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		<title>Magazine - arte</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
		<description>
Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 02:41:17</pubDate>

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      <title><![CDATA[¿Un paisaje de Monet… o unos lindos gatitos? No lo pienses demasiado]]></title>
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      <pubDate>Tue, 06 Sep 2011 15:52:40 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/09/gatitos-con-gorro.jpg" alt="" /><strong>El arte no es razón, sino sentimiento</strong> (o no es exclusivamente razón). Por ello, a la hora de racionalizar nuestros gustos o apegos estéticos, naufragamos. Por ello, también, hay obras que se consideran excelentes por parte de un grupo de expertos, y sin embargo resulta indigesta para otro. </p>

	<p>Porque la razón entorpece el arte. Y por ello también somos capaces de escoger <strong>unos lindos gatitos en vez de un paisaje de Monet</strong>.</p>

	<p>Un experimento realizado por <strong>Timothy Wilson</strong>, psicólogo de la Universidad de Virginia, aporta evidencia al respecto. El experimento de Wilson consistió en solicitar a un grupo de universitarias que escogieran su cartel preferido.</p>

	<p>Entre los carteles disponibles estaban un paisaje de Monet, un cuadro de Van Gogh con lirios morados y tres carteles muy graciosos y muy monos de gatitos. </p>

	<p>El grupo de universitarias se dividió en dos. El primero subgrupo debía simplemente puntuar del 1 al 9 los carteles, a ojo cubero. El segundo subgrupo, sin embargo, <strong>debía rellenar unos cuestionarios donde se les preguntaba por qué les gustaba o no cada una de las cinco opciones</strong>; y a continuación ya podían puntuar. El experimento concluía así: cada universitaria podía llevarse a su casa su cartel favorito.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Estamos hablando de universitarias, así que ya os podéis imaginar el resultado: <strong>el 95 % escogieron Monet o Van Gogh.</strong> (Ojo, no sugiero que las universitarias tengan mayor o menor sensibilidad artística per se, sino que las universitarias encajan generalmente en una serie de arquetipos en los que caben obras de arte de este calado por encima de carteles más comunes: es decir, no sólo escogen porque les gusta la obra de arte sino porque se espera de ellas que escojan la obra de arte: no hacerlo las convertiría frente a los demás, quizá, en unas simplonas).</p>

	<p>¿Qué pasó con las universitarias que tuvieron que justificar sus gustos en el cuestionario? <strong>Se dividieron en partes iguales entre los cuadros y los gatos divertidos</strong>. La explicación de ello la aporta el propio Wilson:</p>

<blockquote>Al contemplar un cuadro de Monet, en general la mayoría de las personas tienen una reacción positiva. Al pensar por qué sienten tal o cual sensación, sin embargo, lo que les viene a la cabeza y es más fácil verbalizar quizá sea que algunos de los colores no son muy agradables y que el tema, un pajar, es bastante insulso. Como consecuencia de ello, las mujeres acabaron seleccionando los pósters graciosos de felinos, aunque sólo fuera porque éstos les permitían explicarse mejor.</blockquote>

	<p>Al cabo de un tiempo, las universitarias seleccionadas fueron sometidas a otra entrevista en la que se les preguntó hasta qué punto estaban satisfechas con el cartel escogido para su casa. El 75 % de las que escogieron gatitos, lo lamentó. <strong>Pero nadie se arrepintió de su elección de Monet o Van Gogh</strong>.</p>

<blockquote>Las mujeres que hicieron caso a sus emociones acabaron tomando decisiones mucho mejores que las que confiaron en su capacidad de razonamiento. Cuanto más pensaban en los pósters que querían, más engañosos se volvían sus pensamientos. El autoanálisis se traducía en menos conciencia de uno mismo.</blockquote>

	<p>Algo parecido ocurre con la música, concretamente con los cantantes o los músicos ejecutantes. Existen casos de estrellas de la ópera que, justo una noche en la que se pide lo mejor de ellas, acaban por cometer clamorosos errores. <strong>Estos problemas pueden volverse crónicos</strong>, hasta el punto de que una estrella de la ópera se puede llegar a plantear abandonar porque ya no es capaz de cantar bien. Como si lo hubiera olvidado todo.</p>

	<p>La razón última de este proceso es el exceso de razón, de pensamiento. Ello menoscaba la naturalidad. Es lo que los cantantes llaman “ahogamiento”: <strong>lo único que incapacita al intérprete son sus propios pensamientos</strong>.</p>

	<p>Señala <strong>Johan Lehrer</strong>:</p>

<blockquote>Aunque pueda parecer una categoría amorfa de fracaso, o incluso un caso de exceso de emoción, en realidad el ahogamiento se debe a un error mental concreto: pensar demasiado. En general, la secuencia de episodios es como sigue: su una persona se pone nerviosa sobre su actuación, por lógica se vuelve más autorreflexiva. Empieza a centrarse en sí misma, intentando asegurarse de no cometer fallos. Comienza a inspeccionar acciones que como mejor se realizan es como el piloto automático.</blockquote>

	<p>Así es el arte. Visceral, emotivo, epidérmico, límbico. La razón poco o nada puede hacer ahí. Las exégesis, a veces, le quitan la gracia. ¿Tal vez sólo existe un análisis perfecto pero, a causa de limitaciones epistemológicas, nos limitamos a dar válidas cualquier exégesis porque no hay forma de impugnar lo que ignoramos? <strong>Ya estoy pensando demasiado</strong>…</p>

