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		<title>Magazine - bestseller</title>
		<link>http://www.papelenblanco.com</link>
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Blog sobre literatura, críticas de libros, internet y letras.		</description>
		<pubDate>2012-02-13 06:12:20</pubDate>

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      <title><![CDATA[Leo eso porque tú lo lees o por qué ser una oveja no es tan malo (y II)]]></title>
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      <pubDate>Thu, 06 Oct 2011 20:25:58 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image9695" src="http://img.papelenblanco.com/2011/10/opera_corazon1.jpg" class="centro" alt="opera_corazon1.jpg" /><a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/leo-eso-porque-tu-lo-lees-o-por-que-ser-una-oveja-no-es-tan-malo-i">Como decíamos en la primera entrega de este artículo</a>, por ejemplo, veamos un ejemplo de mercado en el que no hay demasiada presión de la mercadotecnia: <strong>la música clásica</strong>. A pesar de que en la música parece que el factor determinante parece ser el talento, lo cierto es que también hay otros factores muy familiares, como argumenta el economista <strong>Sherwin Rosen</strong>:</p>

<blockquote>El mercado de la música clásica nunca ha sido tan amplio como hoy; sin embargo, el número de instrumentistas profesionales sólo ronda el centenar (y mucho menos si el instrumento es la voz, el violín o el piano). Los músicos de primera fila constituyen un grupo diminuto dentro de estas cifras ya de por sí pequeñas y, por supuesto, ganan mucho dinero. Hay diferencias tremendas entre sus ingresos y los ingresos de los músicos de segunda fila, aunque la mayoría de los consumidores serían incapaces de detectar la más mínima diferencia en una prueba con los ojos vendados.</blockquote>

	<p><!--more--></p>

	<p>En resumen, si los expertos, los auténticos <em>connoisseurs</em>, desprecian a <strong>Luciano Pavarotti</strong> no es porque no tenga talento, sino porque es demasiado “popular”. Todo esto sucede de forma natural, tan natural que poco o nada se puede teledirigir. </p>

	<p>Remata <strong>Joseph Heath</strong>:</p>

<blockquote>Esto no significa que el mercado siempre tenga razón. Los mercados no siempre reflejan las preferencias del consumidor medio, sobre todo en el terreno cultural e intelectual, donde resulta muy difícil ejercer el derecho de propiedad. Pero tampoco significa que el mercado siempre se equivoque. Por otra parte, los críticos tienden a despreciar el gusto popular, porque no les entra en la cabeza que a nadie le pueda gustar “en serio” comer en McDonald´s o escuchar un disco de Celine Dion. Por eso ni se plantean la posibilidad de que la homogeneización venga determinada por las preferencias del consumidor medio.</blockquote>

	<p>Es decir, que muchas veces el paladar exquisito se forma mediante la instrucción. Y una manera de averiguar a ojo cubero quién disfruta de esta instrucción es observar sus gustos.<strong> Pero este modo de catalogar a la gente es tan impreciso como catalogar la moral de la gente en función de su color de piel</strong>: puede que porcentualmente, en algunos contextos, funcione, pero no siempre funciona, y resulta tremendamente fácil fingir que uno ha disfrutado de esa supuesta instrucción de elite: basta con poner cara de interesante, ajustar las gafas de pasta y soltar: sí, Shakespeare es un genio incontestable, y Tolkien es para niñatos con acné. </p>

	<p>Si queréis leer un poco más sobre ello, os recomiendo lo que escribí hace pocos días acerca de <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/cual-es-la-mejor-novela-de-la-historia">cuál es la mejor novela de la historia</a>. Si de verdad os interesa descubrir cuántos equívocos hay alrededor de las modas y cómo se forman y el supuesto control del marketing sobre nuestras decisiones, os recomiendo sin reservas el libro de <strong>Malcolm Gladwell</strong> <em>La clave del éxito</em>, <em>El Cisne negro</em> de <strong>Nicholas Taleb Nassim</strong> y el propio <em>Rebelarse vende</em> de <strong>Joseph Heath</strong>. Todos ellos aplican conocimientos recientes sobre neurociencia y psicología, conocimientos de los que seguramente carecían la mayoría de los que años ha despreciaron tan alegremente el gusto común y, sobre todo, el gregarismo.</p>

