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antropología

‘Parafernalia’ de Steven Connor: la curiosa historia de nuestros objetos cotidianos

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parafernalia_9788434400283.jpgParafernalia habla de las cosas, a modo de enciclopedia. Pero no es una enciclopedia. Steven Connor ha conseguido que un libro enciclopédico se convierta en una obra deliciosa, de lectura pausada. Sí, Connor habla de las cosas que nos rodean, las cosas más insignificantes, pero lo hace con una elegancia, una erudición y una pizca de poesía tan irresistible que, más que una enciclopedia, estamos ante una realidad novelada.

A veces, Parafernalia recuerda más a El primer trago de cerveza de Philippe Delern que a un catálogo de curiosidades sobre los objetos cotidianos. Connor no ha querido dejarse en la aduana los signos distintivos del talento, o los ha degradado hasta hacerlos neutros, como suele ocurrir en los manuales o en las colecciones de explicaciones históricas acerca de objetos cotidianos.

Connor no pretende ser un escriba dócil, o un notario de la realidad. Connor se implica casi emocionalmente con cada objeto y le saca brillo a base de frotarlos como si fueran lámparas mágicas que ocultan un genio en su interior. Y os lo aseguro: tras la lectura de Parafernalia, empezaréis a contemplar objetos tan anodinos como un botón o un alfiler como artefactos mágicos.

De algún modo, Connor cultiva la actividad de observar frente a la de mirar, un poco en la línea de Patricia Schultz en su libro 1.000 sitios que ver antes de morir:

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‘El meme eléctrico’ de Robert Aunger: una nueva teoría de cómo pensamos

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El término meme está de moda. De hecho, es un meme en sí mismo. Los memes son unidades culturales que se propagan de cerebro a cerebro, tal y como lo hacen los genes a la hora de transmitir información hereditaria; los memes transmiten información cultural: maneras de proceder, ideas, canciones, sonetos, etc.

Sin embargo, como toda moda generada alrededor de un término denso, la mayoría de sus seguidores apenas saben en realidad cuáles son las implicaciones de la misma. Lo mismo sucede con sus detractores: ya he podido leer a varias personas desdeñando los memes, entre otras cosas arguyendo que nada nuevo aportan a los fundamentos de la cultura o, en suma, a cómo pensamos.

Mucho me temo, pues, que tanto adoradores como detractores populares de la memética no han leído demasiados libros sobre el tema: los argumentos de ambos bandos son, cuando menos, endebles.

Lo que propone el antropólogo Robert Aunger, sin embargo, es ir un poco más allá en la teoría memética, tornando todavía más complejo lo que ya de por sí lo era (y, por tanto, más inaccesible para los adoradores/detractores de boquilla).

Hasta ahora, una de las propiedades más difíciles de asumir cuando empiezas a entender lo que es un meme es que los memes no tienen entidad física. Un meme no tiene tamaño, ni peso. Tampoco se puede medir, ni observar, ni tampoco catalogar. En ese sentido, un meme es una especie de experimento mental o de metáfora, como la cueva de Platón, el demonio de Descartes, la visión de Hobbes del estado de la naturaleza y el contrato social o la idea de Kant del imperativo categórico. (Un experimento, con todo, imbricado en los recientes descubrimientos en neurociencias, así que en nada se parecen a las ideas similares esgrimidas por pensadores de antaño: sería como afirmar que el Hubble no ofrece nada nuevo de lo que Galileo ya intuyó).

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‘El miedo a la ciencia’ de Robin Dunbar

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No nos engañemos: lo que mola cantiduvi es creer en una visión holística del mundo, en el libre albedrío, en el juicio individual ponderado, en el altruismo de capilla, en la armonía del cosmos, en la sabia naturaleza y en el cine de filmoteca como quintaesencia de la hondura psicoemocional… aunque haya quintales de pruebas que sugieran que la mente humana está sólo imperfectamente diseñada para la evaluación racional de datos y, sobre todo, al servicio de un objetivo primordial: el intercambio de ADN.

Lo que mola es la opinión (cada uno tiene la suya, hasta el más estulto), el subjetivismo (¡es mi opinión!). el relativismo (todas las opiniones valen lo mismo, respétalas todas) y, sobre todo, mola la filosofía intelectualoide basada en la prosa densa y pedante, el salpicón de citas, las bengalas aforísticas (lo que le mola al personal repetir frases como loros, buf) y otros frutos de la razón primitiva.

Finalmente, añadamos un ingrediente al coctel contemporáneo que se beben todos los que van de profundos por este mundo: el síndrome de Frankenstein: la fobia a lo nuevo, a la tecnología, a los mad doctors, en definitiva, el miedo a la ciencia.

Que así se llama la obra del antropólogo y biólogo evolucionista Robin Dunbar que me he leído esta semana: El miedo a la ciencia. Y de todo esto trata el libro, y también de que todavía, en muchas parcelas de la vida, pensemos y actuemos como campesinos de la Edad Media que se hincan de rodillas cuando oyen un relámpago / el pope de turno suelta su soflama / se prometen gratificaciones postmortem cuando el antemortem es una caca / etc.

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‘Colapso’ de Jared Diamond: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen

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Hagamos lo que hagamos, seamos quienes seamos, todos compartimos rasgos culturales, sociales y políticos con sociedades distribuidas por todo el planeta. Por ejemplo, si te dedicas a los negocios, probablemente precisarás de la ayuda de la fonética asiria, de la imprenta china, del álgebra árabe, de la numeración india, de la doble contabilidad italiana o de las leyes mercantiles holandesas.