	<p>Vía | <em>Cómo decidimos</em> de Jonah Leherer</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA['La invención del color' de Philip Ball: la historia del arte contada desde otra perspectiva]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/divulgacion/la-invencion-del-color-de-philip-ball-la-historia-del-arte-contada-desde-otra-perspectiva</link>
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      <pubDate>Mon, 05 Sep 2011 16:11:14 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/09/la-invencion-del-color-philip-ball-paperback-cover-art.jpg" alt="" />Siguiendo la línea de <em>Psicología del color</em>, de <strong>Eva Heller</strong>, que <a href="http://www.papelenblanco.com/ensayo/apsicologia-del-colora-de-eva-heller">ya reseñé hace un tiempo por estos lares</a>, ahora le ha tocado el turno a <em>La invención del color</em>, de <strong>Philip Ball</strong>. </p>

	<p>Si el tema central de <em>Psicología del color</em> era la influencia que tiene y ha tenido el color a lo largo de la historia a todos los niveles, desde el psicológico hasta el histórico pasando por el económico o el cultural, el libro de Ball tiene un enfoque ligeramente distinto: <strong>cómo el descubrimiento de nuevos colores influyó en el arte</strong>.</p>

	<p>La mayoría de los estudios sobre el arte desatienden una faceta tan o más importante que la historia, la política o la creatividad: <strong>la tecnología</strong>. Ball, que es un célebre escritor de temas científicos que colabora regularmente en <em>Nature</em>, intenta llenar el hueco de forma magistral y profusamente documentada.</p>

	<p>Y es que Ball también tiene formación como químico, en ello se nota en cada línea de este libro, donde da más importancia <strong>a la sustancia del color</strong> que al color mismo; haciendo hincapié en los pigmentos en cuanto a materia, con apariencia, olores, texturas, y nombres atrayentes y embriagadores. </p>

	<p>Resulta innegable, a tenor de las continuas zambullidas que realiza Ball a la historia del arte, que la invención y la disponibilidad de nuevos pigmentos químicos fueron en realidad los verdaderos influyentes y coadyuvantes de la evolución de arte, por encima de políticas o modas. Tendemos a pensar que el arte se ha pergeñado como se ha pergeñado en base a las habilidades creativas de los artistas, pero no que el artista, en el fondo, ve limitado por las herramientas de las que dispone. Se habla más de aspectos estilísticos o formales y s<strong>e descuida el aspecto quizá más importante: el oficio</strong>.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Como señala <strong>Anthea Callen</strong>, especialista en las técnicas de los impresionistas: </p>

<blockquote>De modo que sólo cuando se hayan evaluado a fondo las limitaciones impuestas al artista por sus materiales y sus condiciones sociales podrán comprenderse adecuadamente las preocupaciones estéticas y el lugar del arte en la historia.</blockquote>

	<p>En definitiva, si os interesa el arte en todas sus expresiones, no podéis perderos este singular libro: os permitirá entender las obras maestras de una forma totalmente nueva, <strong>en la que se ven implicados minerales, insectos y tubos de ensayo</strong>.</p>

	<p>Por ejemplo, en 1814, una empresa fabricante de colorantes, la alemana Wilhem Sattler de Swchweinfurt, en colaboración con el farmacéutico <strong>Friedrichh Russ</strong>, logró producir un verde todavía más intenso disolviendo el cardenillo en arsénico: <strong>el verde esmeralda</strong>. Fue un verde que jamás se había conseguido antes: de hecho, los artistas del siglo <span class="caps">XIX</span> que se inclinaban por el uso de colorido intenso, como los prerrafaelitas y los impresionistas, empezaron a usarlo con gran alegría. </p>

	<p>Pero la sustancia se disolvía con la humedad, y el arsénico que contenía se vaporizaba de manera imperceptible. En la década de 1860, podía leerse en el The Times de Londres: “No era infrecuente que los niños que dormían en un cuarto empapelado de ese modo murieran envenedados con arsénico.” Y según la leyenda, Napoleón murió en su casa en el exilio de Santa Elena <strong>debido a los vapores de asersénico</strong> que exudaba la pintura verde esmeralda de las paredes húmedas.</p>

	<p>Turner Ediciones<br />
Colección: Noema <br />
Páginas: 464<br />
ISBN: 978-84-7506-623-3</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.turnerlibros.com/Ent/Products/ProductDetail.aspx?ID=273">Ficha en Turner</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Powering the Arts: una plataforma para que jóvenes talentos den a conocer sus obras]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/powering-the-arts-una-plataforma-para-que-jovenes-talentos-den-a-conocer-sus-obras</link>
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      <pubDate>Tue, 28 Jun 2011 18:39:30 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/c0.jpg" alt="" />El portal cultural <a href="http://www.poweringthearts.com/">Powering the Arts</a> ofrece la posibilidad de dar a conocer tu obra, demostrando que Internet es una herramienta fundamental para democratizar la cultura, tanto su creación como su difusión y exhibición.</p>

	<p>Desde <strong>Powering the Arts</strong> se dedican a crear convocatorias para que los artistas suban sus obra y los amates de la cultura las valoren. En el ambito literario tienen convocatorias de Novela, Relatos Cortos y Poesía. Esto se completa con cortometrajes y música. </p>

	<p><strong>Hay convocatorias gratuitas y otras Premium</strong>.</p>

	<p>El mecanismo consta de tres modalidades de registro dentro del portal, como <strong>creador,</strong> como <strong>amante de la cultura</strong> o como <strong>trabajador en la industria cultural</strong>.</p>

	<p>En el caso de los creadores les permite subir sus obras y controlar las descargas y votos.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="http://www.poweringthearts.com/">Powering the Arts</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Cómo se suicidan los escritores?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/como-se-suicidan-los-escritores</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/como-se-suicidan-los-escritores</guid>
      <pubDate>Tue, 21 Jun 2011 17:57:35 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/imagen.jpg" alt="" />Siguiendo la línea del artículo <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/cuantos-escritores-estan-locos">¿Cuántos escritores están locos?</a>, os voy a hablaros de <strong>cuántos escritores han sido suicidas</strong> y, lo más importante, qué métodos emplearon para reunirse con la Parca. </p>

