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Arte

¿Un paisaje de Monet… o unos lindos gatitos? No lo pienses demasiado

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El arte no es razón, sino sentimiento (o no es exclusivamente razón). Por ello, a la hora de racionalizar nuestros gustos o apegos estéticos, naufragamos. Por ello, también, hay obras que se consideran excelentes por parte de un grupo de expertos, y sin embargo resulta indigesta para otro.

Porque la razón entorpece el arte. Y por ello también somos capaces de escoger unos lindos gatitos en vez de un paisaje de Monet.

Un experimento realizado por Timothy Wilson, psicólogo de la Universidad de Virginia, aporta evidencia al respecto. El experimento de Wilson consistió en solicitar a un grupo de universitarias que escogieran su cartel preferido.

Entre los carteles disponibles estaban un paisaje de Monet, un cuadro de Van Gogh con lirios morados y tres carteles muy graciosos y muy monos de gatitos.

El grupo de universitarias se dividió en dos. El primero subgrupo debía simplemente puntuar del 1 al 9 los carteles, a ojo cubero. El segundo subgrupo, sin embargo, debía rellenar unos cuestionarios donde se les preguntaba por qué les gustaba o no cada una de las cinco opciones; y a continuación ya podían puntuar. El experimento concluía así: cada universitaria podía llevarse a su casa su cartel favorito.

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'La invención del color' de Philip Ball: la historia del arte contada desde otra perspectiva

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Siguiendo la línea de Psicología del color, de Eva Heller, que ya reseñé hace un tiempo por estos lares, ahora le ha tocado el turno a La invención del color, de Philip Ball.

Si el tema central de Psicología del color era la influencia que tiene y ha tenido el color a lo largo de la historia a todos los niveles, desde el psicológico hasta el histórico pasando por el económico o el cultural, el libro de Ball tiene un enfoque ligeramente distinto: cómo el descubrimiento de nuevos colores influyó en el arte.

La mayoría de los estudios sobre el arte desatienden una faceta tan o más importante que la historia, la política o la creatividad: la tecnología. Ball, que es un célebre escritor de temas científicos que colabora regularmente en Nature, intenta llenar el hueco de forma magistral y profusamente documentada.

Y es que Ball también tiene formación como químico, en ello se nota en cada línea de este libro, donde da más importancia a la sustancia del color que al color mismo; haciendo hincapié en los pigmentos en cuanto a materia, con apariencia, olores, texturas, y nombres atrayentes y embriagadores.

Resulta innegable, a tenor de las continuas zambullidas que realiza Ball a la historia del arte, que la invención y la disponibilidad de nuevos pigmentos químicos fueron en realidad los verdaderos influyentes y coadyuvantes de la evolución de arte, por encima de políticas o modas. Tendemos a pensar que el arte se ha pergeñado como se ha pergeñado en base a las habilidades creativas de los artistas, pero no que el artista, en el fondo, ve limitado por las herramientas de las que dispone. Se habla más de aspectos estilísticos o formales y se descuida el aspecto quizá más importante: el oficio.

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Powering the Arts: una plataforma para que jóvenes talentos den a conocer sus obras

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El portal cultural Powering the Arts ofrece la posibilidad de dar a conocer tu obra, demostrando que Internet es una herramienta fundamental para democratizar la cultura, tanto su creación como su difusión y exhibición.

Desde Powering the Arts se dedican a crear convocatorias para que los artistas suban sus obra y los amates de la cultura las valoren. En el ambito literario tienen convocatorias de Novela, Relatos Cortos y Poesía. Esto se completa con cortometrajes y música.

Hay convocatorias gratuitas y otras Premium.

El mecanismo consta de tres modalidades de registro dentro del portal, como creador, como amante de la cultura o como trabajador en la industria cultural.

En el caso de los creadores les permite subir sus obras y controlar las descargas y votos.

Sitio Oficial | Powering the Arts

¿Cómo se suicidan los escritores?

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Siguiendo la línea del artículo ¿Cuántos escritores están locos?, os voy a hablaros de cuántos escritores han sido suicidas y, lo más importante, qué métodos emplearon para reunirse con la Parca.

No resulta demasiado sorprendente constatar que, entre el colectivo de los escritores, hay un buen número de imaginativos suicidas, porque también hay una mayoría de locos.

Además, los escritores acostumbran a ser criaturas especialmente sensibles, volubles, vulnerables e hiperestésicas. Lo son por varios motivos, pero principalmente porque se nutren de su sensibilidad para plasmar historias que conmueven. Y también porque los autores suelen necesitar la palmadita en la espalda para continuar adelante: una pequeña crítica puede ser demoledora.

