Enésimo libro que reseño de Alain de Botton. Pero es que este autor crea adicción. Todas sus obras son divertidas, eruditas, fáciles de leer y altamente interesantes. La que nos ocupa, Ansiedad por el estatus, no es una excepción. Aunque Alain de Botton adolece aquí de unos cuantos defectos que no se perciben en obras anteriores, defectos que podrían resumirse en una sola frase: digresión y falta de puntería.
Que nadie me malinterprete. Leer Ansiedad por el estatus es una gozada. Más de uno aprenderá montañas sobre sí mismo y su relación con el dinero y las posesiones, pero al llegar a la última página, tal vez también os asalte la sensación (como a mí) de que el autor no ha querido profundizar demasiado ni tampoco “mojarse”. Como si hubiera agarrado un puñado de artículos dispersos y los hubiera unido por un vago hilo conductor punteado de citas históricas. Esta falta de cohesión, sin embargo, no debe echaros hacia atrás: leer a Alain de Botton es una obligación. Siempre.

Viajar se ha convertido en una de las actividades más placenteras (o al menos, más ubicuas) de las sociedades pudientes. Y como cualquier otra actividad ligada íntimamente a la capacidad económica (con sus ofertas, con sus desplazamientos en manada, con sus colecciones de postales y fotografías con las que luego mortificar a familiares y allegados, con sus créditos para financiarse una semanita en una playa paradisíaca), uno termina desarrollándola con voracidad, sin preguntarse para qué sirve lo que está haciendo o si realmente ello le hace feliz. El arte de viajar, de Alain de Botton, si bien no responde del todo a estas preguntas, sí que pertrecha convenientemente al lector con las herramientas para empezar a viajar de otra manera, de una manera más satisfactoria e inteligente.