	<p>No resulta demasiado sorprendente constatar que, entre el colectivo de los escritores, hay un buen número de imaginativos suicidas, porque también hay una mayoría de locos. </p>

	<p>Además, los escritores <strong>acostumbran a ser criaturas especialmente sensibles, volubles, vulnerables e hiperestésicas</strong>. Lo son por varios motivos, pero principalmente porque se nutren de su sensibilidad para plasmar historias que conmueven. Y también porque los autores suelen necesitar la palmadita en la espalda para continuar adelante: una pequeña crítica puede ser demoledora. </p>

	<p>Como ya os expliqué en <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-escritores-solo-escriben-a-cambio-de-sexo-i">¿Los escritores sólo escriben a cambio de sexo? (I)</a> y (<a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/los-escritores-solo-escriben-a-cambio-de-sexo-y-ii">y II</a>), ellos escriben, escribimos, <strong>para que nos quieran</strong>. Cuando no es así, el escritor sufre hasta límites insospechados. </p>

	<p>A todo esto se le suma que en el suicidio siempre subyace lo decadente, y lo decadente es <em>cool</em> en el ámbito literario. </p>

	<p>Dicho lo cual, el salto que dio <strong>Virginia Woolf</strong> hacia las aguas del río Ouse en la primavera de 1941, con los bolsillos cargados de piedras, adquiere otra dimensión. Ni tampoco las muertes de Mishima, Horacio Quiroga o Gabriel Ferrater.  </p>

	<p><strong>Artaud</strong> ingirió una sobredosis de láudano en 1948. <strong>Cesare Pavese</strong> se envenenó en el Hotel Roma de Turín, nada menos que con 16 sobres de somníferos, en agosto de 1950. <strong>Hemingway</strong> se disparó un tiro en la boca en julio de 1961. <strong>Stefan Zweig</strong> se mató en Brasil junto a su secretaria Carlota Altman, con la que se había casado, huyendo de la persecución nazi. <strong>Alejandra Pizarnik</strong> se suicidó con barbitúricos el 25 de septiembre de 1972. <strong>Paul Celan</strong> se arrojó al Sena el 30 de abril de 1970. Vladimir Maiakovski se disparó con un revólver el 14 de abril de 1930. </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>El escritor y antropólogo <strong>José Tono Martínez</strong> lo justifica así: </p>

<blockquote>Tradicionalmente, ha habido dos grandes mitos, dos experiencias absolutas en las que los artistas se han relacionado de la manera más expeditiva: el impulso amoroso, y la muerte. Son las dos experiencias más radicales con las que uno puede confrontarse, y hay determinados escritores que se han enfrentado a ellas con tanta sinceridad y compromiso, de manera tan profunda, que en ocasiones les ha llevado a buscar la propia muerte.</blockquote>

	<p>En 1911, agobiado por la pobreza y los problemas familiares, <strong>Emilio Salgari</strong> se abrió en vientre con un cuchillo de cocina, algo así como un <em>harakiri</em> gastronómico. </p>

	<p>También de aire gastronómico fue el suicidio de <strong>Sylvia Plath</strong>: tras dejar las tostadas y la leche caliente preparada para sus hijos, selló las rendijas de la puerta de la cocina con trapos, abrió el gas, y metió la cabeza en el horno. </p>

	<p>Ya que son escritores y se les da bien lo de componer frases, es natural que <strong>los escritores suicidas acostumbren a dejar largas cartas de despedida</strong> (no en el caso de Plath, que sólo dejó una escueta nota en la que pedía que se avisara al doctor):</p>

<blockquote>Arthur Koestler, quien se suicidó en 1983 junto a su mujer, Cyntia, tras serle diagnosticada una leucemia, dejó un sincero y emotivo mensaje de despedida para sus amigos que terminaba: “Con la  tímida esperanza de otra vida después de la muerte despersonalizada, fuera de los límites del espacio, del tiempo y la materia, fuera de los límites de nuestra comprensión.</blockquote>

	<p>Locura, suicidio, literatura… no puedo evitar recordar la memoria perfecta de uno de los personajes, aspirante a escritor, de la entrañable película <a href="http://www.imdb.com/title/tt0185014/">Jóvenes prodigiosos</a>: era capaz de señalar la fecha y el método empleado para morir de toda clase de suicidas del mundo del cine. Podéis ver el fragmento a continuación:</p>

	<p><iframe width="560" height="349" src="http://www.youtube.com/embed/fwmObnXX8L4" frameborder="0" allowfullscreen></iframe></p>

	<p>Vía | <em>Las bibliotecas perdidas</em> de Jesús Marchamalo</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[¿Qué trucos usan los escritores para llamar a la inspiración?]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/que-trucos-usan-los-escritores-para-llamar-a-la-inspiracion</link>
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      <pubDate>Thu, 09 Jun 2011 16:23:07 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/06/musas.jpg" class="centro" alt="musas.jpg" /><strong>Lo de la inspiración tiene miga</strong>. Es cierto que, cuando te sientes arrebatado de inspiración, las palabras, las ideas, las historias parecen fluir por sí mismas, como si ya estuvieran escritas en algún sitio y tú sólo te limitaras a copiarlas, cual amanuense. </p>

	<p>Pero en lo de la inspiración <strong>también hay mucho de camelo o de impostura</strong>. Siempre he creído que el artista que tiene a una musa a su lado, por ejemplo, la tiene más por placer estético (o por echar un casquete de vez en cuando) que por verdadera inspiración. Lo de las musas es una moda que se ha ido perpetuando pero es de todo punto absurda: como si un cirujano tuviera que tener a su lado a coach para hacer bien su trabajo.</p>

