El marcapáginas: cómplice imprescindible de mi lectura

¿Qué lector podría prescindir de ese objeto que permite pausar con rapidez y comodidad una lectura? El marcapáginas, separador de libros o punto de lectura es un instrumento esencial para congelar en el tiempo nuestro libro, para poder retomarlo en el momento justo o, incluso, para señalar aquella página a la que debemos regresar para recordar una frase subrayada. Seguro que todos hemos recurrido alguna vez al folleto publicitario próximo a reciclarse, al recorte improvisado del periódico de ayer o al boleto caducado de la lotería, en fin, a cualquier papel que se encuentre a mano y que sirva para señalar el punto de nuestra lectura. Mejor no hablemos de la práctica espantosa de doblar la esquina de la página, bochorno de mi infancia con el que mutilé buena parte de mis libros e historietas.
Por suerte, hoy día las posibilidades son inmensas y resulta fácil encontrar desde el separador más sencillo (ése que anuncia el best seller del momento y que lo reparten gratis en la librería) a los más elegantes y elaborados. Papel, cartón, tela, cuero, plástico, hilo, metal…, multitud de materiales y formatos en donde se pone de manifiesto la creatividad y hasta el ingenio publicitario. Es más, incluso podemos diseñar nuestros propios separadores echando mano de la imaginación y de un poquito de maña. Sobra decir que, al igual que sucede con sellos, monedas o chapas, existe toda una red de coleccionismo de separadores de libros.

Esta es la clase de iniciativa que nunca funcionaría en un país que no fuera Japón (o algún país nórdico sumamente civilizado): ofrecer a los usuarios de líneas de metro de Tokyo una colección de libros totalmente gratuita.