	<p>Vía | <em>Rebelarse vende </em>de Joseph Heath</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Leo eso porque tú lo lees o por qué ser una oveja no es tan malo (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/leo-eso-porque-tu-lo-lees-o-por-que-ser-una-oveja-no-es-tan-malo-i</link>
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      <pubDate>Thu, 06 Oct 2011 13:15:11 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" id="image9693" src="http://img.papelenblanco.com/2011/10/gran-hermano-13_casting_telecinco_zeppelin-tv_logo.jpg" class="centro" alt="gran-hermano-13_casting_telecinco_zeppelin-tv_logo.jpg" />Mola cantiduvi eso de ir a contracorriente, lo de ser diferente, lo de romper el molde, lo de sentirse identificado con Mafalda cuando afirma compungida que en este mundo hay mucha gente pero pocas personas. <strong>El aborregamiento que denunciaba Ortega y Gasset es el peor insulto que te pueden dedicar</strong>: que si escuchas música demasiado comercial, que si lees libros que están en el <em>Top10</em> de centro comercial de fin de semana, que si la pintura que decora tu recibidor ya está muy manida, que tu programa de radio favorito es pura radiofórmula…</p>

	<p>En el arte, ser original suele ser un plus (aún cuando la originalidad, admitámoslo, tiene algo de entelequia).</p>

	<p>Bien, como de costumbre, voy a tocar varias narices: no, no y no. Y además voy a explicarme sin que esto se parezca a la conversación de dos invitados del extinto programa de <strong>Sánchez Dragó</strong> hasta arriba de marihuana (o de alcohol, ¿recordáis <a href="http://www.youtube.com/watch?v=bqxIu9OS2xI">al tipo de “el milenarismo ha llegado”</a>?). <br />
<!--more--></p>

	<p>Allá vamos (prometo que estoy sobrio: sólo un poco de cafeína corre por mis venas): <strong>uno de los atractivos de ciertos productos culturales procede de las ventajas derivadas de formar parte de un gran público</strong>. Por ejemplo, para comentarlo después con los amigos o compañeros de trabajo (de hecho, debería acuñarse una palabra que describiera el placer de descubrir un producto cultural a un amigo, al estilo del <em>schadenfreude</em>, el regocijo en el dolor ajeno, u otras palabras que os enseñé en <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/inventate-tu-propia-palabra">Invéntate tu propia palabra</a>).</p>

	<p>Como escribe el filósofo <strong>Josep Heath</strong>:</p>

<blockquote>Una película puede llegar a su “masa crítica” en el momento que tantas personas hablan de ella que los demás se sienten obligados a verla sólo para poder participar en la conversación (o porque quieren saber de qué está hablando todo el mundo). El mercado del libro funciona de la misma manera, lo que explicaría por qué existe una brecha tan gigantesca entre las cifras de ventas de un libro normal y las de un best seller. Precisamente porque los libros se consumen en un “contexto social” y no de forma aislada, sucede que muchas personas a menudo quieran consumir lo mismo que otras.</blockquote>

	<p><strong>Esto no nos dice nada sobre la calidad del producto cultural en sí</strong> (después de todo, habría mucho que hablar sobre qué es calidad y qué no lo es): por ejemplo, la gente adquirió más <span class="caps">VHS</span> en su día en vez de Betamax, a pesar de que Betamax ofrecía mejor calidad de imagen). Lo que nos indica es que somos animales sociales y que, tanto a nivel consciente como inconsciente, decidimos consumir unos u otros productos en base a lo que consumen los demás (no sean propios y/o ajenos). El quid de la cuestión, pues, <strong>sería determinar si esto es tan malo como parece o, en todo caso, si se puede evitar</strong> (siempre y cuando no hayamos decidido desde ya aislarnos en una atalaya eremítica ad calendas graecas. O algo así).</p>