	<p>La mejor inspiración es la transpiración: 8 horas sentado cada día frente a un escritorio y, hale, con los días, los meses o los años, obtendrás frutos que ni un ejército de musas podría recolectar. </p>

	<p>Pero bueno, si nos ponemos un poco románticos, vale, <strong>mi truco para inspirarme es ducharme</strong>. En la ducha, bajo el agua, es cuando se me ocurren las mejores ideas. Como si la ducha fuera una cámara llena de ecos donde reverberan las ideas, o algo así. </p>

	<p>Y los escritores también tienen sus propias técnicas. Vamos a descubrir algunas de ellas:</p>

	<p><strong>Hemingway</strong>, por ejemplo, escribía a lápiz, sobre papel de cebolla, y controlaba sus progresos anotando escrupulosamente el número de palabras que escribía a diario. </p>

	<p><strong>Goethe</strong> escribía de pie, con pluma, porque le desconcentraba el sonido del lápiz arañando el papel. </p>

	<p><strong>Robert Graves</strong> escribía en su casa de Mallorca, en una habitación donde todo estaba hecho a mano (exceptuando los interruptores de la luz). Decía que estar rodeado de cosas construidas de forma artesanal era importante para su actividad creativa. <br />
<!--more--></p>

	<p>A mí todo me suena más a manías o rituales que a catalizadores de la creatividad. Pero soy consciente de que hay servidumbres que si no se cumplen pueden interferir en la paz de espíritu. </p>

<blockquote>Thomas Mann, por ejemplo, tenía en su estudio frascos de colonia, palanganas con agua de violetas en las que cada tanto se lavaba las manos, mientras que Rimbaud pasaba días enteros sin ocuparse de su higiene personal, escribiendo a veces desnudo (…). El escritor suizo Robert Walser, quien pasó los últimos 28 años de su vida recluido en un manicomio, escribía en minúsculos pedazos de papel que siempre llevaba encima, guardados en alguno de sus innumerables bolsillos. También Walter Benjamin presumía de tener una letra microscópica; de hecho, su ambición nunca realizada fue escribir cien líneas en una cuartilla.</blockquote>

	<p><strong>Jack Kerouac</strong> escribió En el camino en un rollo de papel de teletipo, en sólo tres semanas. Por miedo a perder la concentración y la racha, supongo. Lo mismo que le pasaba a <strong>Ricardo Baroja</strong>, que pegaba los folios con engrudo para obtener un papel continuo que le permitiese escribir sin descanso. </p>

	<p>Luego están los sitios predilectos para escribir. El mío son las cafeterías en el que existan un ligero runrún de gente charlando. <strong>Pero hay gente más maniática que yo</strong>:</p>

<blockquote>Es el caso de Ramón María del Valle-Inclán, quien escribía de vez en cuando en un banco del Retiro, apretando las cuartillas contra el costado, con el muñón, para que no se las arrebatara el viento, o Raymond Carver, el autor de Catredal, que durante una época de su vida, a falta de un lugar tranquilo donde poder trabajar, se decidió por escribir en el coche.</blockquote>

	<p><strong>Bernardo Atxaga</strong>, sin embargo, prefiere un espacio íntimo e inviolable, sin intrusos, exceptuando sus libros más cercanos y cuadros firmados por amigos suyos.</p>

	<p>También es útil leer un poco antes de ponerse a escribir. A mí me funciona con Luis Landero: tiene una prosa tan musical que consigue desengrasarme el cerebro en pocos minutos. Pero <strong>Witold Gombrowicz</strong> leía mala literatura policiaca porque decía que la mala literatura despertaba la imaginación. </p>

<blockquote>Stendhal encontraba sosiego leyendo el Código de Justicia napoleónico que, según él, le ayudaba a depurar su estilo.</blockquote>

	<p>El asunto de las mesas también es importante. Nada como una mesa bien firme y amplia para desplegar notas y documentación. Pero <strong>Ortega y Gasset</strong> se lo tomaba muy en serio:</p>

<blockquote>quien en ocasiones utilizaba la mesa del comedor de su casa hasta que la familia, hambrienta, decidía poner punto final al trabajo por el expeditivo método de poner los platos.</blockquote>

	<p>Vía |<em> Las bibliotecas perdidas</em> de Jesús Marchamalo</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[El corrector automático de novelas]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/el-corrector-automatico-de-novelas</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/el-corrector-automatico-de-novelas</guid>
      <pubDate>Sat, 30 Apr 2011 20:11:02 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" id="image8898" src="http://img.papelenblanco.com/2011/04/hal9000.jpg" class="centro" alt="hal9000.jpg" />¿Qué pasaría si algún día la labor de editores y correctores estilísticos quedara relegada a la mínima expresión, al <strong>simple chequeo del informe elaborado por un cerebro artificial</strong>? </p>

	<p>Hace apenas dos años, la mayor empresa de pruebas educativas de Inglaterra, <strong>Edexcel</strong>, anunció la creación de un <strong>sistema automatizado de corrección</strong> de exámenes basado en la inteligencia artificial. El programa de marras sería capaz de leer y evaluar los trabajos redactados por los estudiantes británicos como parte de una prueba de dominio del idioma. En el suplemento del <em>Times</em>, un portavoz de Edexcel declaró que este sistema ofrecería:</p>

<blockquote>la corrección de los examinadores humanos, eliminando a la vez elementos humanos como el cansancio y la subjetividad.</blockquote>