Como ya os expliqué en ¿Los escritores sólo escriben a cambio de sexo? (I) y (y II), ellos escriben, escribimos, para que nos quieran. Cuando no es así, el escritor sufre hasta límites insospechados.

A todo esto se le suma que en el suicidio siempre subyace lo decadente, y lo decadente es cool en el ámbito literario.

Dicho lo cual, el salto que dio Virginia Woolf hacia las aguas del río Ouse en la primavera de 1941, con los bolsillos cargados de piedras, adquiere otra dimensión. Ni tampoco las muertes de Mishima, Horacio Quiroga o Gabriel Ferrater.

Artaud ingirió una sobredosis de láudano en 1948. Cesare Pavese se envenenó en el Hotel Roma de Turín, nada menos que con 16 sobres de somníferos, en agosto de 1950. Hemingway se disparó un tiro en la boca en julio de 1961. Stefan Zweig se mató en Brasil junto a su secretaria Carlota Altman, con la que se había casado, huyendo de la persecución nazi. Alejandra Pizarnik se suicidó con barbitúricos el 25 de septiembre de 1972. Paul Celan se arrojó al Sena el 30 de abril de 1970. Vladimir Maiakovski se disparó con un revólver el 14 de abril de 1930.

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¿Qué trucos usan los escritores para llamar a la inspiración?

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musas.jpgLo de la inspiración tiene miga. Es cierto que, cuando te sientes arrebatado de inspiración, las palabras, las ideas, las historias parecen fluir por sí mismas, como si ya estuvieran escritas en algún sitio y tú sólo te limitaras a copiarlas, cual amanuense.

Pero en lo de la inspiración también hay mucho de camelo o de impostura. Siempre he creído que el artista que tiene a una musa a su lado, por ejemplo, la tiene más por placer estético (o por echar un casquete de vez en cuando) que por verdadera inspiración. Lo de las musas es una moda que se ha ido perpetuando pero es de todo punto absurda: como si un cirujano tuviera que tener a su lado a coach para hacer bien su trabajo.

La mejor inspiración es la transpiración: 8 horas sentado cada día frente a un escritorio y, hale, con los días, los meses o los años, obtendrás frutos que ni un ejército de musas podría recolectar.

Pero bueno, si nos ponemos un poco románticos, vale, mi truco para inspirarme es ducharme. En la ducha, bajo el agua, es cuando se me ocurren las mejores ideas. Como si la ducha fuera una cámara llena de ecos donde reverberan las ideas, o algo así.

Y los escritores también tienen sus propias técnicas. Vamos a descubrir algunas de ellas:

Hemingway, por ejemplo, escribía a lápiz, sobre papel de cebolla, y controlaba sus progresos anotando escrupulosamente el número de palabras que escribía a diario.

Goethe escribía de pie, con pluma, porque le desconcentraba el sonido del lápiz arañando el papel.

Robert Graves escribía en su casa de Mallorca, en una habitación donde todo estaba hecho a mano (exceptuando los interruptores de la luz). Decía que estar rodeado de cosas construidas de forma artesanal era importante para su actividad creativa.

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El corrector automático de novelas

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hal9000.jpg¿Qué pasaría si algún día la labor de editores y correctores estilísticos quedara relegada a la mínima expresión, al simple chequeo del informe elaborado por un cerebro artificial?

Hace apenas dos años, la mayor empresa de pruebas educativas de Inglaterra, Edexcel, anunció la creación de un sistema automatizado de corrección de exámenes basado en la inteligencia artificial. El programa de marras sería capaz de leer y evaluar los trabajos redactados por los estudiantes británicos como parte de una prueba de dominio del idioma. En el suplemento del Times, un portavoz de Edexcel declaró que este sistema ofrecería:

la corrección de los examinadores humanos, eliminando a la vez elementos humanos como el cansancio y la subjetividad.

Por supuesto, el juicio humano, sobre todo en cuestiones tan subjetivas como valorar la excelencia de una prueba académica o de una obra de arte, es falible. Sin embargo, esos errores también permiten mayor flexibilidad. Una flexibilidad de la que carecen (todavía) las inteligencias artificiales. Un juicio borroso que puede errar, pero que también permite alcanzar cotas de intuición y sagacidad que difícilmente entendería C-3PO.

Tal y como señala Nicholas Carr a propósito de este programa:

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Si el arte no existe, puedes inventarlo

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Los días, los años, transcurrían inexorables, y José no cosechaba resultados satisfactorios a pesar de que el tiempo, aquel tirano instalado en su reloj de pulsera, le imprimía un vertiginoso ritmo de trabajo, cual tamtam de un barco de remos.