	<p>Los enemigos de la masificación son ideológicamente muy populares (qué contradicción). Si quieres sentirte superior y poseer más personalidad, no lo dudes: huye de la masificación. Lo que sucede es que los rebeldes, los individuales parece que luchan contra un enemigo común: una suerte de Gran Hermano que persigue en Pensamiento Único. Sin embargo, <strong>esto no es lo que ocurre realmente</strong>. Los rebeldes luchan contra sí mismos, y cuando la mayoría ya ha adoptado la actitud del rebelde, entonces el rebelde se propone conquistar otros finisterres, <strong>para no perder la distinción de rebelde</strong>; también es lo que ocurre cuando se asocia un producto a una clase alta y la clase media o baja acaba también adoptándolo: deja de ser <em>cool</em>.</p>

	<p>Si existen determinados estándares es porque el público ha tomado una serie de decisiones y porque determinados sectores han acordado una serie de pactos. Si bien mola cantiduvi vestir de forma diferente a la mayoría,<strong> quizá no lo sea tanto usar programas informáticos incompatibles con los de nuestros compañeros</strong>, por ejemplo. </p>

	<p>Sí, podéis seguir insistiendo en que los productos mayoritarios son mayoritarios porque hay corporaciones que intentan que lo sean, y hasta cierto punto es así. Pero, por ejemplo, en su día el cultivo de maíz desplazó a la diversidad de muchas tierras, <strong>mucho antes de que existieran los medios de comunicación, el capitalismo o la globalización</strong>. Todos los granjeros solían escoger el mismo cultivo sin que nadie les hubiera inculcado esa idea. La diferencia fundamental es que antes las ideas se propagaban más lentamente, y ahora pueden hacerlo en cuestión de días, o de segundos. </p>

	<p>Todos estamos a favor de la diversidad, pero a menudo <strong>son nuestras propias preferencias o nuestras inclinaciones naturales las que fomentan la homegeneización</strong>, no una mano negra que todo lo controla. Si ahora el éxito global y veloz de estrellas de Hollywood, libros o películas es inédito en la historia no es porque existan corporaciones detrás, sino porque los medios de comunicación favorecen el contagio de ideas; es como si alguien hubiese dicho por radio, hace siglos, que el maíz era mejor que otro cultivo ya extinto: la transformación hubiese sido tan rápida y apabullante como hoy lo es la adquisición de un iPhone. </p>

	<p>Se tiende a otorgar un gran poder de manipulación a los medios de comunicación, <strong>se suele creer que el marketing es una ciencia casi exacta</strong>, que las modas son tan fáciles de propagar como el virus de la gripe. Pero la realidad es que todos estos factores son más incontrolables de lo que creemos. Las empresas invierten millones de dólares en desentrañar los secretos de la transmisión teledirigida de ideas, pero la mayor parte de sus operaciones fracasan estrepitosamente; sólo un pequeño porcentaje alcanza un éxito apoteósico. </p>

	<p>Si todo fuera tan sencillo, detrás de las editoriales estarían los bancos. Los inversores se olvidarían de comprar tierras u oro: apostarían por películas. </p>

	<p>En <a href="http://www.papelenblanco.com/metacritica/leo-eso-porque-tu-lo-lees-o-por-que-ser-una-oveja-no-es-tan-malo-y-ii">la próxima entrega de este artículo </a>veremos algunos ejemplos.</p>