	<p>Por supuesto, el juicio humano, sobre todo en cuestiones tan subjetivas como valorar la excelencia de una prueba académica o de una obra de arte, es falible. Sin embargo, <strong>esos errores también permiten mayor flexibilidad</strong>. Una flexibilidad de la que carecen (todavía) las inteligencias artificiales. Un juicio borroso que puede errar, pero que también permite alcanzar cotas de intuición y sagacidad que difícilmente entendería<a href="http://es.wikipedia.org/wiki/C-3PO"> C-3PO</a>.</p>

	<p>Tal y como señala <strong>Nicholas Carr</strong> a propósito de este programa:</p>

	<p><!--more--></p>

<blockquote>¿Cómo, me preguntaba yo, reconocería el software Edexcel a los pocos estudiantes que rompen las convenciones de la escritura, no porque no las dominen, sino porque brilla en ellos la rara chispa del genio? Sabía la respuesta: no los reconocería. Los ordenadores, como señalaba Joseph Weizenbaum, se limitan a aplicar reglas, no a hacer juicios.</blockquote>

	<p>Como corrector y evaluador de novelas, más de una vez me gustaría contar con <strong>una secuencia de comandos que aplicar categóricamente</strong>. Eso agilizaría enormemente mi trabajo y me evitaría cometer deslices. (De hecho, muchos editores y lectores de originales cometen tantos errores que no son pocas las anécdotas de editoriales que han rechazado lo que más tarde se convertirían en obras maestras). </p>

	<p>Pero si nunca cometiera deslices tampoco lograría rescatar <strong>perlas del fango compacto que conforma el mundo de la literatura</strong>. Las rarezas y genialidades acostumbran a parecerse demasiado a los errores, por ello una línea de comandos demasiado rígida jamás las distinguirá. Al menos de momento.</p>

	<p>Un programa como Excedel aplicado al mundo de la literatura condenaría al ostracismo a todo aquél que se hubiera caído de pequeño en <strong>la marmita de la poción de Asterix</strong>. Y por supuesto, daría pábulo a puristas, académicos que huelen a naftalina y a individuos de mentes catequísticas. Y eso es caca.  ¿Qué clase de poda artística cabría esperar tras someter al escrutinio de Excedel<a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/las-obras-mas-influyentes-inspiradas-por-las-drogas"> obras surgidas de la sobrealimentación lisérgica</a>?</p>

	<p>Puedo imaginarme perfectamente la voz de <em>HAL9000</em>, la supercomputadora de <em>2001: una odisea en el espacio</em>, con su tono maquinal y aséptico, rechazando manuscritos de <strong>Joyce</strong> o <strong>Burroughs</strong>, como el reverso tenebroso de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Lawrence_Ferlinghetti">Ferlinghetti</a>. Y entonces, un <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/David_Bowman">Bowman</a> de las letras, desconectando a <span class="caps">HAL</span> para presentar un texto liberado de corsés y algoritmos, bajo el tema musical de <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/As%C3%AD_habló_Zarathustra_(poema_sinfónico)">Also sprach Zarathustra</a>, por supuesto. Hackeando el orden.</p>

	<p>Con todo, no pretendo llevar al extremo este asunto: allá cada cual se las componga con <em>software</em> o sin <em>software</em>. Ser un ludita o una <a href="http://es.wikipedia.org/wiki/Pollyanna">Pollyanna</a> es tan estúpido como ser un <em>mad doctor</em> o un <em>geek</em>. Así que cojamos este ingenio como se merece: con pinzas. Y usémoslo discrecionalmente, sí, pero sin que nada ni nadie corte las alas a los que nunca se metieron en esto del arte para seguir las reglas. </p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Si el arte no existe, puedes inventarlo]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/si-el-arte-no-existe-puedes-inventarlo</link>
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      <pubDate>Tue, 26 Apr 2011 22:49:59 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/04/obras-arte-simpson.jpg" alt="" />Los días, los años, transcurrían inexorables, y <strong>José no cosechaba resultados satisfactorios</strong> a pesar de que el tiempo, aquel tirano instalado en su reloj de pulsera, le imprimía un vertiginoso ritmo de trabajo, cual <em>tamtam</em> de un barco de remos.</p>

	<p>José escribía mucho. Descripciones, diálogos, metáforas, nombres de personajes, todo en gran abundancia y aderezado por una especie de trama mal hilvanada. Con todo, también asumía que tal vez lo que escribiera fueran palabras anémicas y <strong>textos apenas llamados por la inspiración del arte</strong>. </p>

	<p>Porque en gran medida no escribía con el ánimo de plasmar historias de ficción sino que <strong>se limitaba a hacer la pose de escritor</strong>, tratando de imbuirse en la personalidad enigmática de un aventurero de las letras que se pierde en la madrugada, fumando en pipa, rodeado de silencio, con la cabeza levemente inclinada esperando la llegada de la inspiración, nimbado por una aureola de bohemia, con los ojos sagaces pero la mente perpetuamente enturbiada por el alcohol y la absenta, con la barba entrecana de veteranía, confinado en la luz de un flexo, creando una obra que conmovería al mundo. </p>

	<p>La verdadera imagen que inspiraba en aquellos momentos no era ésa, ni mucho menos, más bien era la de un maniático y obsesivo <strong>clérigo amanuense encorvado sobre una actividad frenética de mera reproducción de textos</strong>. Porque José no tenía mundología ni experiencias vitales que comunicar. ¿Qué narrar entonces? ¿Sus manías? ¿Sus dificultades en clase? ¿Sus crisis de fe? ¿O debía ahondar en su imaginación? </p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Lo desconocía, porque por más que lo intentaba no conseguía delimitar un tema y desarrollarlo con gracia. Sólo parecía capacitado para ejecutar el movimiento pendular de la escritura con el ritmo de un apéndice mecánico en una cadena de montaje. Y no se le ocurría otra solución para superar semejante ineptitud que aquella suerte de encierro monacal: si no poseía talento, <strong>de puro tesón lograría que los demás le admirasen</strong>.</p>

