
“He visto los mejores cerebros de mi generación destruidos por la
locura, famélicos, histéricos, desnudos,
arrastrándose de madrugada por las calles de los negros
en busca de un colérico picotazo”
Así empieza Aullido, el poema que describe y condensa las inquietudes de la generación beat, un movimiento literario que agrupó a diversos jóvenes norteamericanos nacidos durante el primer cuarto del siglo XX. Su autor, Allen Ginsberg, se despojó de cualquier formalismo y métrica tradicional para plasmar la realidad de la juventud de su época. Una generación que llevó el desencanto como seña de identidad y que inspiró a artistas de todas las disciplinas, como por ejemplo Bob Dylan.
Cada verso del poema es un bocado arrancado de la realidad nutrido por emociones muy intensas. Sus palabras nos conducen por garitos y calles oscuras, nubes de marihuana y jóvenes que no saben hacia dónde conducir sus pasos. La pintura, la música y la literatura acompañan también a esas mentes en la búsqueda de un lugar donde caerse muertas.
Aullido no es el único testimonio de esos desconcertantes años. Entre otros, Jack Kerouac y William Burroughs también emborronaron cientos de hojas con vivencias y pensamientos suscitados por el nihilismo, la vida errante y el consumo de drogas. El primero nos legó dos obras fundamentales para comprender el espíritu que los movía: En el camino, de 1957, y Los Subterráneos, publicada un año después. Ambas recogen las experiencias de años deambulando por diversos lugares de EE.UU.

La noticia que leo me deja boquiabierta. Una emisora de radio en Nueva York, la WBAI Pacifica, se inhibe de radiar la lectura del famoso poema Howl de 