	<p>Vía | <em>Rebelarse vende</em> de Joseph Heath</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Escribir automáticamente, como 'El Escritor' de Neuchâtel]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/metacritica/escribir-automaticamente-como-el-escritor-de-neuchatel</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/metacritica/escribir-automaticamente-como-el-escritor-de-neuchatel</guid>
      <pubDate>Fri, 27 Aug 2010 10:24:49 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2010/08/220px-automates-jaquet-droz-p1030496.jpg" class="centro" alt="220px-automates-jaquet-droz-p1030496.jpg" />Existen escritores que aseguran que están vivos, pero una vez leídos sus textos, uno empieza a dudarlo seriamente.</p>

	<p>Escribir, en el fondo, es bastante fácil. Sólo hace falta darle a las teclas. <strong>Hasta un mono podría hacerlo</strong>. De hecho, con la suficiente cantidad de monos encerrados en una gran habitación, todos tecleando aleatoriamente, es posible que con los años aparezca por casualidad una obra respetable.</p>

	<p>Otra cosa es si lo que uno lee, luego, le suscita alguna emoción o simples deseos de cerrar el libro y hacer otra cosa más enriquecedora. </p>

	<p>Así pues, una vez superado determinado umbral de conocimientos lingüísticos, todo lo demás es cuestión de opinión. Si uno es capaz de hilvanar algunas frases, ya es escritor, digan lo que digan los popes intelectuales que <strong>quieren encorsetar el arte mediante reglas intocables</strong>.</p>

	<p>Si uno escribe que no se entiende, incluso, puede abrir nuevas corrientes artísticas, como lo hizo el dadaísmo. Todo es discutible, todo es arte, todo es bueno y malo. <br />
<!--more--></p>

	<p>Tanto es así, que no dudo que pronto aparecerán los escritores no humanos. Libros surgidos de la casualidad, de un ordenador que sigue determinadas directrices o de <strong>una Inteligencia Artificial que incluso sabrá emular los sentimientos humanos</strong>.</p>

	<p>Ser escritor, señores, ya no pinta tanto como antes. Hoy cualquiera puede serlo. Desde un mono hasta un Spectrum. Incluso, algunos autómatas seguro que lo hacen mejor que determinados <em>bestsellers</em>. </p>

	<p>En ese sentido, es fascitante hasta dónde se remontan los primeros automáticas escritores. Algo así como un Dan Brown pero sin corazón, como el hombre de hojalata de <em>El mago de Oz</em>. (Bueno, quizá Dan Brown tampoco tenga corazón).</p>

	<p>En la Europa del siglo <span class="caps">XVIII</span> y <span class="caps">XIX</span> se originaron criaturas extraordinarias de una complejidad mecánica considerable: autómatas y androides de Vaucanson, androides de Jaquet-Droz, cabezas parlantes del Abbé Mical, falsos autómatas y máquinas parlantes del Baron Von Kempelen, el autómata con reloj de los Maillardet, el autómata androide de Kintzing, el autómata escritor de Von Knauss, el autómata falsificado de Robert-Houdin, autómatas &#8220;pigmeos&#8221; de Stèvenard, etc&#8230;</p>

	<p>El escritor autómata escribía, literalmente; aunque sin demasiada originalidad (como algunos <em>bestsellers</em>, claro). </p>

	<p>Hacia 1772, después de seis años de duro trabajo, el virtuoso relojero suizo <strong>Pierre Jaquet-Droz</strong> presentó un pequeño autómata capaz de escribir sobre el papel con una apariencia casi humana. Compuesto por más de 6.000 piezas, el autómata asombró a los más importantes mandatarios del momento y recorrió las cortes europeas durante meses, hasta el punto de que llegó a encargarse una réplica para el emperador chino. </p>

	<p>El mecanismo de Jaquet-Droz era capaz de escribir con una meticulosidad que ya quisieran muchos calígrafos humanos. Al movimiento de la pluma <strong>le acompañaban algunos gestos muy humanos</strong>, como el hecho de que siguiera el texto con los ojos, mojara la pluma en el tintero o la sacudiera ligeramente para no manchar el papel. A veces, el autómata levantaba la vista y se quedaba un instante con la mirada perdida, como si estuviera sumido en un arrebato de inspiración.</p>