	<p>Porque ¿qué otra opción le quedaba más que conjurar al espíritu del azar? Y para ello debía adquirir boletos en gran abundancia, creando masivamente obras de todo tipo, cuentos, novelas, ensayos, cualquier cosa, <strong>y probar suerte en los miles de premios literarios que se convocaban cada año.</strong> Poco importaba, según su criterio, si su producción resultaba pésima o carecía de una trama sólida y unos personajes bien definidos. Porque <strong>¿qué era el arte?</strong> </p>

	<p>Arte podía ser también el batiburrillo enfermizo que él escribía, como acabó siendo arte una obra pictórica impresionista o <strong>unas manchas caprichosas originadas por los aspavientos de una niña de cuatro años</strong>. Arte era una novela de aventuras, entretenida y audaz, y también lo era uno de aquellos soporíferos mamotretos, llamados clásicos, que su profesora de literatura le obligaba a leer. </p>

	<p>En clase escogían el texto de un autor célebre e intentaban descifrar el sentido profundo que trató de transmitir con ese adjetivo, con aquella oración o con el nombre del protagonista, y muchas veces José se preguntaba si leer entre líneas no era una actividad personal e intransferible que tenía que ver más con uno mismo que con las aspiraciones del autor. <strong>¿Quién garantizaba que tras una descripción existía el propósito consciente de dar a entender una ideología política, por ejemplo?</strong> </p>

	<p>No existía una máquina capaz de detectar, objetivamente, la intencionalidad de una obra: <strong>todo estudio de la misma estaba sujeta al arbitrio de su exegeta</strong>, a suposiciones más o menos razonadas. Ni el autor mismo, en ocasiones, actúa conscientemente. ¿Quién le aseguraba que <em>Hamlet</em> no era producto de la casualidad? </p>

	<p>Es más: ¿quién le aseguraba que los profesores de literatura de todo el país no se habían confabulado para entresacar más de lo que existía en <em>Hamlet</em> a fin de elevarla a su máxima esencia? ¿Por qué <em>Hamlet</em> y no otra cosa? ¿El arte no era más que una mera especulación y unos elegidos, la crítica, entre otros, acordaban el valor de la obra, encumbrándola o condenándola al olvido o al ludibrio del esnobista, por intereses económicos, políticos o históricos? ¿Por qué debía sonreír allí donde le indicaban que debía sonreír, llorar allá donde le indicaban que debía llorar… o maravillarse con algo que no le inspiraba ninguna emoción, más que el hastío? <strong>¿La mayoría era dócil y mansa por temor a parecer inferior culturalmente?</strong> ¿Al final nadie descubría este engaño y se habituaba a vivir en él por costumbre, como por costumbre un hombre se alimenta de gusanos aunque en la sociedad occidental resulte un plato repugnante? <strong>¿Le educaban o le manipulaban?</strong> </p>

	<p>Si cabía la posibilidad de que fuese, al menos en una parte, lo segundo, <strong>una de sus creaciones podría recibir el calificativo de arte por casualidad</strong>, porque la mercadotecnia suscitase la admiración de las masas o porque alguien con potestad para hacer dicha determinación optara por abrir una nueva vía artística con aquella obra. Pensaba, entonces, que no perdía el tiempo, que algún día, llegando su texto a las manos adecuadas, leído por unos ojos puros (o no tan influenciados por la estética vigente) o lanzado por un especulador avispado, creador de tendencias y de modas, triunfaría. </p>

	<p>Se lo tomaba, pues, <strong>como si en verdad participase en un sorteo</strong>: cada día que transcurría se hacía con otra papeleta; imponiéndose creer a pie juntillas en la posibilidad de resultar vencedor el día menos pensado, como se imponía en ocasiones su fe en Dios. Irrelevante resultaba si escribía un nuevo <em>Hamlet</em>, un tebeo o el desatino más esperpéntico de la historia: sus profesores de Literatura y de Historia del Arte le habían demostrado que cualquiera de aquellas manifestaciones eran susceptibles de ser elevadas a un altar. </p>

	<p>El arte no existía, o <strong>arte era todo aquello que su artífice tuviera la intención de que fuera arte</strong>: lo importante era que alguien legitimado para ello reconociese ese arte porque resulta económicamente viable, se amolda a la pauta cultural vigente (si es que existe), pretende romper moldes o le cae en gracia a alguien y es su espíritu romántico el que decide apostar. <strong>El gregarismo hacía el resto</strong>. La naturaleza humana lo mantenía todo en su sitio.</p>

	<p>Por aquella razón, José perseveraba en obligar al mundo a adecuarse a su forma de escribir. Y para ello recurría aquel esfuerzo sobrehumano. Sin medios para, por ejemplo, contratar a mil escribientes hacinados en un edificio de oficinas preñando obras literarias con su firma a fin de saturar el mercado y los premios literarios con su presencia, leía y escribía todo cuanto podía. Como alguien que, sabiendo que el arte no existe, trata de inventarlo. Como alguien que, a sabiendas de que la ballena blanca es una entelequia, continúa buscándola cada día.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[A serbian film: ¿todavía vivimos en una época de censura medieval? (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/a-serbian-film-todavia-vivimos-en-una-epoca-de-censura-medieval-i</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/a-serbian-film-todavia-vivimos-en-una-epoca-de-censura-medieval-i</guid>
      <pubDate>Thu, 10 Mar 2011 14:51:00 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2011/03/a-serbian-film.jpg" class="centro" alt="a-serbian-film.jpg" />Ayer la vi. A eso de las 00:00 reconozco que vi la película entera. Me refiero la película <strong>A serbian film</strong>. Y bien, tienen razón: es una película que me hizo pasar un mal rato y, en general, me pareció abominable. Pero bueno, también el fútbol y Belén Esteban me parecen abominables, así que supongo que soy una persona demasiado sensible. </p>

