me ha educado: la independencia, la fraternidad, la convivencia y la resistencia… Este primer acto de victoria sobre los irreductibles galos es el único escenario que nunca nos pudimos imaginar… Como si los personajes de Detritus o algún otro Accidentrix hubieran entrado en el pueblo, hubieran visto al jefe, Albert, mi padre, y hubieran vencido… ¡Como si hubieran obtenido que las puertas del pueblo se abrieran al imperio!
Para entender el enfado de Sylvie Uderzo hay que contextualizar lo que ha ocurrido. Albert Uderzo ha accedido a vender su 40% de la sociedad que gestiona los derechos de Astérix a la editorial Hachette, quien también ha comprado el 20% perteneciente a Anne Goscinny, hija de René. Con lo cual Hachette se encuentra en mayoría frente a la tercera propietaria… la propia Silvie Uderzo.