José escribía mucho. Descripciones, diálogos, metáforas, nombres de personajes, todo en gran abundancia y aderezado por una especie de trama mal hilvanada. Con todo, también asumía que tal vez lo que escribiera fueran palabras anémicas y textos apenas llamados por la inspiración del arte.

Porque en gran medida no escribía con el ánimo de plasmar historias de ficción sino que se limitaba a hacer la pose de escritor, tratando de imbuirse en la personalidad enigmática de un aventurero de las letras que se pierde en la madrugada, fumando en pipa, rodeado de silencio, con la cabeza levemente inclinada esperando la llegada de la inspiración, nimbado por una aureola de bohemia, con los ojos sagaces pero la mente perpetuamente enturbiada por el alcohol y la absenta, con la barba entrecana de veteranía, confinado en la luz de un flexo, creando una obra que conmovería al mundo.

La verdadera imagen que inspiraba en aquellos momentos no era ésa, ni mucho menos, más bien era la de un maniático y obsesivo clérigo amanuense encorvado sobre una actividad frenética de mera reproducción de textos. Porque José no tenía mundología ni experiencias vitales que comunicar. ¿Qué narrar entonces? ¿Sus manías? ¿Sus dificultades en clase? ¿Sus crisis de fe? ¿O debía ahondar en su imaginación?

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A serbian film: ¿todavía vivimos en una época de censura medieval? (I)

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a-serbian-film.jpgAyer la vi. A eso de las 00:00 reconozco que vi la película entera. Me refiero la película A serbian film. Y bien, tienen razón: es una película que me hizo pasar un mal rato y, en general, me pareció abominable. Pero bueno, también el fútbol y Belén Esteban me parecen abominables, así que supongo que soy una persona demasiado sensible.

La cuestión es: ¿tengo derecho a censurar una obra de ficción porque me parece abominable?

Ayer, un juez de Vilanova i la Geltrú creyó que sí. Y más aún: imputó al director del festival de Sitges, Ángel Sala, por un presunto delito de pornografía infantil al permitir la exhibición en el certamen de la película A serbian film, pues en ella se incluyen escenas de sexo con menores.

Son escenas durísimas. De las más duras que haya podido ver en el cine. Pero son escenas de ficción. Repito: de ficción. En las películas de guerra también he asisto a escenas tremebundas de violaciones y mutilaciones de mujeres, por ejemplo.

Pero la Asociación de Defensa del Menor denunció el caso ante la Fiscalía, que abrió diligencias. Según el artículo 189.7 del Código Penal, se castiga con penas de tres meses a un año de cárcel a quien “produjere, vendiere, distribuyere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada.”

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Hay gente que se saca una escultura de donde sea... incluso de un puñado de libros

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Escultura de papel

Y si no que se lo digan a nuestro protagonista de hoy. Se trata del taiwanés Chen Long-bin, y sí, eso que estáis viendo ahí son esculturas hechas con papel, especialidad de nuestro amigo. Para ellas suele utilizar guías telefónicas, revistas, periódicos y algún que otro libro (seguro que estáis dispuestos a ofrecerle generosamente algún ejemplar… jeje). Vamos, que mientras que sea papel, este hombre lo recicla de la preciosa manera que estáis viendo.

Chen estudió Bellas Artes en su país y es autodidacta en la talla de madera. Pero pronto le puso los ojitos al papel allá por 1993, como símbolo de los restos culturales de nuestra sociedad moderna, debido al crecimiento que por aquellos años tenían los ordenadores. Así, se daría cuenta de las increíbles cualidades de este material para crear arte, y desde entonces ha ganado multitud de premios y ha expuesto en todos los rincones del mundo, demostrando que su idea no es ninguna tontería.

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Las maravillas de la Edad Media más cerca gracias a Jacques Le Goff

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Edad Media

Ya sabéis lo mucho que me gustan los libros de arte e historia. Será deformación profesional, pero cuando veo libros como el que os muestro hoy es inevitable no echarle aunque sea una miradita. Se trata de Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media de Jacques Le Goff, un libro que por su formato pequeño en tapa dura y las ilustraciones te pide a gritos que te lo lleves a casa. Lo edita Paidós y su precio es 25 euros.

En este libro singular Jacques Le Goff nos acerca a una Edad Media vívida y brillante a través de sus héroes, como Carlomagno o el Cid, y por supuesto, a través de sus maravillas, como sus construcciones inigualables. Mitos y leyendas se mezclan con la realidad, con la historia; las fronteras entre lo natural y lo sobrenatural se difuminan, acercándonos a una época fascinante, con sus luces y sus sombras, sus secretos y sus realidades. La iconografía medieval nos muestra el camino hacia un viaje fascinante, y todo desde la comodidad de nuestra casa.

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