	<p>La cuestión es: <strong>¿tengo derecho a censurar una obra de ficción porque me parece abominable?</strong></p>

	<p>Ayer, un juez de Vilanova i la Geltrú creyó que sí. Y más aún: imputó al director del festival de Sitges, Ángel Sala, por un presunto delito de pornografía infantil al permitir la exhibición en el certamen de la película <em>A serbian film</em>, <strong>pues en ella se incluyen escenas de sexo con menores</strong>. </p>

	<p>Son escenas durísimas. De las más duras que haya podido ver en el cine. Pero son escenas de ficción. Repito: de ficción. En las películas de guerra también he asisto a escenas tremebundas de violaciones y mutilaciones de mujeres, por ejemplo.</p>

	<p>Pero la <strong>Asociación de Defensa del Menor</strong> denunció el caso ante la Fiscalía, que abrió diligencias. Según el artículo 189.7 del Código Penal, se castiga con penas de tres meses a un año de cárcel a quien “produjere, vendiere, distribuyere o facilitare por cualquier medio material pornográfico en el que no habiendo sido utilizados directamente menores o incapaces, se emplee su voz o imagen alterada o modificada.”<br />
<!--more--></p>

	<p>Según cómo interpretemos esta ley, deberíamos cargarnos de un plumazo buena parte de la creación artística de la humanidad. Además, en el caso de <em>A serbian film</em>, cabe puntualizar una cosa: es cierto que existe una escena repugnante en la que se viola a un bebé. Pero el bebé no es de verdad. Además, en todo momento se hace hincapié en que esa imagen es execrable: es decir, <strong>que ni siquiera se hace apología del acto</strong>.</p>

	<p>La película ha sido exhibida sin problemas en numerosos festivales internacionales; y hasta fue distinguida con el Premio Especial del Fantasporto, celebrado en Oporto. </p>

	<p>El guionista <strong>Sergio G. Sánchez</strong> ha señalado oportunamente:</p>

<blockquote>Si lo que retrata la película puede tener algún atractivo para alguna mente enferma, enhorabuena a los impulsores de esta campaña: habrá unos cuantos depravados agradecidos por haberse enterado de la existencia de este filme.</blockquote>

 

	<p><strong>Javier Angulo</strong>, director del a Seminci:</p>

<blockquote>A serbian film puede ser una película desagradable, pero es que el cine está hecho de cosas desagradables: soldados a los que se les vuela la cabeza, mujeres a las que maltratan… ¿Qué pasa? ¿El juez no sabe que todo esto es ficción?</blockquote>

	<p>Para rizar el rizo, la película ni siquiera ha sido exhibida en salas comerciales convencionales sino a altas horas en un festival de cine de fantasía y de terror, que tiene en su haber una buena colección de películas de temática gore. En mis años mozos recuerdo filmes como <strong>Nekromantic</strong> (sobre necrofilia). No hace mucho, <strong>Irreversible</strong>, que contiene un plano fijo de una brutal violación que dura demasiado tiempo. Hay un capítulo de <strong>South Park</strong> dedicado exclusivamente a la pederastia desde un punto de vista sardónico. En <strong>American Beauty</strong> y en <strong>Taxi Driver</strong> también hay papeles para personajes menores de edad con gran contenido sexual. En <strong>Saló o los 120 días de Gomorra</strong>, de Pier Paolo Pasolini, hay torturas filosexuales a un grupo de adolescentes.</p>

	<p>En la próxima entrega de este artículo os enumeraré ejemplos del mundo de la literatura.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Hay gente que se saca una escultura de donde sea... incluso de un puñado de libros]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/hay-gente-que-se-saca-una-escultura-de-donde-sea-incluso-de-un-punado-de-libros</link>
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      <pubDate>Wed, 26 Jan 2011 14:28:36 +0000</pubDate>

      <author>Fausto Beneroso</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image8486" class="centro" alt="Escultura de papel" src="http://img.papelenblanco.com/2011/01/esculturas_papel_10.jpg" /></p>

	<p>Y si no que se lo digan a nuestro protagonista de hoy. Se trata del taiwanés<strong> Chen Long-bin,</strong> y sí, eso que estáis viendo ahí son esculturas hechas con papel, especialidad de nuestro amigo. Para ellas suele utilizar guías telefónicas, revistas, periódicos y algún que otro libro (seguro que estáis dispuestos a ofrecerle generosamente algún ejemplar&#8230; jeje). Vamos, que mientras que sea papel, este hombre lo recicla de la preciosa manera que estáis viendo.</p>

	<p>Chen estudió Bellas Artes en su país y es autodidacta en la talla de madera. Pero pronto le puso los ojitos al papel allá por 1993, como<strong> símbolo de los restos culturales de nuestra sociedad moderna, </strong>debido al crecimiento que por aquellos años tenían los ordenadores. Así, se daría cuenta de las increíbles cualidades de este material para crear arte, y desde entonces ha ganado multitud de premios y ha expuesto en todos los rincones del mundo, demostrando que su idea no es ninguna tontería.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>El método de trabajo es el mismo que si utilizase madera, y podemos verle con sus motosierras y taladros en la mano sin ningún reparo. Y si os estáis preguntando de dónde saca tanto papel, pues deciros que actualmente los recoge en su Taipei natal de las bibliotecas universitarias, librerías, editoriales o compañías telefónicas, aunque ha llegado a rebuscar en la basura de Nueva York. La verdad es que las imágenes me parecen impresionantes, y tienes que fijarte realmente bien, porque <strong>vistas de lejos casi se pueden confundir fácilmente con piedra o mármol.</strong> Desde luego, no había visto nunca nada igual, y todavía no he conseguido cerrar la boca del asombro. Y como seguro que os habéis quedado con ganas de más, os dejo unas cuantas fotillos para que disfrutéis&#8230; ¡Qué pasada! </p>