	<p>El autómata podía escribir cualquier frase en cualquier idioma, gracias un complicado mecanismo interior dotado de una rueda que permitía seleccionar los caracteres y el orden en que debía escribirlos. Se dice que durante aquellos años Jaquet-Droz paseó a “<em>El Escritor</em>” por toda Europa y se sirvió del autómata para hacer una pequeña burla de las teorías de Descartes, ajustando el mecanismo para que escribiera la frase “<em>Pienso, luego existo</em>”.  Como un Terminator literato, vamos.</p>

	<p>Hoy día, “El Escritor” se conserva en junto a otros autómatas ideados y fabricados por Jaquet-Droz en el <strong>Museo de Arte e Historia de Neuchâtel</strong>, en Suiza. </p>

	<p>Escribir, como véis, no es tan difícil. La mayoría de escritores son, somos, simples autómatas alimentados por <strong>una nube de memes</strong> generada entre todos. Pero como la gente se resiste a creerlo, muchos de nosotros puede vivir en mansiones gracias a las ventas de nuestros libros producidos en serie.</p>

	<p>Pobres ingenuos.</p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[‘2012’ de Brian D´Amato: el fin del mundo está de moda]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/fantastico-ci-fi/2012-de-brian-damato-el-fin-del-mundo-esta-de-moda</link>
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      <pubDate>Wed, 11 Nov 2009 08:00:29 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="derecha" src="http://img.papelenblanco.com/2009/11/2012_brian-damato.jpg" alt="" />Sí, el fin del mundo está de moda, al menos hasta el año 2012, fecha del supuesto fin del mundo según el calendario maya. A rebufo de este acontecimiento, digamos que <em>relevante</em>, en breve se estrenará en las salas la hipérbole hiperbólica del cine de catástrofes: <em>2012</em> de Ronald Emerich (<em>Independence Day</em>, <em>El día de mañana</em>).</p>

	<p>El libro del que quiero hablaros se titula del mismo modo, <strong>2012</strong>. También habla del fin del mundo según el calendario maya. Sin embargo, no hay que confundirlo con la película. Aquí no aparece John Cusack, el escritor de ciencia ficción frustrado que conduce limusinas para salir adelante. El protagonista de 2012 es <strong>un descendiente de los mayas</strong> que, literalmente, se va a convertir en la única persona capaz de salvar al mundo de su destrucción. Ahí es nada. </p>

	<p>Escrita con brío y una documentación enciclopédica, el escultor y artista <strong>Brian D´Amato</strong> ha compuesto un <em>thriller</em> tecnocientífico adictivo, que se consume en poco tiempo a pesar de las más de 700 páginas de letra apretadita. Queda claro que este artista, que ya ha expuesto en galerías y museos de todo el mundo, tiene un pulso narrativo envidiable, pero además, como ya se ha dicho, exhibe unos conocimientos y una minuciosidad histórica y científica que recuerda a otros autores del género como <strong>Michael Crichton</strong> (<em>Parque Jurásico</em>).</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Pero ¿cómo consigue D´Amato que el fin del mundo sea verosímil? Sin duda, no recurriendo a ridículas trompetas del Juicio Final ni tampoco a otros ardides sobrenaturales sino empleando datos geofísicos de la Tierra. Pues (y habla la novela), nuestro planeta gira cada vez más lentamente sobre sí mismo: si actualmente rota una vez cada 24 horas, hace 400 millones de años lo hacía una vez cada 22. La <strong>Teoría del Punto Cero</strong> establece que, al concluir la órbita del sol en torno a la galaxia (una órbita de 26.000 años), la Tierra empezará a girar en sentido contrario, invirtiendo los campos magnéticos.</p>

