Estamos probablemente ante el libro de divulgación sobre biología evolutiva más divertido que se pueda leer. Y eso no quiere decir que, ni por asomo, el libro presente sea poco riguroso: Olivia Judson es licenciada en biología evolutiva por Stanford y doctorada por Oxford.
Aquí, sin embargo, se hace llamar Dra. Tatiana, una especie de consultora sentimental para diferentes especies animales aquejados de estrambóticos (pero reales) problemas sexuales.
Así pues, el libro está estructurado en base a una serie de cartas que la doctora recibe en su consultorio, y sus respuestas, con muchas dosis de humor y complicidad, nos sirven para entender cuán variopinto es el sexo en la naturaleza. Porque el sexo es fascinante, y no se limita a la copulación.
Por ejemplo, para las ranas y la mayoría de peces el sexo consiste en expeler huevos y esperma. Los escorpiones y las salamandras depositan en el suelo paquetes de esperma para que la hembra se siente sobre ellos y exploten en su tracto reproductor, cual trampa sexual. Para un erizo de mar, el sexo es soltar huevos y esperma en el mar con la esperanza de que, de algún modo, acaben encontrándose entre las olas. Para las plantas con flor, el sexo es confiar el polen al viento o a un insecto para que lo transporten hasta una flor femenina receptiva.

Evolución es el último libro de Richard Dawkins. No es un libro accesible ni popular: más bien se requiere de mucha fuerza de voluntad o un gran interés en la teoría de la evolución para embarcarse en su lectura.
A veces, fijar la atención en cosas nimias, incluso cotidianas, permite extraer conclusiones que en absoluto resultan nimias ni cotidianas. Así que sigamos el consejo, y fijémonos en un rasgo nimio en una novela: la primera frase. La primera frase de una novela puede hacer muchas cosas: puede instigarnos a continuar la lectura, o puede desalentarnos.
A pesar de su tono desenfadado (y de un título todavía más desenfadado, De focas daltónicas y alces borrachos), el filósofo y biólogo Jörg Zittlau ha escrito un libro de divulgación desde un punto de vista de veras original sobre la evolución darwiniana.
El acto de leer un libro tiene algo de mágico, incluso de antinatural. La evolución darwiniana de nuestros ojos ha servido a nuestros antepasados para localizar a presas, distinguir frutos comestibles, trazar rutas a través de montañas y bosques. Pero nadie hubiera podido imaginar que acabara también sirviendo para permanecer durante horas fijando la vista en pulpa de árbol prensada y manchada por miles de insectos de tinta.
Éste es el último libro traducido del influyente y multipremiado Richard Dawkins (Nairobi, 1941). Hace tan poco que salió de la imprenta que aún está caliente. Su tamaño puede asustar: casi 900 páginas de letra diminuta. Y hay razones para asustarse: si no estás realmente muy interesado en temas como la evolución, la biología y la antropología, es mejor que no pierdas el tiempo, porque algunos fragmentos son densos, técnicos y prolijos. Sin embargo, aunque el interés sea medio, vale la pena el esfuerzo aunque para disfrutar de algunos de los legendarios capítulos; capítulos que demuestran cuán diversa y pluscuamperfecta puede llegar a ser la vida en la Tierra.