<div class="thumbs" onclick="WSL_Controller_GoogleAnalytics.registerClick('modulo-post-galeria-de-fotos', 'click-image')"><h3>Chen Long-bin, escultor de papel</h3>(Haz click en una imagen para ampliarla)<br />
<div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/1"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_01.jpg" alt="esculturas_papel_01.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div><div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/2"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_02.jpg" alt="esculturas_papel_02.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div><div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/3"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_03.jpg" alt="esculturas_papel_03.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div><div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/4"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_04.jpg" alt="esculturas_papel_04.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div><div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/5"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_05.jpg" alt="esculturas_papel_05.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div><div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/6"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_06.jpg" alt="esculturas_papel_06.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div><div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/7"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_07.jpg" alt="esculturas_papel_07.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div><div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/8"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_08.jpg" alt="esculturas_papel_08.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div><div class="float"><a href="http://www.papelenblanco.com/galeria/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/9"><img src="http://img.papelenblanco.com/galleries/chen-long-bin-y-sus-esculturas-de-papel/thumb_esculturas_papel_09.jpg" alt="esculturas_papel_09.jpg" style="width:70px; height:70px;"/></a></div></div>

	<p>Vía | <a href="http://www.booksblog.it/post/7189/sculture-di-libri">booksblog.it</a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/creacion/thomas-allen-rompe-libros-para-hacer-obras-de-arte">Thomas Allen rompe libros para hacer obras de arte</a>, <a href="http://www.papelenblanco.com/creacion/quien-dijo-que-el-lomo-es-la-parte-mas-inutil-de-un-libro">¿Quién dijo que el lomo es la parte más inútil de un libro?</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Las maravillas de la Edad Media más cerca gracias a Jacques Le Goff]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/ensayo/las-maravillas-de-la-edad-media-mas-cerca-gracias-a-jacques-le-goff</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/ensayo/las-maravillas-de-la-edad-media-mas-cerca-gracias-a-jacques-le-goff</guid>
      <pubDate>Sun, 19 Dec 2010 18:19:01 +0000</pubDate>

      <author>Sarah Manzano</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img id="image8299" class="centro" alt="Edad Media" src="http://img.papelenblanco.com/2010/12/edad-media.jpg" /></p>

	<p>Ya sabéis lo mucho que me gustan los libros de arte e historia. Será deformación profesional, pero cuando veo libros como el que os muestro hoy es inevitable no echarle aunque sea una miradita. Se trata de <strong>Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media</strong> de <strong>Jacques Le Goff</strong>, un libro que por su formato pequeño en tapa dura y las ilustraciones te pide a gritos que te lo lleves a casa. Lo edita <strong>Paidós</strong> y su precio es <strong>25 euros</strong>.</p>

	<p>En este libro singular Jacques Le Goff nos acerca a una Edad Media vívida y brillante a través de sus héroes, como Carlomagno o el Cid, y por supuesto, a través de sus maravillas, como sus construcciones inigualables. <strong>Mitos y leyendas se mezclan con la realidad, con la historia; las fronteras entre lo natural y lo sobrenatural se difuminan</strong>, acercándonos a una época fascinante, con sus luces y sus sombras, sus secretos y sus realidades. La iconografía medieval nos muestra el camino hacia un viaje fascinante, y todo desde la comodidad de nuestra casa.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Jacques Le Goff es un aclamado experto en historia y arte medieval. De hecho, hace ya más de un año os hablé de otro libro de este autor, <a href="http://www.papelenblanco.com/arte/una-edad-media-en-imagenes-de-jacques-le-goff-ya-esta-en-las-librerias">Una Edad Media en imágenes</a>, que es una auténtica maravilla, que a mí me regalaron y yo a su vez también regalé, porque las cosas bonitas son para compartirlas. En &#8216;Héroes, maravillas y leyendas de la Edad Media&#8217; nos habla de cómo toda esa iconografía maravillosa nos ha sido legada y se ha transmitido siglo tras siglo, quedando muchos vestigios de ella en la actualidad.</p>

	<p>&#8216;Una Edad Media en imágenes&#8217; me dejó muy buen sabor de boca, por lo que <strong>es bastante probable que repita</strong>. Me gusta muchísimo el formato que tienen estos libros, ya que lo hace mucho más cómodo de manejar cuando estamos en el sofá o en la cama. Soy muy fan de los libros de arte en formato grande, pero hay que reconocer que sin atril es un poco incómodo&#8230; En fin, sin dudarlo, voy a poner este libro en la carta a los Reyes Magos, que este año parece que sólo he puesto libros de arte&#8230; </p>

	<p>Más información | <a href="http://www.enlaceseditoriales.com/es/libro/heroes-maravillas-y-leyendas-de-la-edad-media">Ficha en Paidós </a><br />
En Papel en Blanco | <a href="http://www.papelenblanco.com/arte/una-edad-media-en-imagenes-de-jacques-le-goff-ya-esta-en-las-librerias">&#8216;Una edad media en imágenes&#8217;, de Jacques Le Goff ya está en las librerías </a></p>      ]]></description>
      </item>
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	</channel>

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