	<p><object style="margin:0 auto;display:block" type="application/x-shockwave-flash" data="http://www.youtube.com/v/IhoyFloYLkk" width="425" height="350"><param name="movie" value="http://www.youtube.com/v/IhoyFloYLkk" /><p><a href="http://youtube.com/watch?v=IhoyFloYLkk">Ve el video en el sitio original.</a></p></object></p>

	<p>Aquí entra en juego <strong>Jed DeLanda</strong>, descendiente de los mayas, un experto en matemáticas que vive de los beneficios económicos que le proporcionan sus negocios en Internet. Para detener lo inevitable, DeLanda deberá someterse a un peligroso experimento para viajar en el tiempo. Dado que viajar al pasado a través de un agujero de gusano es imposible para cualquier objeto material, será sólo la conciencia de DeLanda lo que se trasladará. Una conciencia sintetizada informáticamente que será descargada en la mente de otro maya: <strong>9 Colibrí Dentado</strong>.</p>

	<p>Un maya que vive en el 664 d.C. O, según el calendario maya, en el undécimo <em>uinal</em> del undécimo <em>tun</em> del undécimo <em>k´atun</em> del décimo <em>b´ak´tun</em>.</p>

	<p>Así es como se inician las páginas de 2012, y os garantizo que no podéis ni imaginaros todo lo que se avecina a fin de evitar lo que parece inevitable. Totalmente recomendable para los aficionados a la ciencia ficción y al <em>thriller</em> más vibrante, del que te obliga a devorar las páginas más que leerlas.</p>

<blockquote>Lo cierto es que el viaje en el tiempo es imposible. Me refiero hacia el pasado. Si se quiere viajar al futuro, tan sólo hay que congelarse, pero ir hacia atrás es absoluta e inequívocamente imposible, para siempre jamás, por un número de sabidas razones. La primera es la paradoja del abuelo, la cual teoriza sobre la posibilidad de que puedas viajar atrás en el tiempo y matar a tu abuelo, lo cual provocaría presumiblemente el que tú nunca hubieras existido, eso en primer lugar. La segunda es la que cuenta que, aunque viajaras atrás en el tiempo y no hicieras nada, casi con toda seguridad portarías en tu cuerpo algunas de las moléculas que tu yo más joven llevaba en su propio cuerpo, y como una misma molécula no puede estar en dos sitios a la vez, todo eso no podría ocurrir realmente.</blockquote>

	<p>Editorial Vía Magna<br />
Colección Thriller<br />
735 págs.</p>

	<p>Sitio Oficial | <a href="www.viamagna.com">Vía Magna</a></p>      ]]></description>
      </item>
                    <item>
      <title><![CDATA[Escribir en 'modo zombi' para que los zombis te lean (I)]]></title>
      <link>http://www.papelenblanco.com/creacion/escribir-en-modo-zombi-para-que-los-zombis-te-lean-i</link>
      <guid>http://www.papelenblanco.com/creacion/escribir-en-modo-zombi-para-que-los-zombis-te-lean-i</guid>
      <pubDate>Wed, 01 Apr 2009 09:53:50 +0000</pubDate>

      <author>Sergio Parra</author>
      <description><![CDATA[
      <p><img class="centro" src="http://img.papelenblanco.com/2009/04/zombie-tutorial-02.jpg" alt="" /></p>

	<p>Para algunos, el acto de escribir es algo así como poner el piloto automático y dejar manchas de tinta en el papel, cual impresora matricial. Para redactar prospectos de medicamentos o instrucciones de neveras alemanas lo veo estupendo. Sin embargo, cuando nuestro objetivo no es sólo comunicar sino suscitar determinadas emociones y pensamientos en el lector, <strong>la escritura automática debería ser anatema</strong>. </p>