Sin embargo, algunas sociedades desaparecen de repente, desvinculándose del resto, como si sus dirigentes se hubieran dedicado a poner palos en las ruedas. Tal vez entender los motivos que llevaron a aquellas civilizaciones a autoaniquilarse pueda ponernos en la pista de los errores que estamos cometiendo.

Pero analizar estos motivos requiere de un enfoque multidisciplinar de la sociología, la economía, la lingüística, la biología y la antropología. ¿Quién podría dedicarse a una empresa tan monumental como ésa? Sin duda el autor de Armas, Gérmenes y Acero, el Premio Pulitzer Jared Diamond.

El resultado: Colapso. Un mamotreto de más de 700 páginas que escarba en los síntomas que condujeron a su ocaso a civilizaciones como las de la isla de Pascua, los mayas o los vikingos, y además analiza sociedades actuales en proceso de colapso como la de Ruanda, Haití o la Australia minera. Diamond no sólo expone los motivos, también entresaca lecciones que podríamos aplicarnos nosotros.

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‘Nuestra especie’ de Marvin Harris

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El antropólogo Marvin Harris es un autor prolífico. Difícilmente habrás leído todos sus libros, aunque hay algunos que son imprescindibles, como Bueno para comer. Pero existe un atajo: Nuestra especie.

Nuestra especie es una suerte de compendio en forma de artículos breves (de no más de 4 o 5 páginas) que recoge las reflexiones e informaciones más relevantes de todas las obras publicadas por Harris. Leer Nuestra especie es como leer todo Harris.

A esto se le suma que Nuestra especie es particularmente fácil de leer: siempre trata por encima los asuntos, va al grano, casi como si se trazara un esquema, y considera al lector como un lego en casi todos los asuntos que se abordan (lo que puede resultar un poco tedioso al lector más avezado de ensayos sobre estos temas o al que ya ha leído a Harris).

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'Bueno para comer' de Marvin Harris: los enigmas de la alimentación y la cultura

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Este libro podría infartar a cualquier lector que tenga una concepción jerárquica de la cultura y de las costumbres y estilos de vida allende los mares. El que sienta cierto interés por huir del provincianismo que le ha tocado en gracia a fin de ver el percal con cierta perspectiva, entonces debe zambullirse a pulmón libre en Bueno para comer, del antropólogo más popular del mundo: Marvin Harris.

Harris, aficionado a desgranar los detalles de los estilos de vida de pueblos remotos y extraños para, luego, lanzar sólidas hipótesis acerca de los motivos que los han moldeado, centra ahora sus miras exclusivamente en la comida, en lo que comen algunos, en el asco que nos provoca ciertas pitanzas, en las razones médicas que hay detrás de muchos hábitos, etc.

¿Por qué tenemos ansia de carne? ¿Por qué hay culturas que adoran algunos tipos de carne y desdeñan otras? ¿La leche es beneficiosa o los intolerantes a la lactosa y las culturas asiáticas, que la abominan, demuestran que no? ¿Por qué existen vacas sagradas hindúes en un país que se muere de hambre? ¿Por qué el cerdo resulta repugnante para algunos? ¿Por qué no somos capaces de comernos a los perros como hacen los chinos? ¿No es contradictorio consumir langosta o gambas y no gusanos o cucarachas? ¿Cuánto hay de cierto en la antropofagia?

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‘El cuento del antepasado’, de Richard Dawkins

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Éste es el último libro traducido del influyente y multipremiado Richard Dawkins (Nairobi, 1941). Hace tan poco que salió de la imprenta que aún está caliente. Su tamaño puede asustar: casi 900 páginas de letra diminuta. Y hay razones para asustarse: si no estás realmente muy interesado en temas como la evolución, la biología y la antropología, es mejor que no pierdas el tiempo, porque algunos fragmentos son densos, técnicos y prolijos. Sin embargo, aunque el interés sea medio, vale la pena el esfuerzo aunque para disfrutar de algunos de los legendarios capítulos; capítulos que demuestran cuán diversa y pluscuamperfecta puede llegar a ser la vida en la Tierra.

Este mamotreto constituye una apasionante y tremendamente erudita regresión histórica-biológica hacia el pasado, empezando por nosotros, y pasando por los chimpancés, los lobos, las aves, los delfines, los árboles, los dinosaurios, las bacterias, los líquenes, y así, animal por animal, hasta llegar al denominado por Dawkins como “El gran encuentro histórico”, las primeras células eucariotas.

Para hacer más ameno este cuento hacia atrás en el tiempo, bajando cada vez más el nivel de complejidad (aunque quizá subiendo el nivel de exotismo, singularidad y maravillosa extrañeza), Dawkins ha tomado prestada la estructura narrativa de los Cuentos de Canterbury, de Chaucer. Si en la obra de Chaucer los cuentos de los peregrinos aspiraban a ser una reflexión sobre la vida humana en general; aquí los cuentos son una poliédrica reflexión sobre la vida biológica en toda su extensa diversidad, y los peregrinos han pasado a ser los diferentes animales de los que se habla, que, como aquéllos, se reúnen alrededor de un fuego para contar su historia más íntima.

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