	<p>Si uno no es capaz de poner sus tripas sobre la mesa, mojar la pluma en ellas y escribir con su propia sangre, entonces mejor que lo deje. <strong>A veces hay que curtir el vozarrón bebiendo ginebra a morro, no queda otra</strong>. Pero si uno prefiere seguir adelante como una princesa inmaculada, que luego no proteste si un crítico sabelotodo le dice que su libro parece haber sido escrito con formol o que se venderá mucho entre las almas ibéricas que persiguen lo inteligible, lo maniqueo y lo facilón.</p>

	<p>Si lo que se busca es que a uno le lea mucha gente de diferentes estratos sociales y con distintos niveles culturales, el padre, el hijo y el Espíritu Santo, si uno busca figurar entre los más vendidos, entonces que se olvide de tripas y fuerzas incontrolables surgidas de sus entrañas. Que siga las reglas, los cánones, lo políticamente correcto y, en todo momento, que siempre se la coja con papel de fumar. Como un buen político. </p>

	<p>O que siga el ejemplo de Pocholo, que sólo haciendo el aeroplano y buscando incasablemente su mochila perdida triunfa entre mayores y pequeños. Es la única forma de que la mayoría, esa masa estólida llamada humanidad, apoquine.</p>

	<p><!--more--></p>

	<p>Si el autor tiene clarinete qué es lo que quiere alcanzar, entonces no hay problema, no tengo nada que objetar. El problema surge cuando el autor busca una u otra cosa inconscientemente, sin haberse sentado primero a decidirlo; o cuando sinceramente lo ha decidido pero, luego, no le apetece que los demás le adviertan que es un autor de masas o un pedante sólo para elitistas, descubriéndole los naipes o encasillándolo. </p>

	<p>Ésta última clase de autor no es el más detestable: el que no se entera de lo que hace lo es, el que no sabe que es Pocholo y encima se ríe de Pocholo. Después de todo, la clase de autor que decide vender y ser famoso sin más es sólo un tramposo o un ilusionista: hace creer que escribe algo especial o diferente, liberado de corsés estilísticos y hasta crematísticos, pero en el fondo todo lo hace por la pasta. </p>

	<p>No tengo nada en contra de los tramposos y los ladrones de guante blanco. Incluso los puedo llegar a admirar y hasta a envidiar en determinadas circunstancias. Pero ello no quita que intentemos una y otra vez descubrirles el truco. Policía contra ladrones y todo eso de la vida misma. </p>

	<p>Aún recuerdo en este sentido las declaraciones de <strong>Carlos Ruiz Zafón</strong> a propósito de las críticas negativas que habían caído a plomo sobre su obra, tachándola de producto liofilizado para mentes poco exigentes; ergo, la Mayoría. Zafón adujo que ser leído por una mayoría de gente no implica tener menos calidad o menos rigor o menos espíritu literario, que siguiendo por esa línea de razonamiento entonces los periódicos más leídos también serían los de más baja calidad. </p>

	<p>Zafón debe de ganar pasta por un tubo, y yo le envidio por ello. Pero precisamente si uno puede embolsarse tanto dinero, ¿no podría salir en los medios ciscándose en todo en vez de intentar defender lo indefendible? O peor aún: ¿acaso Zafón cree sinceramente en lo que dice y ha sido el dinero lo que le impide regir con una mínima coherencia?</p>

	<p>Si Zafón no nos está tomando por gilipollas y se cree lo que dice, entonces no debe de estar al tanto de que los periódicos más leídos son precisamente esos pseudoperiódicos superficiales, peores que una hoja parroquial, que regalan en el metro o en la calle y que uno puede leer en 15 minutos porque apenas hincan el diente a nada y se basan en una sucesión de sensacionalismos y juegos malabares de parvulario. Estos periódicos son fenomenales, pero no los lee más gente porque sean más interesantes, sino porque precisamente no dan tanto por saco a nuestros cerebros reblandecidos por la molicie y la rutina laboral. </p>      ]]></description>
      </item>
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